Hay proyectos musicales que nacen después de meses de planificación y otros que aparecen cuando nadie está buscando exactamente eso. FUNES pertenece al segundo grupo. La idea inicial era reunir a tres músicos para componer canciones destinadas al disco solista de Pablo Oliva, pero aquellos días de trabajo compartido en el campo uruguayo terminaron dando forma a una banda con identidad propia.
Oliva, ex cantante de Gazpacho, vive hace 15 años en Uruguay, lejos del ritmo cotidiano de Buenos Aires. Allí, rodeado de naturaleza, encontró el escenario ideal para una experiencia creativa que terminó por cambiar sus planes. Junto al baterista Emma Cauvet y al guitarrista Nicolás García, comenzó a trabajar en canciones que no encajaban en los proyectos individuales de ninguno de los tres.

«Nadie trajo nada. Dijimos: “Si no sale nada, nos comimos unos buenos asados y la pasamos bárbaro”. Pero salieron un montón de canciones, muy diferentes a lo que cualquiera de nosotros había hecho antes», recuerda Oliva.
La conclusión llegó casi naturalmente: aquello necesitaba un nombre propio. Así nació FUNES, una banda que cruza el rock con una mirada contemporánea y que se propone recuperar algo esencial: el valor de las canciones, la interpretación en vivo y la posibilidad de generar una conexión con quien escucha.
Una banda que nació sin un plan
La formación reúne tres recorridos diferentes. Oliva aporta su experiencia como cantante; Cauvet, una extensa trayectoria como baterista y colaborador de artistas como Fito Páez y Gustavo Cerati; y García, su trabajo como guitarrista y productor musical.
La química entre los tres apareció desde las primeras composiciones. Durante aquellos días en Uruguay, la música surgió de manera colectiva, sin una estructura previa ni una idea cerrada sobre el resultado final.
«Yo estaba con un bajo, que nunca había compuesto con bajo. Estaban el baterista y el guitarrista al lado, y empezaron a salir un montón de canciones. Toda la estructura, la armonía, las melodías y las melodías de voz nacieron ahí», explica.
Las letras llegaron después. Cada integrante trabajó desde su casa para encontrar el sentido de aquellas melodías que habían construido juntos. Esa dinámica también permitió que las distintas personalidades convivieran dentro del proyecto.
Para Oliva, esa diversidad es una de las principales fortalezas de FUNES.
«Está bueno que los tres escribamos, porque eso le da una particularidad. No es todo parecido, cada uno piensa de distinta manera. Hay mucha amistad, mucha charla y cada uno puede expresarse».
La apertura también alcanzó a las letras. Oliva convocó a dos compositores con los que mantiene una relación de amistad: Nico Landa, ex integrante de Los Auténticos Decadentes, y Marcelo «Cuino» Scornik, reconocido por sus trabajos junto a Andrés Calamaro.
Compartir una canción, admite, no siempre fue algo natural para él. Sin embargo, la experiencia terminó modificando su perspectiva sobre el proceso creativo.
«Yo siempre fui medio celoso con eso de “es mía, es mía”, pero esta vez dije: “Vamos a pasársela”. Cuando me la mandaron de vuelta, fue como ponerte los anteojos HD. Estuvo genial compartir ese proceso».
La experiencia resume una de las premisas del grupo: poner la canción por encima de las individualidades.
«Guardando Momentos»: la puerta de entrada a FUNES
El primer adelanto del disco debut es «Guardando Momentos», un tema que el grupo eligió después de consultar a un círculo de amigos cercanos.
La decisión no fue inmediata. Cada integrante tenía sus preferencias y ninguno encontraba una razón definitiva para empezar por una canción en particular. La solución fue escuchar otras opiniones.
«Agarramos un grupo de amigos íntimos y les dijimos: “Muchachos, escuchen, ¿con cuál arrancarían?”. Hubo una votación grande y salió esta», cuenta Oliva.
El cantante considera que tomar distancia puede ayudar a descubrir aspectos de una canción que pasan inadvertidos cuando uno está demasiado involucrado en su creación. La mirada del oyente permite evaluar el material desde otro lugar, sin el peso de las decisiones y las emociones que acompañaron su composición.
El single, mezclado y masterizado por Álvaro Villagra, funciona como presentación de una banda que ya terminó de trabajar en su disco debut y ahora busca trasladar ese universo sonoro al escenario.
Aunque las canciones surgieron de un proceso colectivo, Oliva no siente que esté interpretando material ajeno.
«Las re siento mías. Me siento realmente perteneciendo a esta banda. Somos muy abiertos a agarrar lo mejor de cada uno», afirma.
La construcción compartida también se trasladó a las voces. Durante las grabaciones, los tres integrantes intercambiaron ideas y probaron distintas posibilidades hasta encontrar el resultado buscado.
Entre las canciones aparece «Amuletos», que tiene una particularidad: su estribillo está en inglés, aunque el resto del repertorio está interpretado en castellano. La idea surgió espontáneamente durante la composición y terminó convirtiéndose en parte de la identidad del tema.
La música como compañía
Si tuviera que definir a FUNES con una sola palabra, Oliva no duda: «Alivio».
La elección no es casual. En una época atravesada por la incertidumbre, la soledad y las frustraciones cotidianas, el músico entiende que una canción no necesariamente tiene que ofrecer respuestas. A veces, alcanza con acompañar a quien la escucha.
«Sabemos que hoy está todo bastante difícil. La gente siente soledad, desesperanza. Nosotros intentamos, con nuestras canciones, acompañar. Que no se sientan solos, poder traer un poco de esperanza».
La búsqueda no está vinculada exclusivamente con la actualidad. Para Oliva, los sentimientos que atraviesan las canciones pertenecen a la experiencia humana y sobreviven a los cambios sociales, culturales y tecnológicos.
«Las frustraciones, los momentos difíciles, la soledad, son cosas propias de la vida. Los que nos vamos, los que vienen, todos vamos a vivir y sentir esas cosas. Cambiará el formato, cambiará el contexto, pero los sentimientos siempre están».
En ese sentido, FUNES no pretende transformar el mundo desde un escenario. Su objetivo es más acotado y, al mismo tiempo, más cercano: llegar a alguien a través de una canción.
«Uno no puede cambiar nada, es muy difícil cambiar el mundo, pero sí puede generar alivio, compañía, esperanza. Y a quien le llegue, creo que está buenísimo», sostiene.
La música aparece así como una forma de encuentro que no exige explicaciones. Una melodía puede acompañar una pérdida, una frustración o un momento de incertidumbre sin necesidad de resolverlos. Esa posibilidad es la que Oliva identifica como el sentido más profundo del proyecto.
Inteligencia artificial: ¿qué pasa cuando la música deja de ser humana?
La conversación sobre el presente de la industria musical conduce inevitablemente a la inteligencia artificial. Oliva reconoce que se trata de un cambio difícil de evitar y que las herramientas tecnológicas pueden facilitar determinadas tareas. Sin embargo, también expresa su preocupación por lo que podría perderse cuando el proceso creativo se vuelve cada vez más automático.
FUNES no utilizó inteligencia artificial para componer sus canciones. La banda eligió desarrollar su material a través de la experiencia compartida, la prueba, el error y el trabajo de sus integrantes.
«Yo creo que es una batalla imposible. Está, y la gente la va a usar. He escuchado cosas que no puedo creer. Nosotros no la hemos utilizado para componer ni para nada», explica.
El músico entiende que parte del atractivo de crear consiste precisamente en atravesar el proceso, dedicar tiempo a una idea y encontrar soluciones que no estaban previstas desde el comienzo.
«Todo ese proceso que nosotros disfrutamos, sudamos y parimos, las generaciones más jóvenes por ahí no lo van a hacer. Cada vez se piensa menos y se hace menos. Es un cambio muy brusco».
Su preocupación también alcanza a la circulación de música creada por proyectos que no existen como bandas reales. Oliva menciona el caso de canciones generadas mediante inteligencia artificial que logran posicionarse en plataformas digitales, una situación que lo lleva a cuestionar el sentido artístico de esas producciones.
«Como músico, no lo puedo entender. Creativamente, me parece trágico».
La discusión no pasa solamente por la tecnología, sino por el lugar que ocupan las personas en una actividad que históricamente combinó sensibilidad, oficio e interpretación.
Para Oliva, el escenario conserva un valor que ninguna herramienta puede reproducir de la misma manera: el encuentro entre quienes ejecutan la música y quienes la reciben.
«Cuando estás ejecutando, cantando, es imposible sentirse más vivo que eso. Para eso estamos los músicos: para estar ejecutando, para estar haciendo. El contacto humano es algo que todavía no nos pueden sacar».
En esa defensa del vivo también aparece una observación sobre el público y las nuevas formas de experimentar un recital. El músico advierte que, en ocasiones, la necesidad de registrar lo que sucede a través de un teléfono parece desplazar la experiencia de estar presente.
Frente a ese escenario, la propuesta de FUNES adquiere otra dimensión. No se trata de competir con la tecnología en velocidad o cantidad de contenidos, sino de sostener una experiencia artística basada en la interpretación y la interacción.
El escenario como próximo destino
Después de completar el proceso de composición y producción de su primer álbum, FUNES se prepara para dar el siguiente paso: llevar las canciones al público.
La presentación oficial será el viernes 27 de noviembre, a las 21, en The Roxy Live. La elección del lugar tiene un componente personal para Oliva, que mantiene una relación de amistad con quienes lo gestionan y ya había tocado allí con Gazpacho en mayo.
«Estamos con muchísimas ganas de empezar a tocar. Es una banda que quiere tocar, quiere expresarse en vivo y poder llevar esas canciones al escenario», señala.
La propuesta combina rock, sensibilidad melódica y una búsqueda sonora contemporánea. Pero, más allá de las etiquetas, el objetivo es que las canciones encuentren su lugar frente al público.
El disco debut ya está terminado, aunque el grupo todavía no definió cuántos temas integrarán su edición final. Mientras tanto, la banda avanza con la publicación de adelantos y proyecta seguir desarrollando su repertorio.
Oliva sabe que las formas de escuchar música cambian, que la tecnología modifica la industria y que el futuro plantea preguntas difíciles para los artistas. Sin embargo, mantiene una certeza: la experiencia de tocar y compartir una canción conserva un valor propio.
FUNES nació sin un plan, durante unos días de composición en el campo uruguayo. Lo que empezó como un proyecto solista terminó convirtiéndose en una banda que busca acompañar a través de la música.
En tiempos de respuestas instantáneas y contenidos que pueden generarse con una instrucción, Oliva elige reivindicar el recorrido, la interpretación y la presencia. Porque, en definitiva, si hay algo que define a FUNES, es esa palabra que repite como una declaración de principios: alivio.
