Flávio Bolsonaro protagonizó el principal resultado inesperado de las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Brasil. El senador y candidato del Partido Liberal (PL) terminó por delante del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, aunque su desempeño no fue suficiente para alcanzar la mayoría absoluta que necesitaba para evitar una segunda vuelta.
De esta manera, Bolsonaro y el líder del Partido de los Trabajadores (PT) volverán a enfrentarse en las urnas el próximo 25 de octubre, en una definición que determinará quién estará al frente de Brasil durante el próximo período presidencial.
Con el 99,98% del padrón electoral escrutado, el Tribunal Superior Electoral (TSE) informó que Flávio Bolsonaro concentraba el 47,03% de los votos, mientras que Lula reunía el 45,15%.

El senador logró mantenerse al frente durante buena parte del conteo y llegó a quedar cerca de una victoria en primera vuelta. Sin embargo, la incorporación de los votos provenientes del noreste brasileño, una región históricamente vinculada al electorado de izquierda, redujo su ventaja e impidió que alcanzara el porcentaje necesario para imponerse definitivamente.
Los otros diez candidatos que participaron de la elección quedaron fuera de la competencia. En los siguientes lugares aparecieron el psiquiatra y escritor Augusto Cury, con el 2,89%; el dirigente de ultraderecha Renan Santos, con el 2,24%; el exgobernador conservador de Goiás Ronaldo Caiado, con el 2,18%; y el exgobernador liberal de Minas Gerais Romeu Zema, con el 0,27%.
Flávio Bolsonaro, de 45 años, obtuvo más de 55,5 millones de votos, una cifra que representa alrededor de tres millones más que Lula y cerca de dos millones más que los conseguidos por su padre, Jair Bolsonaro, durante la primera vuelta de las elecciones de 2022.

El resultado obtenido por Lula, en cambio, quedó por debajo del que había registrado en aquella elección. En 2022, el dirigente del PT había alcanzado el 48,4% de los votos, equivalentes a 57,2 millones de sufragios.
El resultado coloca frente a frente a dos proyectos políticos profundamente diferentes. Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre, intentará aprovechar la tendencia de cambios hacia gobiernos de derecha y centroderecha que se produjo en distintos países de América Latina durante los últimos años. Lula, de 80 años, buscará conseguir un cuarto mandato presidencial no consecutivo.
La elección brasileña se produjo luego de una sucesión de triunfos de fuerzas de derecha o centroderecha en la región. En 2025, José Antonio Kast ganó en Chile, Daniel Noboa fue reelegido en Ecuador, Rodrigo Paz llegó a la presidencia de Bolivia después de más de dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), y Nasry Asfura ganó las elecciones presidenciales en Honduras.

Durante este año, Abelardo de la Espriella se impuso en Colombia, Keiko Fujimori ganó en Perú y Laura Fernández obtuvo la victoria en primera vuelta en Costa Rica a comienzos de 2026.
El antecedente regional más cercano se encuentra en Argentina. En diciembre de 2023, Javier Milei asumió la Presidencia y desde entonces mantuvo una relación cercana con Jair Bolsonaro, al mismo tiempo que sostuvo fuertes diferencias con la administración de Lula.
Dos proyectos de país enfrentados
Flávio Bolsonaro llegó a la candidatura presidencial del PL después de que su padre fuera condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado contra Lula en enero de 2023.
El programa del senador propone reducir el tamaño de la administración pública, recortar el gasto estatal, endurecer las políticas penales, combatir de manera más agresiva al crimen organizado y aumentar la explotación de petróleo y gas.
Lula plantea un camino diferente. Su propuesta incluye una mayor progresividad del sistema tributario, un rol activo de la inversión pública y una transición hacia fuentes de energía más limpias, aunque sin abandonar la utilización de combustibles fósiles.
En materia económica y fiscal, el presidente busca conservar el marco fiscal vigente y combinar el control de las cuentas públicas con inversiones estatales. Su programa mantiene el esquema establecido desde 2017 para limitar el aumento del gasto, pero con el objetivo de preservar las políticas sociales y la capacidad del Estado para financiar obras.
El mandatario también pretende ampliar el Nuevo PAC, programa destinado a promover inversiones públicas y privadas en infraestructura. A esto suma una reforma para corregir desigualdades tributarias mediante un sistema en el que quienes tienen mayores ingresos aporten proporcionalmente más.
La reducción de la pobreza y de la desigualdad constituye otro de los ejes de la plataforma de Lula. El programa Bolsa Familia, que alcanza a unos 20 millones de familias vulnerables, continuaría siendo una de las principales herramientas de asistencia social.
El oficialismo también plantea mantener el programa de viviendas Minha Casa, Minha Vida y ampliar las políticas relacionadas con educación, salud y alimentación. En el plano laboral, Lula propone reducir la jornada de trabajo y eliminar el esquema 6×1, que establece seis días laborales por uno de descanso sin una reducción salarial.
Flávio Bolsonaro propone, en cambio, una profunda reducción de la estructura estatal. Su plataforma contempla disminuir la cantidad de ministerios, ajustar el gasto público, establecer un nuevo límite para su crecimiento y avanzar con privatizaciones.
El candidato del PL plantea un fuerte recorte de la administración para eliminar al menos una decena de ministerios y reducir el tamaño del Estado. También propone reemplazar el actual régimen fiscal y reducir impuestos, en una estrategia que presenta similitudes con políticas aplicadas por Javier Milei, Daniel Noboa y Abelardo de la Espriella.
La seguridad pública constituye otro de los principales puntos de divergencia entre ambos candidatos.
Lula propone fortalecer el Sistema Único de Seguridad Pública, con una mayor coordinación entre los distintos niveles gubernamentales. Su plan contempla además R$ 10.000 millones, equivalentes a unos USD 1.900 millones, mediante financiamiento reembolsable del Fondo Nacional de Inversión en Infraestructura Social para que los estados puedan mejorar su equipamiento y sus instalaciones.
Flávio Bolsonaro pretende crear un Ministerio de Seguridad Pública, incrementar la coordinación entre las fuerzas federales y estaduales y recurrir a nuevas tecnologías para seguir el movimiento de armas, dinero y estructuras vinculadas a organizaciones criminales.
Su estrategia combina persecución financiera, inteligencia y medidas preventivas en las zonas consideradas más vulnerables.
La propuesta del candidato del PL también contempla declarar al Primeiro Comando da Capital (PCC), al Comando Vermelho, a las milicias y a otras organizaciones criminales como grupos narcoterroristas. Además, plantea congelar sus bienes y recursos económicos para atacar directamente sus fuentes de financiamiento y reforzar la vigilancia de las fronteras.
En materia penitenciaria, Bolsonaro propone levantar cinco cárceles federales de máxima seguridad, tomando como referencia el modelo aplicado en El Salvador, y crear 500.000 nuevas plazas carcelarias durante cuatro años.
Su programa incluye penas más severas, mayores restricciones para acceder a beneficios y progresiones de condena, una reducción de la edad de responsabilidad penal y el cumplimiento efectivo de las penas para determinados delitos considerados graves.
También propone implementar un sistema nacional de reconocimiento facial y desplegar más de un millón de cámaras en calles y espacios públicos, además de puertos y aeropuertos.
En educación, Lula pone el foco en la alfabetización, la expansión de la formación técnica y universitaria y las políticas destinadas a favorecer la inclusión. En salud, su propuesta apunta a fortalecer la atención primaria, aumentar la vacunación y ampliar los servicios ofrecidos por Farmácia Popular.
Flávio, por su parte, concede mayor importancia a las escuelas cívico-militares, los vales educativos y los métodos tradicionales de alfabetización. Para el sistema sanitario propone ampliar la telesalud, mejorar los mecanismos de distribución de medicamentos y reforzar la atención destinada a adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Amazonía, energía y política exterior
La política energética será otro de los grandes escenarios de confrontación entre los dos candidatos. Mientras Lula propone profundizar la transición ecológica, Flávio Bolsonaro apuesta por una mayor expansión de las actividades extractivas.
El actual presidente plantea desarrollar nuevas cadenas productivas vinculadas con la economía verde, avanzar hacia una economía de bajas emisiones y conseguir una deforestación cero en la Amazonía.
Su objetivo es alcanzar una deforestación neta cero en 2030. Esto supone compensar mediante restauración toda superficie de bosque que sea perdida, tanto por acciones legales como ilegales.
Al mismo tiempo, Lula sostiene la necesidad de continuar con la explotación del presal, una zona de importantes reservas petroleras situada debajo del lecho marino, como parte de una estrategia destinada a preservar la soberanía energética brasileña.
Flávio Bolsonaro propone adelantar la lucha contra la deforestación ilegal y promete terminar con ella para 2029, un año antes de la meta establecida actualmente. Sin embargo, su plataforma no presenta mayores precisiones sobre las políticas concretas que aplicaría en la Amazonía y plantea principalmente reforzar la persecución de los delitos ambientales y las medidas de conservación.
El senador también propone aumentar la producción de hidrocarburos, procesar dentro de Brasil minerales considerados críticos y acelerar los procedimientos para obtener permisos ambientales.
Su programa busca además ofrecer mayores garantías jurídicas a los inversores, mantener el desarrollo de energías limpias y actualizar las normas para facilitar la instalación de centros de datos.
Brasil concentra aproximadamente el 60% de la Amazonía, la selva tropical más extensa del planeta. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022, la deforestación en la región creció cerca de un 60% y superó los 45.000 kilómetros cuadrados, según las cifras oficiales.
Desde el regreso de Lula al poder en 2023, la pérdida de cobertura forestal se redujo un 45%, hasta llegar a su nivel más bajo en más de diez años.
Especialistas en clima y conservación advierten que una eventual victoria de Flávio Bolsonaro podría significar un retroceso en las políticas de control ambiental que fueron reinstaladas durante la actual administración.
La deforestación y las modificaciones en el uso de la tierra representan las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil. La Amazonía, además, cumple un papel fundamental en el almacenamiento de dióxido de carbono y en la generación de humedad atmosférica, con efectos sobre el clima que se extienden más allá de América del Sur.
El resultado de las elecciones también tendrá consecuencias sobre la política exterior brasileña y sus vínculos con Estados Unidos, China, Europa, el Mercosur y los BRICS.
Durante su actual mandato, Lula buscó fortalecer el multilateralismo, la integración regional, la cooperación con el Sur Global y la autonomía de Brasil frente a las principales potencias internacionales.
En 2025, el gobierno de Donald Trump aplicó aranceles de hasta 50% a determinados productos brasileños y relacionó públicamente esa decisión con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro.
Un eventual cambio de gobierno podría modificar las prioridades de Brasil en su relación con Washington. Sin embargo, el vínculo económico con China responde a intereses estructurales que van más allá de las decisiones de una única administración.
Tras votar este domingo, Flávio Bolsonaro sostuvo que Brasil “necesita un cambio” y aseguró que pretende llegar a la Presidencia para “liberar al pueblo brasileño”.
Lula, por su parte, planteó el escenario electoral en términos mucho más amplios y afirmó que los brasileños deberán elegir “entre democracia y barbarie”.
La disputa del 25 de octubre pondrá así frente a frente dos modelos políticos, económicos, sociales, ambientales y de seguridad con diferencias profundas, en una elección que definirá el rumbo de la mayor economía de América Latina.
