Cada año, miles de bebés nacen antes de completar las 37 semanas de gestación. Son niños y niñas que llegan al mundo antes de lo esperado, muchas veces sin aviso y con un nivel de fragilidad que sorprende incluso a los padres más preparados. En Argentina y en el mundo, el Día del Niño Prematuro es una oportunidad para visibilizar esta realidad, reforzar derechos y hablar claro sobre los desafíos que implica la prematurez: desde el acceso a la salud hasta el acompañamiento familiar, la contención emocional y la necesidad de políticas públicas sostenidas.
El nacimiento prematuro no es un evento menor. Define los primeros días, semanas e incluso meses de vida. Marca rutinas familiares, altera agendas laborales, impacta en la economía del hogar y genera un nivel de estrés que, muchas veces, nadie cuenta. Por eso esta fecha no es un simple recordatorio; es un llamado a mirar una situación que, si se trabaja con prevención y recursos, puede cambiar radicalmente la calidad de vida de los bebés y sus familias.
Qué es la prematurez y por qué importa hablar de ella
Se considera prematuro a todo bebé nacido antes de las 37 semanas de gestación. Dentro de ese grupo hay diferentes grados: leve, moderado, extremo. Cuanto menor es la edad gestacional, mayores son los riesgos. Y acá no hay magia: lo que define el pronóstico suele ser la combinación entre socorro médico adecuado, tecnología disponible, tiempo de respuesta y apoyo familiar.
Los bebés prematuros pueden enfrentar dificultades respiratorias, problemas para regular la temperatura, riesgo de infecciones y complicaciones neurológicas. Suelen requerir internación en terapia intensiva neonatal (UTI o UCIN), asistencia respiratoria, nutrición especial y un monitoreo constante. La realidad es dura: cada minuto cuenta.
Hablar de prematurez es importante porque se puede prevenir una parte de los casos, y porque cuando no es posible evitarla, el seguimiento temprano y el acceso a cuidados adecuados modifica enormemente la evolución.
El rol fundamental de la familia
Si hay algo que los padres repiten una y otra vez es que nadie está preparado para un parto anticipado. La experiencia suele llegar acompañada de miedo, preocupación y la sensación de quedar afuera del proceso clínico. Por eso, uno de los ejes del Día del Niño Prematuro es visibilizar el rol de la familia: los padres no son visitantes, son parte activa del cuidado.
El contacto piel a piel, conocido como método canguro, es clave. No solo regula la temperatura y mejora parámetros vitales, sino que fortalece el vínculo y disminuye el estrés. La lactancia materna también cumple un rol fundamental: la leche humana es, para el bebé prematuro, casi un medicamento.
Pero para que todo eso ocurra, las familias necesitan acceso, información, acompañamiento psicológico, y algo básico que suele faltar: tiempo. Los sistemas de salud y las políticas laborales deben contemplar las particularidades de estos nacimientos, que no se resuelven en días sino en semanas o meses.

Los derechos del niño prematuro
En Argentina existe la “Semana del Prematuro”, impulsada por UNICEF y el Ministerio de Salud, que trabaja sobre un decálogo de derechos. Estos derechos incluyen desde el acceso a cuidados adecuados hasta el acompañamiento de la familia, la detección temprana de enfermedades, la continuidad del seguimiento y la no discriminación.
Entre los derechos más destacados:
- El derecho a nacer y ser atendido en un lugar que cuente con recursos adecuados.
- El derecho de la familia a participar activamente en el cuidado.
- El derecho al acceso a controles posteriores al alta.
- El derecho a recibir leche humana, priorizando la lactancia materna.
- El derecho al seguimiento del desarrollo hasta la primera infancia.
Concientizar sobre estos derechos no es una formalidad: es una forma de empoderar a las familias para que exijan lo que corresponde y que los sistemas de salud mantengan estándares de calidad.
Avances médicos: qué cambió en los últimos años
La neonatología avanzó a pasos gigantes. Equipos más precisos, técnicas menos invasivas, mejores protocolos de atención y una mirada centrada en la familia modificaron por completo el panorama. Hoy, bebés que hace 20 o 30 años no hubieran sobrevivido, pueden hacerlo con buena calidad de vida.
La ventilación no invasiva, el uso de surfactante, la nutrición parenteral precoz, las terapias de neuroprotección y la tecnología de monitoreo son herramientas que hoy forman parte del estándar en muchos hospitales. Pero esto abre otra puerta: la desigualdad. No todos los centros cuentan con los mismos recursos, y el acceso varía según la región.
El Día del Niño Prematuro también sirve para recordar que la prematurez no puede depender del azar o del código postal. La equidad en salud es una deuda pendiente.
Cómo prevenir la prematurez (hasta donde se puede)
No todos los nacimientos prematuros se pueden evitar, pero sí una parte significativa. Las principales medidas de prevención incluyen:
- Controles prenatales regulares.
- Detección y tratamiento de infecciones maternas.
- Control de enfermedades como hipertensión y diabetes.
- Evitar el consumo de tabaco, alcohol y sustancias.
- Intervención temprana ante amenazas de parto prematuro.
- Información clara sobre señales de alarma.
La educación sanitaria es una herramienta poderosa. No para culpar a nadie, sino para adelantarse a escenarios que pueden cambiar vidas.
El alta no es el final del camino
Cuando un bebé prematuro recibe el alta, la familia suele sentir alivio… y una nueva ola de ansiedad. La casa no es una unidad de neonatología, y la sensación de estar desarmado es común. Por eso, el seguimiento posterior es tan importante como la internación.
Controles del desarrollo, seguimiento de la alimentación, estudios auditivos y visuales, terapias de estimulación, kinesiólogos, fonoaudiólogos, nutricionistas: todo eso puede formar parte del proceso. Y acá vuelve a aparecer la misma palabra clave: acceso.
Apoyar a las familias con información confiable es fundamental. Existen redes, organizaciones y grupos de padres de prematuros que cumplen un rol enorme, ofreciendo acompañamiento emocional y un espacio para compartir experiencias sin miedo ni juicio.
Por qué este día importa más de lo que parece
Hablar del Día del Niño Prematuro no es un formalismo institucional. Es una herramienta para poner sobre la mesa temas que, sin fechas como esta, quedarían relegados. La prematurez es un asunto sanitario, social y económico. Afecta a familias de todos los sectores y requiere un enfoque integral: medicina, política, educación, acompañamiento y empatía.
Cada bebé prematuro tiene una historia distinta. Algunos pasan semanas internados; otros, meses. Algunos necesitan cirugías; otros evolucionan sin grandes sobresaltos. Pero hay algo en común en todos los casos: el impacto emocional. Los padres guardan esas vivencias como cicatrices invisibles que los acompañan siempre. Y cada aniversario de este día revive un pedazo de ese recorrido.
El Día del Niño Prematuro busca justamente eso: reconocer, escuchar, fortalecer y construir una sociedad que responda mejor ante lo inesperado.


