Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles a los 82 años y puso fin a una de las carreras más extensas, reconocibles y controvertidas del periodismo argentino. Durante más de medio siglo, se desempeñó en medios gráficos, radio y televisión, donde construyó un estilo propio basado en la curiosidad, la provocación, la investigación y una permanente búsqueda de impacto.
El periodista falleció durante la mañana en el Sanatorio Los Arcos, ubicado en el barrio porteño de Palermo, donde había ingresado el martes debido a un cuadro respiratorio. La información fue confirmada por su familia. Se trató de la cuarta internación que atravesó durante 2026, aunque hasta sus últimos días mantuvo su actividad profesional.
Meses antes, Gelblung había atravesado otros problemas de salud. En 2023 fue internado de urgencia por una insuficiencia renal y posteriormente enfrentó nuevos cuadros que requirieron atención médica. En abril de 2026 contó públicamente que le habían colocado dos stents luego de una descompensación cardíaca y, semanas después, volvió a ser hospitalizado por complicaciones circulatorias.
Una infancia difícil que marcó su personalidad

Chiche Gelblung nació en Buenos Aires en 1944 y creció en Villa Devoto, dentro de una familia judía de clase media atravesada por la actividad política. Su apodo surgió desde sus primeros días de vida, ya que, según relató, sus familiares lo consideraban “el chiche de la familia”.
Su infancia estuvo marcada por un ambiente familiar rígido, discusiones políticas y tensiones vinculadas con la militancia clandestina de sus padres. Su abuelo paterno había sido tesorero del Partido Comunista, mientras que sus padres también participaron de esa actividad y temieron ser perseguidos durante el gobierno de Juan Domingo Perón.
Aquella situación familiar terminó llevándolo a abandonar su casa a los 14 años. “Era insoportable. Sentí que debía irme o iba a enloquecer”, recordó años después.

Durante su adolescencia encontró refugio en un depósito de huevos y realizó diferentes trabajos informales, incluida la venta ambulante. También atravesó experiencias violentas que, según contó, terminaron de cerrar prematuramente una etapa de su vida.
El vínculo con su hermana Olga también ocupó un lugar especial en su historia. Cuando ella era pequeña, quedó bajo su cuidado y Gelblung aseguró que prácticamente la había criado. La pérdida de Olga durante la pandemia lo afectó profundamente y lo llevó a reflexionar públicamente sobre la dificultad de aceptar la muerte.

La relación con sus padres también dejó una marca profunda. Gelblung contó que su padre murió a los 86 años y que recién seis meses antes de su fallecimiento pudo decirle por primera vez “te quiero”. Esa confesión se produjo durante una entrevista con Luis Novaresio y estuvo acompañada por una fuerte emoción.
Los primeros pasos que lo llevaron al periodismo
La independencia que consiguió durante su adolescencia también estuvo acompañada por una formación autodidacta. El periodismo apareció como una posibilidad que le permitió ampliar sus horizontes y hasta viajar por Europa gracias a su desempeño como vendedor de la Enciclopedia Británica.

A los 16 años ya conocía Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa. Sin terminar el colegio secundario, logró ingresar a una escuela de periodismo mediante una maniobra poco convencional y comenzó a acercarse a grandes redacciones.
En 1966 llegó como pasante a Editorial Atlántida. Allí consiguió, con apenas 22 años, una de sus primeras grandes primicias al infiltrarse en una reunión privada con el expresidente Arturo Illia.
Su jefe, Raúl Urtizberea, resumió entonces su potencial con una frase que Gelblung recordaría durante toda su vida: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”.
En sus primeros años también utilizó el seudónimo Mariano Ovejero para firmar determinados trabajos periodísticos y participó de coberturas internacionales, entre ellas la Guerra de los Seis Días.
Por un tiempo incursionó además en el tango y llegó a presentarse en La Botica del Ángel. Sin embargo, la actividad periodística terminó imponiéndose cuando desde la editorial le plantearon que debía elegir entre cantar o ejercer el periodismo.
De las revistas a la televisión

Gelblung tuvo una etapa decisiva al frente de revistas como Gente, cuya dirección ejerció entre 1975 y 1981, y La Semana durante los años 80. Desde esos espacios impulsó investigaciones sociales y adoptó una mirada que no esquivaba el sensacionalismo.
Su concepción del oficio se apoyaba en la cercanía con el público y en la búsqueda de historias capaces de generar impacto. Para ello estudió incluso el funcionamiento de los tabloides británicos.
La llegada a la televisión se produjo cuando ya tenía alrededor de 50 años. El propio periodista consideraba que ese desembarco se había producido en un momento adecuado de su vida y reconocía que, de haber llegado mucho antes, posiblemente la adaptación habría sido más complicada.

Alejandro Romay fue una de las figuras que apostó por su llegada a la pantalla y llegó a aprobar un presupuesto de 120 mil dólares para una sola producción periodística, una muestra de la dimensión que podían alcanzar sus trabajos en aquella época.
“Memoria” y un estilo que marcó una época
Durante la década de 1990, Chiche Gelblung se consolidó como uno de los principales exponentes del periodismo televisivo. Su programa Memoria, emitido por Canal 9, se convirtió en una referencia por la manera en que combinaba investigaciones, entrevistas, archivos y recursos poco habituales.
El ciclo abordó casos policiales, denuncias, escándalos políticos y cuestiones sociales, con una narrativa que muchas veces rompió los límites tradicionales entre la crónica periodística y el entretenimiento.
Entre sus investigaciones más recordadas aparecieron los trabajos relacionados con el estafador Ricardo Gil Lecha y la cobertura destinada a desmitificar la supuesta autopsia de un extraterrestre vinculada con Roswell.
Su carrera también estuvo marcada por investigaciones sobre corrupción y narcotráfico, además de numerosos enfrentamientos al aire con políticos, artistas y otras figuras públicas.
Entre los episodios más recordados apareció la difusión de material relacionado con la intimidad familiar de Alfredo Yabrán, durante el período de fuerte exposición pública del empresario después del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas. Gelblung había pagado 40 mil dólares por esas imágenes, aunque finalmente decidió no emitirlas después de recibir un pedido de la familia.
También protagonizó fuertes cruces televisivos. Uno de los más recordados ocurrió con Guillermo Moreno, durante una discusión en la que el periodista llegó a desafiarlo al aire. Sus enfrentamientos con Moria Casán también ocuparon un lugar importante dentro de su extensa trayectoria.
En años posteriores mantuvo diferencias con distintas figuras públicas, entre ellas el presidente Javier Milei. La relación entre ambos se había deteriorado luego de una visita del mandatario durante una internación de Gelblung y una posterior entrevista que terminó generando un enfrentamiento.
Radio, televisión y coberturas internacionales

Además de la pantalla, Gelblung desarrolló una extensa carrera radial. Su voz pasó por emisoras como La Red, Continental, Radio 10, Radio Rivadavia y La 100. También participó en la creación de proyectos digitales como Minuto Uno, Infoveloz y Rating Cero.
En televisión condujo ciclos como Hola Chiche, 70.20.HOY, Chiche en vivo y Polémica en el bar, además de permanecer durante sus últimos años al frente de espacios en Crónica TV y participar de debates políticos.
Su actividad profesional no disminuyó con la edad. A los 79 años viajó a Ucrania para realizar una cobertura periodística en plena guerra, después de haber recorrido otros escenarios internacionales como Vietnam, Biafra, Yom Kipur y los territorios atravesados por la Guerra de los Seis Días.
Gelblung sostenía que un periodista debía estar presente allí donde sucedían los hechos y convirtió esa premisa en una característica central de su carrera.
Sus frases, sus obsesiones y el sueño de viajar al espacio
El periodista también construyó una personalidad pública atravesada por el humor, las excentricidades y una enorme curiosidad. Reconoció haber llegado a acumular hasta 3.000 lapiceras y 1.000 corbatas, mientras que durante otra etapa de su vida llegó a reunir alrededor de 1.000 corbatas.
A los 79 años incluso se inscribió como voluntario para un eventual viaje a la Luna a través de la NASA. El proyecto representaba una de sus grandes obsesiones y se relacionaba con su particular manera de entender la vida.
Su humor negro también formó parte de sus apariciones públicas. Llegó a bromear con la muerte, a ensayar expresiones frente al espejo y a contar distintas anécdotas personales con el tono irreverente que lo caracterizó.
En materia de salud, durante sus últimos años habló abiertamente de sus internaciones por sepsis, neumonía, insuficiencia renal y problemas cardiovasculares. Aun así, sostuvo una postura desafiante frente a las dificultades y aseguró que encaraba cada jornada como si fuera a vivir 200 años.
Cristina Seoane, el gran amor de su vida

La vida personal de Chiche Gelblung también estuvo atravesada por una relación de casi medio siglo con Cristina Seoane. Ambos se conocieron durante la etapa del periodista al frente de la revista Gente, cuando ella trabajaba como modelo.
El vínculo atravesó crisis, separaciones, infidelidades y reconciliaciones. Gelblung reconoció públicamente haber sido un “infiel serial”, pero también sostuvo que Seoane fue la mujer por la que más luchó.
La pareja se casó en 1977 y tuvo tres hijos: Maggie, Mary y Federico, quienes a su vez le dieron siete nietos. Gelblung definió a Cristina como “el gran amor” de su vida y destacó en reiteradas ocasiones el equilibrio que ella representaba para él.
La relación superó los 45 años y estuvo sostenida por el respeto y el acompañamiento mutuo. Para el periodista, el amor había sido una herramienta fundamental para atravesar las dificultades.
Sus últimos reconocimientos y un legado que quedó en los medios
Hasta los últimos meses, Gelblung continuó activo. Uno de sus reconocimientos más recientes llegó en 2025, cuando recibió una distinción al mejor programa de magazine en los Martín Fierro de Cable por su trabajo en Crónica TV.


Durante aquella ceremonia estuvo acompañado por Cristina Seoane y su familia. Al recibir el reconocimiento apeló nuevamente al humor y citó a El Eternauta con la frase: “Lo viejo funciona, Juan”.
Pese a las sucesivas internaciones y los problemas de salud, nunca abandonó por completo sus proyectos. Continuó imaginando nuevos desafíos, entre ellos la posibilidad de volver a lanzar un diario en papel.
Chiche Gelblung también sostenía que la edad estaba vinculada con los proyectos y no solamente con los años cumplidos. Su curiosidad permaneció intacta hasta el final y fue uno de los rasgos que mejor definieron su recorrido.
Con su muerte, el periodismo argentino perdió a una figura que durante más de cinco décadas generó admiración, críticas, controversias y debates. Su estilo frontal, sus investigaciones, sus coberturas internacionales y su capacidad para reinventarse dejaron una marca en generaciones de periodistas y espectadores.
Samuel “Chiche” Gelblung murió a los 82 años, pero su recorrido quedó asociado a una manera particular de entender el oficio: preguntar aquello que otros no preguntaban, buscar historias donde otros no miraban y mantener siempre abierta la curiosidad.
