Dos jóvenes habían sido asesinados a balazos en un barrio de Florencio Varela y, días después, un grupo de vecinos había incendiado una vivienda que señalaban como un presunto kiosco narco. El inmueble estaba ubicado a pocos metros del lugar donde ocurrieron los crímenes y la protesta había surgido a partir de la sospecha de que las víctimas no tenían ninguna relación con la venta de drogas y habían sido atacadas por equivocación.
El episodio se había registrado durante la tarde-noche del sábado 15 de agosto, cuando vecinos del barrio San Francisco se habían concentrado frente a una vivienda que era señalada en la zona como un punto de venta de estupefacientes. Según habían manifestado los habitantes del lugar, el domicilio se encontraba muy cerca del sitio donde, días antes, habían sido asesinados Franco Herrera y Ariel Machi.

La concentración había comenzado de manera pacífica, pero con el transcurso de los minutos la situación se había tornado cada vez más tensa. El enojo de los vecinos estaba relacionado con los problemas que, según denunciaban, había generado la presencia de una banda dedicada a la comercialización de drogas en el barrio.
El temor entre los habitantes de la zona se había incrementado luego de los últimos hechos de violencia registrados en el sector. En ese contexto, la protesta había terminado con el incendio del inmueble señalado como supuesto lugar de venta de drogas.
Durante la manifestación el lugar había sido prendido fuego y las llamas habían provocado daños totales en la construcción.
El crimen de Franco Herrera y Ariel Machi
Franco Herrera, de 23 años, y Ariel Machi, de 28, habían sido asesinados durante la noche del jueves 13 de agosto en la calle 1325, a pocos metros de la vivienda que posteriormente había sido incendiada por los vecinos.
De acuerdo con la reconstrucción del hecho, ambos jóvenes se encontraban en la vía pública junto con un tercer amigo cuando habían sido atacados a tiros desde un automóvil en el que se movilizaban cuatro personas.
El ataque había dejado dos víctimas fatales y un tercer joven había resultado gravemente herido. Al momento de conocerse los detalles del caso, este último continuaba internado en grave estado.
Según lo informado, ni Herrera ni Machi, como tampoco el joven que había sobrevivido al ataque, tenían vínculos con la comercialización de drogas.
A partir de esa situación, los vecinos habían planteado la hipótesis de que los agresores se habían equivocado de objetivo. La principal sospecha apuntaba a que el ataque podía haber estado dirigido contra personas relacionadas con el presunto kiosco narco ubicado en las inmediaciones.
La posibilidad de que los jóvenes hubieran sido asesinados por error había generado un fuerte malestar entre los habitantes del barrio, quienes habían reclamado por la inseguridad y por la presunta actividad vinculada al narcotráfico en la zona.
La investigación continuaba sin detenidos
La causa había quedado a cargo de la UFIJ N°6, que continuaba con la investigación para determinar quiénes habían participado del ataque y cuál había sido el verdadero motivo del doble crimen.
Hasta el momento, la causa permanecía sin personas detenidas y, según la información disponible, había registrado pocos avances.
Mientras la investigación judicial continuaba, los vecinos habían expresado su preocupación por la situación de violencia en el barrio San Francisco, especialmente después del asesinato de los dos jóvenes y del posterior incendio de la vivienda que era señalada como un presunto punto de venta de drogas.
