El papa León XIV encabezó este sábado una multitudinaria vigilia de oración en el Estadio Centenario de Montevideo, donde advirtió sobre el avance de la secularización y la creciente indiferencia religiosa en distintas sociedades. Ante miles de fieles, el pontífice puso el foco en las dificultades que atraviesan las comunidades cristianas para transmitir la fe a las nuevas generaciones y alentó a los uruguayos a continuar viviendo y anunciando el Evangelio.
El histórico escenario, considerado un monumento del fútbol mundial, recibió al Santo Padre durante su segundo día de actividades en Uruguay, el país más laico del continente. La llegada del pontífice estuvo acompañada por el entusiasmo de los presentes, que lo recibieron con el canto: “¡Papa, León, te queremos un montón!”, mientras recorría las tribunas a bordo del papamóvil.
El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, también hizo referencia al escenario elegido para el encuentro y apeló a una expresión futbolera para describir la visita. “Tener al papa entre nosotros es un golazo”, manifestó.

La celebración comenzó con la presentación del cantante Lucas Sugo, uno de los artistas populares de Uruguay. Su participación estuvo atravesada por la emoción, ya que recientemente había fallecido una de sus hijas. El público y quienes se encontraban sobre el escenario lo acompañaron con una ovación.
“Queridos hermanos y hermanas, querido Uruguay, buenas noches”, expresó León XIV al iniciar su homilía. El saludo provocó una nueva reacción de los asistentes, que volvieron a corear su nombre.

Durante su prédica, el Papa convocó a los fieles a sostener sus convicciones incluso cuando hacerlo implique dificultades personales. “Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen”, exhortó ante la multitud.
La secularización de Uruguay, en el centro del mensaje del Papa
A lo largo de su visita, León XIV mostró conocer diferentes aspectos de la realidad uruguaya y utilizó referencias propias del país para desarrollar sus mensajes. Durante su discurso inicial, ante el presidente Yamandú Orsi, había mencionado al prócer José Gervasio Artigas como punto de partida para reflexionar sobre la familia, el trabajo y los cuidados frente a la enfermedad. En Paysandú, en tanto, hizo alusión al puente internacional que conecta esa ciudad con Colón, a los palmares y al mate.
En el Estadio Centenario, el eje de su intervención estuvo relacionado con otro rasgo característico de Uruguay: la secularización. El pontífice señaló que existe una “indiferencia religiosa cada vez más extendida”, una realidad que, según explicó, también atraviesan numerosas comunidades cristianas en distintas partes del mundo.
“Estar con ustedes esta noche me permite compartir una reflexión sobre algo que experimentan muchas comunidades cristianas: el avance de la secularización y de una indiferencia religiosa cada vez más extendida. En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa”, expresó.

En ese sentido, León XIV remarcó que los creyentes uruguayos debieron aprender a desarrollar su fe en un contexto social en el que la práctica religiosa perdió presencia entre amplios sectores de la población.
El Papa también sostuvo que la dimensión espiritual continúa siendo fundamental para la experiencia humana y advirtió sobre las consecuencias de excluirla de los ámbitos públicos y culturales. “Cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar”, afirmó ante los asistentes.
En Uruguay, la separación entre la Iglesia y el Estado está establecida desde 1919 y solamente una minoría de la población se identifica como católica practicante.

La visita de León XIV a América Latina fue organizada con una agenda que buscó avanzar de manera progresiva hacia países con una mayor tradición de movilización religiosa. En ese recorrido, Uruguay representa un escenario particular por su marcado carácter laico, mientras que las próximas actividades en Argentina y Perú generan expectativas de una convocatoria diferente.
Esa característica también se reflejó en los momentos previos a la vigilia. Cuatro horas antes de la llegada del pontífice, el tránsito en los alrededores del Estadio Centenario se mantenía tranquilo y las tribunas recién comenzaban a cubrirse con plásticos. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el movimiento aumentó y el estadio empezó a llenarse.
La convocatoria había despertado un importante interés durante el período de inscripción: se habían dispuesto alrededor de 60.000 entradas para el Centenario y se registraron unos 6.000 acreditados. Finalmente, cerca de 70.000 fieles acompañaron al Papa durante el encuentro.
Los testimonios de los jóvenes y el ejemplo de Belén
Mientras esperaban la llegada de León XIV, los asistentes participaron de diferentes propuestas artísticas, entre ellas espectáculos teatrales y presentaciones musicales. También aprovecharon el tiempo para ensayar los cantos con los que recibirían al pontífice.
La jornada incluyó testimonios personales que reflejaron distintas experiencias vinculadas con la fe, el sufrimiento y las dificultades que enfrentan los jóvenes para sostener sus creencias.
Uno de los relatos fue el de Valentina, una joven de 20 años oriunda de Paysandú, la ciudad que el Papa había visitado durante la mañana del sábado.
Su historia estuvo marcada por una serie de situaciones difíciles. Hace tres años, su padre recibió un diagnóstico de cáncer y, posteriormente, ella sufrió un accidente en el río de su ciudad que le provocó quemaduras en el 50% de su cuerpo.
Mientras atravesaba su recuperación, su padre falleció. La pérdida generó en Valentina un profundo desencanto con Dios, especialmente porque hasta ese momento se había aferrado a la fe para encontrar fuerzas frente a las dificultades. La noticia la llevó a cuestionarse por qué debía atravesar semejante sufrimiento.
Más adelante, los médicos le comunicaron un pronóstico todavía más desalentador y le dijeron que ya no había nada por hacer. Sin embargo, sus familiares y allegados continuaron rezando a San José.
Después de permanecer 448 días internada, logró recuperarse. “Si estoy acá, totalmente sana, es literalmente gracias a Dios”, expresó al compartir su experiencia.
Cuando León XIV llegó al escenario, comenzó a escuchar los testimonios de los jóvenes. La primera en tomar la palabra fue Federica, quien relató su camino de fe y se refirió especialmente a los vacíos y las dificultades que experimentan muchos jóvenes en la actualidad.
Luego fue el turno de Giovanni, de 22 años, quien manifestó sentirse solo a la hora de vivir sus creencias. Visiblemente emocionado y entre lágrimas, le preguntó al pontífice cómo podía enfrentar esa situación.
El último testimonio estuvo a cargo de la familia Gutiérrez Hernández, que también recurrió a una comparación futbolística para plantearle una inquietud al Papa: “¿En el partido de la vida cómo parar la pelota, levantar la mirada y jugarnos la camiseta?”.
En su respuesta, León XIV los alentó a no abandonar el camino de la fe y a perseverar, incluso cuando las circunstancias parezcan desfavorables. Para explicar su mensaje, tomó como referencia a la ciudad de Belén y propuso mirar su ejemplo desde una perspectiva distinta.
“Quizás pueda enseñarnos algo sobre esta realidad: cuando somos pocos, cuando disminuyen las fuerzas o cuando comprobamos que nuestra presencia social ya no es la misma, existe el riesgo de empezar a juzgar nuestra situación con criterios muy humanos. El Evangelio nos invita a mirar de otro modo”, sostuvo.
De esta manera, el pontífice cerró su encuentro con los fieles uruguayos con un mensaje de esperanza y perseverancia, en el que llamó a no medir la fortaleza de la fe únicamente por la cantidad de creyentes o por su presencia en la sociedad, sino por la capacidad de mantener vivo el compromiso con el Evangelio.
