El dispositivo de seguridad dejó prácticamente desocupadas las calles cercanas a la Casa Rosada. Detrás de las vallas, unas 200 personas permanecieron reunidas para observar la llegada del líder religioso.
Las medidas preventivas también alcanzaron el interior del edificio presidencial. Se intensificaron los controles en los diferentes ingresos, con inspecciones adicionales para funcionarios, empleados acreditados e invitados que participaron de las actividades oficiales.
A los efectivos de las fuerzas federales y locales desplegados en la zona se sumaron integrantes de la custodia personal del Papa. Desde temprano, los responsables de su seguridad recorrieron los distintos espacios que León XIV utilizaría durante su permanencia en la Casa Rosada y coordinaron cada movimiento con las autoridades argentinas.

El Santo Padre aterrizó en la Base Militar de Aeroparque algunos minutos después de las 16.30, según el horario previsto. Llegó procedente de Uruguay, país que había sido la primera escala de su recorrido latinoamericano.
En el aeropuerto lo aguardaban el presidente Javier Milei, representantes de la Iglesia y un importante contingente de granaderos. Entre ellos había integrantes de la Fanfarria del Alto Perú, que interpretaron el Himno Nacional Argentino durante la ceremonia de bienvenida.
Una vez finalizados los honores, Milei y León XIV recorrieron unos metros sobre una alfombra roja y se acercaron a saludar a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Durante el encuentro, ella estrechó la mano del Pontífice y le expresó: “Gracias por venir”. También saludaron a distintas autoridades eclesiásticas y a un grupo de fieles antes de emprender el traslado hacia la Casa Rosada.

En la explanada de la sede presidencial esperaba una formación de granaderos a caballo, que integró el recibimiento oficial. Milei se adelantó para aguardar al Papa en la entrada principal y, después del primer saludo, ambos ingresaron juntos y caminaron hacia el Salón Blanco.
Allí se desarrolló una breve ceremonia institucional, que incluyó la fotografía oficial y el intercambio protocolar entre el mandatario argentino y el Pontífice. La visita tiene una relevancia histórica, ya que se produce 39 años después del último viaje de un Papa a la Argentina, realizado por Juan Pablo II en 1987.

Posteriormente, León XIV se dirigió a la Galería de los Vitrales, donde saludó personalmente a los integrantes del Gabinete nacional. También participaron de ese encuentro el asesor presidencial Santiago Caputo, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich.
La presencia de Bullrich tuvo una particular significación dentro del escenario político oficialista. Su participación fue interpretada como una señal de acercamiento por parte de la conducción libertaria, en medio del malestar que generaron sus recientes declaraciones y apariciones públicas, en las que dejó entrever su intención de disputar la Presidencia en 2027.
Finalizado el saludo institucional, Javier y Karina Milei acompañaron al Papa hasta el despacho presidencial para mantener una reunión bilateral de aproximadamente 40 minutos. Se trató del tramo más reservado de la agenda desarrollada en la Casa Rosada, ya que no participaron ministros ni otros integrantes del Gobierno.
Durante la audiencia, el Presidente le entregó al Pontífice dos obsequios especialmente preparados para la ocasión.
El primero fue un medallón de plata con detalles en relieve de oro, presentado dentro de una caja de madera. La pieza tiene, en una de sus caras, el escudo nacional de la República Argentina y, en la otra, el emblema del Vaticano. También incluye la fecha de la visita y el nombre de León XIV.
El segundo presente fue un hisopo o aspersor confeccionado en ébano y plata, un instrumento utilizado por los religiosos para esparcir agua bendita sobre los fieles. En uno de sus extremos tiene grabada la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, y una referencia a la localidad bonaerense donde el Papa también celebrará una misa el próximo miércoles.
Esta nueva reunión se produjo poco más de un año después del primer encuentro que ambos mantuvieron en el Vaticano, el 7 de junio de 2025. En aquella oportunidad, Milei y León XIV conversaron a solas durante 45 minutos en la Biblioteca Pontificia, donde el Pontífice confirmó su intención de visitar la Argentina.
En esa primera audiencia, el mandatario argentino le había obsequiado un poncho de vicuña elaborado por artesanos de Catamarca. Por su parte, el Papa le entregó un mosaico que reproduce la imagen de la Basílica de San Pedro.
Mientras se desarrollaba la reunión entre Milei y León XIV, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, junto con los ministros de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, y de Capital Humano, Sandra Pettovello, encabezaron otro encuentro con representantes del Vaticano.
Una vez concluida la audiencia en el despacho presidencial, el Santo Padre se retiró de la Casa Rosada para continuar con sus actividades en el Palacio Libertad. Allí estaba prevista una convocatoria con autoridades políticas, representantes de los tres poderes del Estado, gobernadores, legisladores, embajadores y referentes de distintos sectores de la sociedad civil.
Antes de llegar al Palacio Libertad, León XIV realizó una parada frente al monumento a Juan de Garay. En ese lugar, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, le hizo entrega de las llaves de la Ciudad de Buenos Aires, en un acto protocolar que fue incorporado a último momento al cronograma oficial como reconocimiento institucional por su visita.
Minutos después, Milei y los integrantes de su Gabinete tenían previsto trasladarse al mismo lugar para participar de la actividad. Tanto el Presidente como el Pontífice brindarían discursos ante los invitados.
La agenda continuará el lunes con un nuevo encuentro entre ambos durante la misa que León XIV celebrará en el Monumento de los Españoles, ubicado en Palermo. Esa ceremonia será la principal de las tres celebraciones religiosas programadas durante su estadía en la Argentina.
Por último, otro detalle que caracterizó la recepción oficial fue la vestimenta de los asistentes. Tanto en la Casa Rosada como en el Palacio Libertad, todos los participantes debieron concurrir vestidos rigurosamente de negro, siguiendo la indicación transmitida por la secretaria general de la Presidencia y los protocolos establecidos por los representantes del Vaticano durante la organización de la visita.
