Un mediodía frío de mayo en San Telmo. El viento baja por la calle Defensa cortando entre las persianas a medio bajar y los adoquines húmedos, pero el clima parece cambiar de temperatura apenas cruzan la puerta del café. Llegan Malena y Leila Palmiro, Male y Lei, y lo hacen muy lookeadas: abrigos de corte estructurado, botas de suela firme, maquillaje pulcro y una presencia que no ocupa espacio, lo domina. No hay nervios en la mesa. Hablan con una oratoria clara, pausada y decidida, como quienes llevan años ensayando no solo melodías, sino la forma de sostener una conversación.
Vienen a presentar “Diamante en Bruto”, el primer tema que compusieron juntas y la piedra angular de un EP que promete consolidar una identidad sonora tan ecléctica como inquebrantable. Entre el aroma del café y el bullicio tenue del barrio, nos sentamos a conversar sobre herencia, proceso creativo y la decisión de no dejar que el talento se quede en casa.
🌱 LA SANGRE MUSICAL NO SE NEGOCIA
— La música en su casa no fue una elección tardía, fue un destino. ¿Cómo fue ese tránsito del “juego” a la profesionalización?
Leila: Siempre fue un hobby. De chiquitas tomábamos clases de canto, baile, comedia musical… todo juntas, en modo juego. Hasta que nos dimos cuenta de que ocupaba un espacio mucho más grande en nuestras vidas. Ahí decidimos: si esto va a ser algo, va a ser Male y Lei. Nunca pensamos en hacerlo por separado.
Malena: Nuestros padres lo vieron venir. Más que verlo venir, lo esperaban. Papá ya estaba buscando un tecladista para formar una banda cuando conoció a mamá, que era cantante. De ese encuentro no solo nació un proyecto, sino nuestra familia. Nos criamos entre micrófonos y teclados, jugando en la sala de ensayo mientras ellos ensayaban. Era lo más natural del mundo. Cuando dijimos “queremos hacerlo profesional”, en febrero de 2023, ellos ya estaban ahí, acompañando desde el minuto cero.
La conversación fluye con la misma sincronía que sus armonías. No se interrumpen, se complementan. Cuando les pregunto por el proceso creativo, explican que desde el inicio se plantearon una regla clara: no encerrarse en un solo género. Su fórmula es híbrida: parten de una temática, definen un sonido y luego el idioma se adapta al concepto. Para “Diamante en Bruto”, trabajaron codo a codo con la compositora Ann Ride (AQ Rod), el productor Diego Denegri y el ingeniero de voces José Luis Pagán. La grabación viajó por tres estudios clave: REC Estudio en Mendoza, Woman Studio en Buenos Aires y la masterización final en UPM Studio, Miami.

🎛️ TALLER DE SONIDOS Y ALQUIMIA EN ESTUDIO
— ¿Cómo se arma una canción desde cero? ¿Empieza por la letra, por la melodía o por un concepto?
Malena: El proceso arranca siempre por la temática. Primero definimos de qué queremos hablar, después el género que queremos explorar y, en función de eso, elegimos el idioma. Nuestras canciones siempre mezclan español e inglés porque es nuestra realidad, pero si el concepto lo pide, como en “Sweet Relief”, sumamos francés. No es una decisión caprichosa, es orgánica al mensaje.
Leila: Una vez que tenemos la base, trabajamos con Ann Ride en la letra y la estructura lírica. En paralelo, le pasamos referencias sonoras a Diego Denegri para que empiece a moldear la producción. Diego es egresado de Berklee, tiene más de 35 años de industria y fue pionero en mezclas Dolby Atmos acá, así que sabe exactamente cómo llevar una idea al siguiente nivel. Después entra José Luis “Pepe” Pagán en el estudio Woman Studio, que tiene una trayectoria brutal con artistas como Marc Anthony o Jennifer López, y ahí pulimos cada detalle vocal. Todo es un ida y vuelta constante.
— En el estudio, ¿quién marca el ritmo? ¿Son muy estrictas con los resultados?
Leila: Las dos somos perfeccionistas por igual. Yo quizás soy un poco más inflexible cuando tengo una idea clara, pero Malena también pone la vara alta. Lo bueno es que aprendimos a soltarnos. Con Constanza Lüer, nuestra vocal coach desde hace casi nueve años, trabajamos las armonías de forma muy espontánea. Ella graba una base, nos dividimos partes, probamos, improvisamos y vamos armando el conjunto. No buscamos que sea rígido, buscamos que respire.

💎 “DIAMANTE EN BRUTO”: ROMPER LA CAJA DE CRISTAL
— El tema habla de empoderamiento, de reconectar con el valor propio. Musicalmente fusionan pop, funk y disco con ecos de los 70 y 80. ¿Fue una búsqueda consciente o una herencia natural?
Malena: Un poco de las dos. En casa se escuchaba todo: lo internacional y más popero de papá, lo latino y cálido de mamá. Eso nos dio una base ecléctica que nos permite no tener miedo de mezclar épocas. Con este tema queríamos transmitir liberación. Habla de sentirte un diamante en bruto: alguien que reconoce su luz interna después de estar atrapado en miedos y en esa “caja de cristal” que te impones vos mismo o el entorno.
Leila: Musicalmente queríamos traer la estética de los 70 y 80 al presente, sin quedarnos en un molde nostálgico. Lo mezclamos con sonidos contemporáneos para que sea una fusión homogénea, no una cita. Y lo pensamos también desde el vivo: ¿Cómo va a sonar? ¿Qué energía queremos transmitir? Eufórica, energética, con mucho power. Si no funciona en el escenario, lo repensamos.
Aunque admiten ser perfeccionistas, están aprendiendo a equilibrar la exigencia con el disfrute. El resultado: voces que se fusionan sin competir, donde la agilidad de Leila y el peso emotivo de Malena se reparten en un 50/50 calculado, pero nunca frío.

👯♀️ HERMANDAD, CRÍTICA Y ESCENARIO
— ¿Cómo manejan las diferencias creativas? ¿Quién cede primero cuando la discusión se pone tensa?
Leila: Tratamos de llegar siempre al 50/50. A veces pensamos exactamente lo mismo, nos miramos y ya sabemos. Otras veces, si una está muy cerrada en una idea, la otra plantea otra cosa. Si nos trabamos, hoy decide una, mañana la otra. Y si nos cuesta llegar a un acuerdo, papá media.
Malena: Él es crítico, sí, porque le toca la producción y tiene que serlo. Pero nos comunicamos muy bien, tanto en lo laboral como en lo familiar. Aprendimos a separar: si hay un desacuerdo en el estudio, pasan cinco minutos, se cierra la puerta del trabajo y se abre la de la hermandad. Si no, no se puede funcionar. El talento sin perseverancia no llega a ningún lado, pero la perseverancia sin disfrute te quema. Estamos aprendiendo a vivir el proceso.
— ¿Y cómo fue recibir el feedback directo en sus primeros shows? ¿Les pasó que la gente se identifique con un tema que ustedes no esperaban?
Leila: Increíble. Veníamos trabajando mucho, ensayando con músicos, con el equipo… y subirse al escenario es otra cosa. La gente conecta de otra manera. Hay canciones que uno cree que van a resonar más, y resulta que otra es la que la gente se lleva. Eso te enseña humildad y te confirma que la música es un diálogo, no un monólogo.
Malena: Para mí, el vivo es lo más lindo. Es cuando uno más conecta. Sentir la energía de los músicos, del público… es pura euforia. A fin de año queremos cerrar con un show completo. Ya estamos en las últimas etapas de ensayo y la idea es que todo esté listo para lanzar fechas antes de que termine el año. Incluso en vivo seguimos tocando covers de Bandana, porque son canciones que nos inspiraron y que siguen siendo parte de nosotras.

🚀 FUTURO Y MENSAJE: CONFIAR EN EL PROCESO
— Con el EP en puerta, ¿qué le dicen a quienes los siguen desde el inicio y a quienes recién los descubren con este nuevo sonido?
Malena: Que confíen en el proceso. Que este cambio no es un giro arbitrario, es parte de nuestra búsqueda. Desde el día uno dijimos que no nos íbamos a encerrar en un género. Nos gusta probar, salir de la zona de confort, ver cómo nos sentimos más cómodas y cómo lo toma la gente. No tenemos miedo a arriesgar, porque vocalmente y creativamente sabemos hasta dónde podemos llegar.
Leila: Y que disfruten. A veces el perfeccionismo nos juega en contra y nos olvidamos de vivir el momento. Pero la música se hace con esfuerzo, sí, pero también con pasión. Esperamos que se sienta. No buscamos que todo sea perfecto, buscamos que todo sea real.
El frío de mayo sigue afuera, pero la conversación se cierra con una energía que no necesita calefacción. Male y Lei no solo son hermanas; son un proyecto forjado en la constancia, en la herencia musical y en la decisión inquebrantable de caminar juntas. “Diamante en Bruto” es solo el primer destello. El EP, con cuatro tracks, ya está en camino. El LP, más allá. El vivo, a la vuelta de la esquina. Y en San Telmo, entre adoquines y cafés, ya se siente el eco de un diamante que dejó de ser bruto para empezar a brillar.
