El presidente Javier Milei brindó este miércoles su tercer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, donde realizó fuertes críticas contra el funcionamiento del organismo internacional y volvió a plantear el reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas.
Durante su exposición, el mandatario sostuvo que Malvinas constituía una “causa nacional” para la Argentina y cuestionó que las Naciones Unidas no hubieran conseguido que sus propias resoluciones tuvieran consecuencias concretas frente a las acciones del Reino Unido en el Atlántico Sur.
Milei afirmó que la Argentina ha elegido una política “pacífica, práctica y efectiva” para sostener su reclamo y reclamó al Reino Unido que retomara las negociaciones bilaterales con el objetivo de alcanzar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
En ese contexto, también cuestionó el avance de proyectos de explotación de recursos naturales en áreas cuya soberanía se encontraba en disputa y apuntó especialmente contra las actividades vinculadas con el petróleo en la cuenca Malvinas Norte.
Milei cuestionó a la ONU por la resolución sobre Malvinas
Uno de los principales ejes de la intervención presidencial estuvo relacionado con la resolución 31/49 de la Asamblea General de la ONU, aprobada en 1976, que había instado a la Argentina y al Reino Unido a evitar modificaciones unilaterales mientras persistiera la controversia por la soberanía de las islas.
Milei sostuvo que, pese al tiempo transcurrido desde aquella resolución, el Reino Unido había continuado avanzando con actividades que la Argentina consideraba incompatibles con ese marco.
En particular, mencionó el proyecto Sea Lion, destinado a la explotación petrolera en la cuenca Malvinas Norte. Según planteó, las licencias otorgadas por el Reino Unido son consideradas “ilegales e ilegítimas” por la Argentina debido a que involucraban recursos ubicados en una zona cuya soberanía permanecía en disputa.
El Presidente sostuvo que cualquier actividad desarrollada sin autorización argentina vulnera el derecho internacional y mencionó también la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y la legislación nacional.
A partir de ese planteo, cuestionó qué utilidad tenía una resolución internacional si durante décadas una de las partes podía actuar en sentido contrario sin afrontar consecuencias.
El Gobierno anunció medidas para defender los recursos en disputa
Milei señaló que su administración había presentado notas diplomáticas, utilizado mecanismos jurídicos y aplicado sanciones contra empresas y proveedores vinculados con la explotación de recursos en el área en disputa.
También indicó que el Gobierno ha enviado al Congreso una iniciativa legislativa vinculada con la defensa de la soberanía nacional.
El mandatario diferenció esta estrategia de lo que consideró una defensa meramente discursiva de la cuestión Malvinas. Según expresó, su gestión ha optado por una política concreta y pacífica para sostener el reclamo argentino.
En paralelo, envió un mensaje al sector energético internacional. Aseguró que la Argentina busca atraer inversiones para desarrollar recursos estratégicos, especialmente en Vaca Muerta, aunque advirtió que el país no permanecería indiferente frente a empresas que participaran de explotaciones que el Gobierno considerara vinculadas con una ocupación extranjera ilegal.
El Presidente también rechazó la aplicación del principio de libre determinación de los pueblos a los habitantes de las islas y sostuvo que distintas resoluciones de la Asamblea General habían establecido una caracterización diferente sobre la población de las Malvinas.
Milei reclamó al Reino Unido que retomara las negociaciones
Durante su discurso, Milei reiteró el llamado al Reino Unido para reanudar las conversaciones bilaterales destinadas a encontrar una solución pacífica a la controversia.
Además, planteó la posibilidad de abrir un intercambio sobre la explotación de los recursos naturales existentes en el área en disputa.
El jefe de Estado utilizó el caso Malvinas como ejemplo de la distancia que, según su interpretación, podía existir entre las decisiones adoptadas por las instituciones internacionales y lo que finalmente ocurría sobre el terreno.
En esa línea, afirmó que la Argentina no permanecería a la espera de que la ONU y la comunidad internacional cumplieran con las obligaciones que, según sostuvo, ellas mismas habían establecido.
Milei sostuvo además que el caso demostraba que una institución perdía autoridad cuando sus resoluciones no lograban producir efectos sobre los hechos.
El Presidente calificó a la ONU de “inútil” y criticó su funcionamiento
Luego de abordar la cuestión Malvinas, el Presidente concentró buena parte de su discurso en una crítica general al funcionamiento de las Naciones Unidas.
Milei calificó al organismo de “inútil” y afirmó que servía para alimentar una estructura burocrática que describió como una “casta de parásitos”.

También cuestionó la actuación de organismos internacionales frente a dictaduras, grupos terroristas y conflictos armados. En particular, sostuvo que quienes se presentaban como defensores de los derechos humanos habían respaldado, según su interpretación, a regímenes autoritarios y habían mantenido silencio frente a actos de terrorismo y persecuciones religiosas.
El mandatario también apuntó contra las posiciones adoptadas por la ONU respecto de Israel y sostuvo que existía una diferencia entre el tratamiento que recibían determinados gobiernos y organizaciones y las exigencias que se planteaban a los Estados que respetaban las normas internacionales.
Milei describió ese funcionamiento como una combinación de “anarquía y tiranía”, al cuestionar tanto la falta de respuestas frente a determinados regímenes como el avance de regulaciones internacionales sobre los países.
Las críticas de Milei a la Agenda 2030
El Presidente también cuestionó la Agenda 2030, a la que vinculó con regulaciones económicas, políticas de género, cuestiones ambientales y migratorias.
Según sostuvo, esas iniciativas terminaban ampliando la capacidad de organismos internacionales para intervenir sobre las decisiones internas de los Estados.
Milei anticipó además que la Agenda 2045 tendría, según su pronóstico, un destino similar al de los programas que cuestionó.
El mandatario afirmó que, ante los resultados que consideraba negativos, las instituciones internacionales no habían revisado sus modelos, sino que habían profundizado las mismas políticas.
“Cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta”, sostuvo durante su exposición.
A pesar de sus críticas, Milei aclaró que la Argentina continuaría participando de los espacios multilaterales y sostuvo que el país creía en las alianzas internacionales y en la cooperación entre naciones.
Sin embargo, marcó una diferencia entre trabajar junto a otros Estados y aceptar una relación de subordinación. En ese sentido, afirmó que “cooperación” no debía confundirse con “subordinación”.
Milei cuestionó el manejo internacional de la pandemia
Otro de los momentos más críticos del discurso estuvo relacionado con la pandemia de COVID-19.
Milei cuestionó las restricciones aplicadas durante la emergencia sanitaria y sostuvo que organismos vinculados con las Naciones Unidas habían impulsado medidas que afectaron la circulación, el trabajo, la educación y otras actividades sociales.
El Presidente afirmó que esas políticas habían sido implementadas, según su interpretación, por encima de la soberanía de los Estados y cuestionó el papel que tuvieron las instituciones internacionales durante la emergencia.
Además, calificó como “genocidio” las restricciones que afectaron actividades laborales y educativas y los rituales de despedida de personas fallecidas. Esa expresión correspondió a una caracterización política realizada por el mandatario sobre las decisiones sanitarias adoptadas durante la pandemia.
Milei también cuestionó el uso del miedo como herramienta de conducción estatal y sostuvo que el temor al contacto social, a la circulación y a la actividad pública había sido utilizado para justificar restricciones.
En ese marco, recordó que la Argentina había decidido abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS) y vinculó esa determinación con las políticas implementadas durante la pandemia y con la relación mantenida por anteriores gobiernos con el organismo.

Milei defendió a la inteligencia artificial frente a las regulaciones
En la parte final de su discurso, el mandatario trasladó sus cuestionamientos hacia el debate internacional sobre la inteligencia artificial.
Milei sostuvo que los grandes cambios tecnológicos habían generado históricamente temores relacionados con la pérdida de puestos de trabajo, pero afirmó que esas advertencias no habían impedido que la innovación generara nuevas actividades y oportunidades.
Para explicar su posición, recurrió al proceso de industrialización y recordó que, durante los comienzos de la Revolución Industrial, la población mundial rondaba los 800 millones de personas, mientras que en la actualidad superaba ampliamente esa cifra.
A partir de esa comparación, sostuvo que la tecnología no había provocado el escenario de destrucción laboral que algunos pronosticaban y planteó que la inteligencia artificial podía convertirse en una herramienta para multiplicar la productividad.
Milei describió a la IA como una especie de “fábrica de alfileres del siglo XXI”, en referencia al ejemplo utilizado por el economista Adam Smith para explicar la división del trabajo.
La Argentina buscará convertirse en un polo de inteligencia artificial
El Presidente aseguró ante la Asamblea General que la Argentina pretenderá ubicarse entre los países más competitivos para desarrollar inteligencia artificial.
En ese sentido, anunció la intención de establecer un marco jurídico de vanguardia, evitar regulaciones preventivas, establecer un esquema de responsabilidad limitada para las empresas que trabajaran con agentes de IA y ofrecer beneficios fiscales.
Milei sostuvo que la tecnología podría generar cambios profundos en la economía, la medicina, la educación y la administración pública.
También rechazó los escenarios que presentaban a la inteligencia artificial exclusivamente como una amenaza y sostuvo que el aumento de la productividad encontraría límites relacionados con la demanda, el financiamiento y el valor que las personas asignaran al tiempo libre.
Según planteó, la expansión económica derivada de la tecnología no necesitaría necesariamente déficits fiscales ni emisión monetaria para sostenerse.
El mandatario presentó además las condiciones que, según su visión, favorecían a la Argentina para captar inversiones vinculadas con la IA: disponibilidad de energía, minerales críticos, alimentos y recursos humanos capacitados.
“Ante la inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad”, afirmó.
Milei vinculó la IA con la disputa entre Occidente y otros modelos
El jefe de Estado también introdujo una dimensión geopolítica en su planteo sobre la inteligencia artificial.
Milei sostuvo que el desarrollo de esta tecnología no era neutral y consideró que Occidente debía ocupar un lugar de liderazgo en ese proceso.
Según explicó, ese liderazgo permitiría que las nuevas tecnologías se desarrollaran en línea con valores que definió como la defensa de la vida, la libertad, la propiedad privada y la dignidad humana.
En ese punto, expresó coincidencias con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y defendió el fortalecimiento de las alianzas entre países.
Al mismo tiempo, reiteró que la Argentina continuaría participando de los foros internacionales y reconoció que determinados problemas requerían coordinación entre los Estados.
Sin embargo, insistió en que esa cooperación no debía convertirse en subordinación frente a organismos internacionales.

El Presidente reivindicó el potencial de la Argentina
En otro tramo de la exposición, Milei recurrió a la historia económica argentina para explicar su visión sobre el rumbo que debía tomar el país.
El mandatario sostuvo que la decadencia argentina no constituía un destino inevitable, sino el resultado de decisiones políticas acumuladas durante décadas.
En ese contexto, mencionó el costo de destruir la moneda, de transformar al Estado en un obstáculo para la iniciativa privada y de adoptar políticas que, según su interpretación, habían impedido el crecimiento.
“Durante un siglo ensayamos casi todas las formas de impedir nuestra propia grandeza”, afirmó.
A partir de esa mirada, presentó a su administración como un intento de modificar esa trayectoria y destacó las condiciones que, según sostuvo, podían permitirle a la Argentina aumentar su influencia internacional.
Entre esas ventajas mencionó los recursos energéticos, la producción de alimentos, los minerales, el acceso al Atlántico Sur y la ubicación estratégica del país como puerta de entrada hacia la Antártida.
Milei convocó a científicos, emprendedores e inversores
En el cierre de su intervención ante la Asamblea General, el Presidente dirigió un mensaje a científicos, emprendedores, creadores e inversores que buscaran desarrollar sus proyectos fuera de sus países de origen.
Milei destacó las tierras productivas, los recursos energéticos, el petróleo, los minerales y el capital humano disponible en la Argentina como factores capaces de atraer nuevas inversiones.
También recordó el proceso inmigratorio que había acompañado el desarrollo económico argentino durante períodos de fuerte crecimiento y sostuvo que la actual generación tenía la responsabilidad de recuperar aquella trayectoria.
El mandatario cerró su discurso con una defensa de una Argentina que pretenderá ser más próspera y con mayor peso internacional, aunque sin buscar imponerse sobre otros países.
“Queremos una Argentina próspera, influyente y poderosa, no para someter a otras, sino para ser libres”, sostuvo.
De esta manera, Milei concluyó su intervención ante la Asamblea General con una combinación de reclamos por la soberanía de las Malvinas, cuestionamientos al funcionamiento de la ONU, defensa de una política exterior alineada con Estados Unidos e Israel, y una propuesta económica y tecnológica orientada a convertir a la Argentina en un destino atractivo para inversiones vinculadas con la inteligencia artificial.
