Boca consiguió el objetivo que fue a buscar a Río de Janeiro. El equipo xeneize derrotó 3-1 a Vasco da Gama, sacó la diferencia de dos goles que necesitaba y consiguió la clasificación a la final después de una actuación en la que mostró personalidad, juego y contundencia en el estadio Maracaná.
El conjunto argentino comenzó el encuentro de la mejor manera y apenas necesitó cuatro minutos para abrir el marcador. Lautaro Di Lollo apareció en el área y, con un gran cabezazo, estableció el 1-0 que cambió rápidamente el desarrollo del partido. Vasco da Gama sufrió para encontrar las marcas y tampoco consiguió interpretar por dónde llegaban los ataques de Boca.

A partir de esa ventaja, el Xeneize construyó un primer tiempo de enorme nivel. Dominó diferentes momentos del encuentro, generó situaciones y hasta pudo ampliar antes una diferencia que terminó llegando nuevamente sobre los 34 minutos.
Tras una gran asistencia de Sebastián Villa, Miguel Merentiel escapó y definió sin darle posibilidades al arquero de Vasco da Gama. El delantero convirtió el 2-0 y le permitió a Boca marcharse al descanso con el resultado que necesitaba.

La ventaja desató la celebración de los hinchas xeneizes presentes en el Maracaná. La primera mitad terminó en un clima de fiesta para Boca, que consiguió plasmar en el marcador la superioridad que mostró durante buena parte de los primeros 45 minutos.
En el complemento, Vasco da Gama salió obligado a buscar el partido. El equipo brasileño necesitaba reaccionar para mantenerse con vida y Boca, en ese contexto, retrasó sus líneas respecto de lo que mostró durante la etapa inicial.

Dentro de ese escenario aparecieron varios rendimientos destacados en el conjunto xeneize. Milton Delgado cumplió una actuación de alto nivel, mientras que Lautaro Blanco alternó buenas y malas, pero terminó completando un partido importante. Santiago Ascacíbar también tuvo una actuación sobresaliente, siempre atento a disputar la pelota y a intentar generar diferencias. A ellos se sumaron Di Lollo y Herrera, ambos con un desempeño extraordinario.
Sin embargo, Boca no conseguía aumentar la ventaja y Vasco da Gama encontró el descuento. El gol brasileño volvió a poner suspenso sobre la clasificación y dejó nuevamente abierta la posibilidad de que la serie terminara definiéndose mediante los penales.
Antes de ese momento, Rodolfo Arruabarrena decidió mandar al campo a Leandro Paredes. El capitán ingresó condicionado por su lesión y sin la posibilidad de desplegar toda su capacidad física, pero igualmente comenzó a modificar el partido desde el manejo de la pelota.
Paredes aportó esos pases precisos y diferentes que caracterizan su juego. Sin necesitar un enorme despliegue, el mediocampista empezó a darle claridad a Boca en una etapa del encuentro en la que el equipo necesitaba recuperar el control.

Arruabarrena también realizó otras modificaciones. Merentiel dejó de ser el centrodelantero y su lugar pasó a ocuparlo Enner Valencia. Leonel Flores, que realizó un importante trabajo principalmente en el aspecto defensivo y tuvo menos participación ofensiva, también salió del campo. Además, ingresó Alan Velasco.
Con las variantes, Boca volvió a apropiarse de la pelota y recuperó protagonismo. Sin embargo, el resultado todavía mantenía abierta la serie y todo encaminaba el encuentro hacia una posible definición por penales.
Fue entonces cuando apareció Paredes.
El capitán recibió lejos del arco y decidió intentar algo diferente. Desde aproximadamente 30 metros sacó un potente remate que tomó una comba especial y terminó superando al arquero de Vasco da Gama, que no consiguió detener la pelota.
El gol significó el 3-1 y desató el festejo de Boca. Paredes, el capitán que había ingresado con limitaciones físicas, terminó convirtiendo el tanto que sentenció la clasificación y depositó al Xeneize en la final.

Boca cerró así una noche histórica en Río de Janeiro. Por lo realizado durante el encuentro, terminó siendo el equipo que mereció avanzar y el que buscó imponer sus condiciones desde el comienzo. El conjunto xeneize recuperó una versión asociada a su identidad en los partidos decisivos y consiguió una victoria que quedará marcada por el escenario y por la importancia de la clasificación.
Además, el triunfo terminó con una extensa racha en uno de los estadios más emblemáticos del continente. Boca no ganaba en el Maracaná desde 1998 y, 28 años después, volvió a celebrar allí.

Esta vez lo hizo con un 3-1, una clasificación a la final y una actuación que tuvo todos los condimentos de una gran noche copera. Boca jugó a lo Boca y volvió a conquistar el Maracaná.
