Una mujer de 43 años, identificada como M.C.P., fue condenada a cuatro años y medio de prisión por comercializar estupefacientes desde su propia vivienda en la ciudad de Córdoba. La investigación reveló que la actividad no solo involucraba la venta de cocaína y marihuana, sino que la acusada utilizaba a su hija de 12 años para realizar distintas tareas vinculadas con el negocio de drogas.
La sentencia fue dictada por la Justicia de Córdoba y estableció una pena de cuatro años y seis meses de prisión. Sin embargo, la mujer recibió el beneficio de cumplir la condena bajo la modalidad de prisión domiciliaria debido a que tenía hijos a su cargo.
M.C.P. reconoció los hechos en el marco de un juicio abreviado y expresó su arrepentimiento ante el tribunal. Entre lágrimas, pidió disculpas por las consecuencias que sus acciones habían generado en sus hijos y también ante la Justicia.
El lugar desde donde funcionaba el punto de venta estaba situado en el barrio IPV Argüello, en el sector noroeste de la ciudad de Córdoba. Una de las particularidades que surgieron durante la investigación fue que la vivienda se encontraba al lado de un jardín de infantes.
La niña de 12 años también participaba del negocio
El expediente judicial incorporó elementos que permitieron establecer que la hija de M.C.P., que tenía 12 años, no se limitaba a permanecer en la vivienda mientras se realizaban las ventas. La menor también intervenía en el fraccionamiento de los estupefacientes y en la comercialización de las dosis.
Uno de los elementos incorporados a la causa fue un mensaje de WhatsApp que la niña le envió a su madre y que expuso el grado de participación que tenía en la actividad. “Ma, ¿a las bolsitas las dejo cortadas o las acomodo en la mesa?”, le preguntó en el mensaje.
El juez Gustavo Ispani, integrante de la Cámara 3ª del Crimen de Córdoba, condenó a la mujer por el delito de comercialización de estupefacientes agravada por haberse servido de una menor de 18 años.
El caso se incorporó además a una serie de procesos por narcomenudeo que fueron resueltos mediante juicios abreviados en los tribunales cordobeses.
La investigación comenzó con denuncias anónimas
La investigación que permitió desarticular el funcionamiento del punto de venta comenzó a partir de una serie de llamados anónimos realizados a las líneas de denuncia de la Fuerza Policial Antinarcotráfico de Córdoba (FPA).
Los avisos recibidos coincidieron en señalar que una mujer manejaba un quiosco de drogas desde su domicilio y que utilizaba a su hija mayor, de 12 años, para concretar parte de las ventas al menudeo.
De acuerdo con lo incorporado al expediente, la niña había aprendido a comercializar dosis de cocaína conocidas como “pelpas” o “ravioles”, además de cigarrillos de marihuana. Las ventas se realizaban a distintas horas del día y las personas llegaban hasta la vivienda con dinero para adquirir los estupefacientes.
Esa actividad cotidiana y visible dentro del barrio llevó a distintos vecinos a realizar las denuncias que finalmente permitieron avanzar con la investigación sobre el funcionamiento del circuito familiar de comercialización de drogas.
Allanamientos y detenciones
Luego de recibir las denuncias, integrantes de la FPA realizaron distintas tareas investigativas en la zona. El procedimiento incluyó la recopilación de testimonios y la realización de filmaciones que permitieron confirmar parte de las acusaciones formuladas contra la mujer.
Con la correspondiente orden judicial, los allanamientos se concretaron en febrero de 2024. Durante el operativo, M.C.P. fue detenida, mientras que su hermano consiguió escapar del lugar.
En uno de los procedimientos, los investigadores encontraron numerosas dosis de droga que ya estaban preparadas para ser comercializadas.
El fiscal de Cámara Marcelo Hidalgo había solicitado para la acusada una pena de seis años de prisión. La defensa, por su parte, había pedido cuatro años y medio, sanción que finalmente fue impuesta por el tribunal.
Para establecer la condena, la Justicia tomó en consideración distintos elementos, entre ellos el reconocimiento de los hechos realizado por la mujer, su pedido de disculpas y la circunstancia de que tenía dos hijos a su cargo.
Además, durante la investigación, distintos comisionados policiales señalaron que la mujer era considerada una “referente narco” de la zona desde hacía varios años, según quedó asentado en el expediente judicial.
El caso quedó así expuesto a partir de una investigación que comenzó con denuncias de vecinos y terminó revelando que una menor de 12 años había sido incorporada a distintas tareas relacionadas con la venta y preparación de drogas dentro de su propio hogar.
