El papa León XIV protagonizó una jornada multitudinaria en la ciudad uruguaya de Paysandú, donde celebró una misa ante aproximadamente 40.000 fieles en el parque París Londres. En su primera celebración religiosa en América Latina, el pontífice transmitió un mensaje centrado en la necesidad de construir puentes entre las personas y las comunidades para enfrentar problemas como la pobreza, la marginalidad, las dificultades económicas y la corrupción.
La llegada del Papa estuvo marcada por un momento de cercanía con los presentes. Durante su recorrido en el Papamóvil, León XIV se sostuvo de la baranda, sonrió y avanzó saludando a los miles de fieles que se habían congregado para participar de la celebración en esta localidad rural, ubicada a unos 400 kilómetros de Montevideo.

A pesar de las bajas temperaturas, el cielo nublado y las ráfagas de viento, el pontífice recorrió el predio con un sobretodo blanco y mantuvo una actitud de alegría mientras se dirigía al altar. Allí pronunció una homilía de aproximadamente 14 minutos, con reflexiones que combinaron referencias religiosas y mensajes dirigidos a la realidad social y política de la región.
América Latina atraviesa dificultades vinculadas con la pobreza, la exclusión y las crisis económicas, a las que se suman distintos episodios de corrupción pública que generan preocupación en la sociedad. En ese contexto, León XIV planteó una reflexión sobre la responsabilidad colectiva y la necesidad de promover valores que permitan fortalecer la convivencia.

Para transmitir su mensaje, el Papa recurrió a elementos característicos de la cultura y la geografía uruguaya. Después de haber mencionado el Monumento a Artigas durante su discurso en Montevideo, en Paysandú eligió tres símbolos para desarrollar su homilía: los puentes, las palmas y el mate.
Los puentes como símbolo de unión y convivencia
Uno de los ejes centrales de su mensaje fue el Puente Internacional General Artigas, una estructura que atraviesa el río Uruguay y conecta a la Argentina con Uruguay. León XIV tomó esta referencia para explicar los beneficios de generar vínculos entre las sociedades.
El pontífice destacó que los puentes permiten abrir caminos, facilitar la comunicación y promover el intercambio entre pueblos. A partir de esa imagen, convocó a los presentes a convertirse en constructores de unión y a fortalecer los lazos comunitarios.
En ese sentido, expresó que construir puentes, acercar a las personas, comunicar y transmitir la alegría de la fe constituye una vocación compartida por todos. También recordó la figura del beato Jacinto, a quien mencionó como ejemplo de compromiso religioso.

La referencia tuvo además una continuidad con el pensamiento de su antecesor, el papa Francisco, quien durante su pontificado utilizó reiteradamente la imagen de los puentes como una representación de la búsqueda de entendimiento y paz.
León XIV retomó ese concepto y lo vinculó con la necesidad de sostener una ética que interpela tanto a las comunidades religiosas como a quienes ejercen responsabilidades de poder. En un escenario internacional atravesado por conflictos, como la guerra entre Rusia y Ucrania y el enfrentamiento entre Israel y Hamás, el pontífice volvió a poner el acento en el diálogo y la construcción de consensos.

Sin embargo, advirtió que para que un puente pueda mantenerse en pie necesita contar con bases firmes. Para explicar esa idea, comparó su estructura con la de una casa construida sobre roca, capaz de resistir las tormentas, frente a otra levantada sobre arena, vulnerable ante las dificultades.
Ante los aproximadamente 40.000 asistentes, sostuvo que los puentes también requieren soportes sólidos para soportar la fuerza del viento y del agua. Por eso, invitó a los fieles a recordar la importancia de una formación cristiana firme cada vez que observen esta construcción sobre el río Uruguay.
Las palmas y el llamado a dar buenos frutos
Luego de desarrollar la imagen de los puentes, y cuando el sol comenzó a aparecer sobre Paysandú, León XIV incorporó a su homilía otro elemento característico de la región: los palmares.
A partir de una referencia del libro de los Salmos, el Papa explicó que el justo florece como una palmera. Destacó la resistencia de estos árboles frente a los vientos, la profundidad de sus raíces y su crecimiento vertical en busca de la luz.
También mencionó que producen el dulce fruto del yatay y utilizó esas características para transmitir una enseñanza sobre la vida cristiana. Según explicó, la imagen representa el origen y el destino al que están llamados los creyentes: permanecer arraigados en Cristo para crecer espiritualmente y producir buenos frutos.

El pontífice amplió su reflexión al señalar que las palmeras de esa zona no crecen de manera aislada, sino que forman palmares. Esa característica le permitió establecer una comparación con la Iglesia, entendida como una comunidad de hermanos que comparte sus raíces y se nutre de una misma fuente.
En ese sentido, mencionó la palabra de Dios, los sacramentos, la oración y las acciones caritativas como pilares de esa vida comunitaria. También sostuvo que los fieles deben elevar juntos su mirada hacia Cristo, cuya luz orienta a la humanidad en el camino hacia la paz.
El mate, un símbolo de amistad y diálogo social
Otro de los momentos destacados de la celebración llegó cuando León XIV hizo referencia al mate. La mención despertó sonrisas entre los asistentes, muchos de los cuales compartían la tradicional infusión mientras participaban de la misa.
El Papa señaló que se trata de una bebida presente en los hogares, los espacios de estudio y trabajo, y las reuniones de amigos de Uruguay. Además, reconoció que los propios habitantes de la región podían explicar mejor que él su significado cultural.
Incluso comentó que seguramente el mate había acompañado a muchos de los fieles durante el viaje hacia la celebración y que también estaría presente durante el regreso. Con una referencia que generó complicidad entre los asistentes, agregó que esta costumbre sudamericana también había llegado hasta Roma.

León XIV definió al mate como una expresión de familiaridad, amistad y encuentro. Según explicó, compartir esta bebida enseña a permanecer juntos, estrechar los vínculos y reconocer aquello que une y hermana a las personas.
También destacó su significado como símbolo de hospitalidad, integración y valores compartidos. En su reflexión, describió el ritual de tomar mate como una práctica cargada de simbolismos, en la que se establece un diálogo incluso sin necesidad de utilizar palabras y donde cada detalle tiene un significado particular.
El recorrido del Papa por Paysandú y su regreso a Montevideo
Una vez finalizada la misa, León XIV realizó una breve visita a la basílica de Paysandú, donde saludó a decenas de fieles que lo esperaban en el ingreso del templo. Posteriormente, inició el regreso hacia Montevideo para continuar con las actividades previstas en su agenda.
La ceremonia religiosa concluyó oficialmente después de los últimos acordes de la música en vivo y de una profunda reverencia del pontífice frente a la Virgen de los Treinta y Tres.
A continuación, la comitiva papal emprendió un traslado terrestre a ritmo pausado hacia el centro de Paysandú. Durante el recorrido, León XIV volvió a acercarse a los vecinos, los saludó y realizó una parada en la Basílica Nuestra Señora del Rosario.
En ese lugar, impartió bendiciones a niños y acompañó a personas con discapacidad, en otro gesto de cercanía con la comunidad.
Finalmente, después de brindar sus últimas bendiciones en la Plaza Constitución y expresar un mensaje de agradecimiento, el Papa abordó el vehículo oficial que lo trasladó hasta el aeropuerto local.
De esta manera, León XIV concluyó su visita a Paysandú con una celebración multitudinaria y un mensaje que puso en primer plano la unión social, la solidaridad, la educación, la lucha contra la pobreza y la corrupción, y la importancia de construir una sociedad en la que nadie quede excluido.
