Cada 7 de junio, Día del Periodista, las redacciones de toda la Argentina se detienen por un instante. Se comparten mate, se brindan con espumante (o con lo que el presupuesto permita) y se abrazan los colegas. Pero cuando la fiesta termina y las pantallas vuelven a encenderse, la realidad del oficio se impone con toda su crudeza y su magia. En 2026, el periodismo argentino cumple 216 años de existencia formal, y lo hace transformado, desafiado, pero inquebrantable en su misión primordial: contar la verdad.
Esta nota no es solo un homenaje. Es un recorrido exhaustivo por la historia, la evolución tecnológica, las luchas gremiales y el futuro incierto de una profesión que, como decía el maestro Rodolfo Walsh, es “el oficio de la curiosidad”.

Los orígenes: La tinta de la Revolución y la pluma de Mariano Moreno
Para entender el presente, es obligatorio mirar hacia 1810. La historia del periodismo argentino está intrínsecamente ligada a los albores de la Patria. El 7 de junio de 1810, la Primera Junta de Gobierno, impulsada por su secretario Mariano Moreno, fundó La Gazeta de Buenos Ayres, el primer periódico de la historia argentina.
Moreno no fundó el diario por capricho; lo hizo por una necesidad estratégica y política. La Junta necesitaba comunicar sus decisiones al interior del virreinato y, fundamentalmente, necesitaba formar opinión pública. En su primer editorial, Moreno sentenció una frase que hoy, 216 años después, sigue siendo la biblia de todo periodista: “El pueblo no debe estar en la ignorancia de los acontecimientos que se realizan en su país”.
La imprenta de los Niños Expósitos, la primera que llegó al Río de la Plata, fue el vehículo de esa revolución. Las hojas volantes, los pasquines y los primeros periódicos sentaron las bases de un ecosistema mediático que sería fundamental para la organización nacional. El periodismo nació en Argentina como un acto de coraje, un ejercicio de poder y, sobre todo, una herramienta de emancipación.

Las pioneras olvidadas: Petrona Rosende y La Aljaba
Aunque la historia oficial suele centrarse en las figuras masculinas de la época fundacional, es vital rescatar el rol de las mujeres en el periodismo nacional. En 1830, Petrona Rosende de Sierra fundó La Aljaba, considerado el primer periódico femenino de Argentina y uno de los primeros de América Latina.
Rosende no solo escribía sobre moda o sociedad; utilizaba su espacio para abogar por la educación de la mujer y su participación en la vida pública, desafiando los cánones de una sociedad profundamente conservadora. Su labor, a menudo silenciada por los historiadores tradicionales, es un recordatorio de que el periodismo también ha sido, históricamente, una trinchera de lucha por los derechos humanos y la igualdad.
El siglo XX: De la radio a la televisión, la masificación del mensaje

Si el siglo XIX fue el siglo de la tinta y el papel, el siglo XX trajo la revolución de las ondas hertzianas. La fundación de Radio Argentina en 1920 (la primera emisora del mundo en realizar transmisiones regulares) cambió las reglas del juego. La inmediatez dejó de ser una utopía. Los argentinos podían escuchar la voz de su presidente, los resultados de los partidos de fútbol y las noticias de última hora en tiempo real.
Décadas más tarde, en 1951, con la inauguración de Canal 7, la imagen se sumó al sonido. El periodismo televisivo comenzó a gestar sus propias estrellas y formatos. Figuras como Bernardo Neustadt, con su Tiempo Nuevo, o la posterior irrupción de Jorge Lanata con Caiga Quien Caiga y Periodismo Para Todos, redefinieron los límites de la entrevista, la investigación y el entretenimiento informativo.
Sin embargo, esta época dorada de la masificación también tuvo su cara más oscura. Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983), el periodismo fue brutalmente censurado. La noche de los lápices no fue la única tragedia; decenas de periodistas, fotógrafos y trabajadores de prensa fueron secuestrados, torturados y desaparecidos. Nombres como Haroldo Conti, Rodolfo Walsh (cuya Carta abierta a la Junta Militar es una de las cumbres del periodismo de investigación mundial) o el equipo de la revista Crisis pagaron con su vida el compromiso con la verdad. Recordarlos el 7 de junio es un deber ético ineludible.
La era digital: La disrupción que lo cambió todo
La llegada de internet a finales de los 90 y su masificación en la década de 2000 provocó un terremoto en las salas de redacción. La inmediatez de la web 2.0 y la irrupción de las redes sociales (Facebook, Twitter, y más tarde Instagram y TikTok) rompieron el monopolio de la información que ostentaban los grandes medios gráficos y televisivos.
El modelo de negocio tradicional, basado en la venta de espacios publicitarios y suscripciones impresas, colapsó. Los diarios históricos tuvieron que reinventarse, migrar al formato digital, implementar muros de pago (paywalls) y competir por la atención del usuario en un océano de ruido informativo.
Nacieron así los medios nativos digitales, como el nuestro, Portal Ciudad, que entendieron que el futuro pasaba por la inmediatez, la interacción con la audiencia y la hiper-especialización. El periodista dejó de ser un emisor unidireccional para convertirse en un curador de contenidos, un verificador de datos y un generador de comunidades.
El periodismo argentino en 2026: La irrupción de la Inteligencia Artificial
Si la internet fue un tsunami, la Inteligencia Artificial Generativa (IA) ha sido un terremoto de magnitud 9. En 2026, la IA no es una promesa futurista; es una herramienta cotidiana en las redacciones de todo el país.
La IA como aliada, no como reemplazo
Los algoritmos avanzados permiten hoy procesar miles de documentos en segundos para detectar irregularidades en balances empresariales o gastos públicos. Los chatbots transcriben entrevistas en tiempo real, y los sistemas de edición automatizada corrigen estilo y gramática al instante. Esto libera al periodista de las tareas mecánicas para que pueda enfocarse en lo que la máquina no puede hacer: contextualizar, empatizar, investigar en la calle y analizar críticamente.
El desafío de los Deepfakes y la desinformación
Sin embargo, la moneda tiene su otra cara. La proliferación de deepfakes (audios y videos hiperrealistas generados por IA) y la automatización de las fake news han convertido la verificación de datos (fact-checking) en la tarea más crucial del periodismo moderno. En 2026, un medio que no invierte en herramientas de verificación forense digital está condenado a la irrelevancia o, peor aún, a la complicidad con la mentira.
El periodista actual debe ser, ante todo, un filtro de realidad. La audiencia, saturada de información algorítmica diseñada para generar indignación y clics, valora más que nunca la curaduría humana, la ética y la contrastación de fuentes.
Desafíos estructurales: Precarización, seguridad y ética
Más allá de la tecnología, el periodismo argentino enfrenta desafíos estructurales que golpean la mesa de trabajo día a día.
La lucha gremial y la precarización laboral
La inflación y la crisis económica recurrente han golpeado duramente los salarios de la prensa. Organizaciones como la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPBA) llevan adelante luchas constantes para garantizar paritarias que recuperen el poder adquisitivo.
La figura del “monotributista” o del “freelance” sin cobertura social ha reemplazado en muchos medios a la planta estable de periodistas. La precarización laboral no es solo un problema económico; es un problema democrático. Un periodista que no tiene estabilidad laboral, que teme perder su fuente de ingreso por publicar una nota incómoda, es un periodista que puede ser presionado. La independencia económica es la base de la independencia editorial.
Seguridad: El periodismo bajo fuego
La seguridad física y digital de los trabajadores de prensa es otra de las grandes deudas de la democracia argentina. Según los reportes anuales de organizaciones como FOPEA (Foro de Periodismo Argentino) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), los ataques contra periodistas que cubren crónica policial, narcotráfico o corrupción política en el interior del país siguen siendo una realidad alarmante.
La violencia simbólica en las redes sociales, los doxing (publicación de datos personales) y las demandas judiciales estratégicas (conocidas como SLAPP) buscan silenciar las voces críticas. Defender al periodismo es defender el derecho de la ciudadanía a estar informada.
La ética frente al “Clickbait”
En la economía de la atención, la tentación del clickbait (titulares sensacionalistas y engañosos) y el morbo es constante. Los algoritmos de las redes sociales premian la indignación y el conflicto. Resistir a esta dinámica y apostar por un periodismo riguroso, respetuoso de las víctimas y centrado en los hechos es el mayor desafío ético de la profesión en la actualidad.
El valor insustituible del periodismo local y comunitario
Mientras los grandes medios nacionales y los conglomerados internacionales cubren la macroeconomía, la política de pasillo y el espectáculo, el periodismo local se erige como el verdadero tejido conectivo de la democracia.
Medios como Portal Ciudad cumplen una función vital: están en la esquina, en la comisión de fomento, en la escuela del barrio, en la protesta vecinal. El periodismo local rinde cuentas al poder local, visibiliza las problemáticas que no llegan a la tapa de los diarios nacionales y construye identidad comunitaria.
En 2026, la hiper-conectividad global ha paradojalemente revalorizado lo local. La audiencia busca respuestas a sus problemas cotidianos: el estado de la ruta, la calidad del agua, las decisiones del concejo deliberante. El periodista local es el traductor de la realidad inmediata, y su labor es fundamental para fortalecer la democracia desde la base.
El futuro: Vocación, resistencia y esperanza
¿Por qué alguien elige ser periodista en 2026? ¿Por qué alguien decide estudiar una carrera que no garantiza la riqueza, que exige horarios imposibles, que expone al ridículo y al ataque, y que a menudo es despreciada por los poderosos?
La respuesta es simple y compleja a la vez: por vocación de servicio.
Se elige este oficio por la adrenalina de estar en el lugar donde algo está pasando. Por la satisfacción de descubrir una verdad oculta. Por el privilegio de ser el primero en contar una historia que importa. Por la convicción de que, sin periodismo, la democracia se convierte en un cascarón vacío.
El periodismo argentino ha demostrado a lo largo de 216 años una capacidad de adaptación asombrosa. Sobrevivió a la imprenta de plomo, a la radio, a la televisión, a la censura, a la hiperinflación de los 80, a la convertibilidad de los 90, a la crisis de 2001 y a la revolución digital. Hoy, frente al desafío de la Inteligencia Artificial, volverá a adaptarse. Porque la tecnología cambia, los soportes mutan, los algoritmos evolucionan, pero la necesidad humana de contar y escuchar historias, de buscar la verdad y de denunciar la injusticia, es eterna.
Un abrazo a los colegas
En este 8 de junio, a un día de la fecha que nos convoca, desde Portal Ciudad queremos extender un abrazo fraterno a todos los colegas que integran esta gran familia. A los que están en las redacciones, a los que están en la calle con la cámara al hombro, a los que editan en la soledad de la madrugada, a los que corrigen, a los que fotografían, a los que diseñan, a los que programan y a los que sostienen la administración de los medios.
También un abrazo a los docentes que forman a las nuevas generaciones en las facultades de Comunicación Social de todo el país, inculcando no solo la técnica, sino la ética inquebrantable. Y un abrazo muy fuerte a los periodistas que ya no están, pero cuya pluma, cuya voz y cuyo coraje siguen iluminando el camino.
Que la tinta, los píxeles o los algoritmos nunca nos hagan olvidar que, al final del día, el periodismo se trata de personas.
El mensaje de ADEPA por el Día del Periodista

La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) envió un mensaje con motivo del Día del Periodista y señaló que se reafirma “el respeto por una tarea esencial para la democracia”.
“No vamos a dejar de hacer nuestro trabajo, porque nos agredan. Tampoco vamos a hacerlo para que nos aplaudan”, aseguró la entidad.
Asimismo, agregó: “Hacer periodismo profesional tiene consecuencias. No hacerlo tiene muchas más”.
En el saludo por el 7 de junio, ADEPA indicó: “Reafirmamos el respeto por una tarea esencial para la democracia”.
