Boca Juniors dio un primer paso en la serie frente a O’Higgins, aunque el desarrollo del encuentro dejó más dudas que certezas. Si bien el partido no se presentó como un compromiso especialmente complicado, fue el propio conjunto xeneize el que terminó haciéndolo más difícil de lo esperado.
El equipo chileno llegó con un planteo claro y logró su objetivo: marcharse con una desventaja mínima. El 1-0 dejó la eliminatoria completamente abierta y le permitió a O’Higgins regresar a Chile con la ilusión intacta de revertir la historia en condición de local.

A pesar de ello, el panorama no invita al dramatismo. La inclusión de cuatro futbolistas juveniles le dio al equipo una dinámica diferente y mayor frescura, aunque ese impulso no alcanzó para sentenciar un partido que, en la previa, parecía favorable para Boca. En el fútbol, los encuentros deben jugarse y no se resuelven antes de comenzar, tal como suele ocurrir en esos compromisos que aparentan ser sencillos y terminan complicándose.
La confianza sigue puesta en que Boca pueda resolver la clasificación en territorio chileno, aunque la revancha exigirá la misma concentración que el primer duelo.

En el análisis individual, se destacó que Flores deberá controlar su tendencia a querer finalizar las jugadas por cuenta propia. En cambio, Villa volvió a demostrar su jerarquía y desequilibrio por la banda izquierda, donde conformó una buena sociedad con Blanco.
Otro de los puntos altos fue el arquero Montero, quien respondió con solvencia y dejó en evidencia toda su categoría. También cumplieron con una actuación correcta Gorocito y los juveniles Aranda y Delgado.
La acción más sobresaliente de la noche llegó sobre el cierre del primer tiempo, cuando Leandro Paredes ejecutó un pase de gran precisión que dejó a Miguel Merentiel mano a mano. Esa asistencia fue considerada la mejor jugada del encuentro.
Antes de esa acción, O’Higgins había generado dos situaciones muy claras para abrir el marcador, aunque no logró concretarlas. Ahora toda la atención estará puesta en la revancha, donde se definirá cuál de los dos equipos avanzará de fase.
El calendario también comienza a jugar su papel. Boca atraviesa una intensa seguidilla de partidos y superar esta serie podría darle mayor tranquilidad para afrontar el resto del semestre, además de mantener intactas sus aspiraciones de pelear por algún título, una expectativa que también comparte su gente.
La clasificación se resolverá en apenas 90 minutos más, cuando ambos equipos vuelvan a enfrentarse en Chile.
Antes de ese compromiso, el conjunto dirigido por Rodolfo Arruabarrena tendrá otra obligación por el torneo local. Este domingo, desde las 19, visitará a Deportivo Riestra en un encuentro que marcará la primera vez en la historia que Boca juegue en el estadio del conjunto del Bajo Flores, ubicado frente al Nuevo Gasómetro de San Lorenzo.
La incógnita ahora pasa por conocer qué formación presentará el entrenador y cuántos habituales titulares preservará, teniendo en cuenta que deberá administrar cargas pensando en la decisiva revancha del próximo jueves en Chile.
El triunfo dejó sensaciones encontradas para Boca.
Si bien consiguió una victoria que le permite viajar con ventaja a Chile, el rendimiento del equipo evidenció aspectos que deberán corregirse para evitar sobresaltos en la revancha.
La aparición de los juveniles aportó energía y dejó señales positivas de cara al futuro, mientras que figuras como Leandro Paredes y Sebastián Villa marcaron diferencias en los momentos clave del encuentro.
Sin embargo, la falta de eficacia para ampliar el marcador mantuvo con vida a O’Higgins, que buscará aprovechar la localía para revertir la serie.
Antes de ese compromiso decisivo, el Xeneize deberá afrontar el duelo frente a Deportivo Riestra, por lo que el cuerpo técnico también tendrá el desafío de administrar el desgaste físico sin perder competitividad en ambos frentes.
