Rusia llevó adelante durante la noche del sábado y la madrugada del domingo un masivo ataque aéreo contra Kiev y otras regiones de Ucrania, en una ofensiva que dejó al menos cuatro muertos y más de 80 heridos, además de importantes daños en edificios residenciales, escuelas, mercados y oficinas gubernamentales.
Las autoridades ucranianas informaron que las sirenas antiaéreas sonaron durante varias horas en la capital mientras explosiones y columnas de humo cubrían distintos sectores de la ciudad. En medio del bombardeo, decenas de familias buscaron refugio en estaciones de metro subterráneas para protegerse de los ataques.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, confirmó que las fuerzas rusas utilizaron más de 600 drones y alrededor de 90 misiles, incluido el misil hipersónico Oreshnik, de capacidad nuclear. Según la Fuerza Aérea de Ucrania, en total se detectaron cerca de 690 aparatos de ataque aéreo en lo que fue uno de los bombardeos más intensos desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022.

La ofensiva afectó al menos nueve distritos de Kiev. El jefe de la administración militar de la capital, Tymur Tkachenko, indicó que varios edificios residenciales sufrieron daños, mientras que el alcalde Vitalii Klitschko confirmó que una escuela del distrito de Shevchenko fue alcanzada mientras ciudadanos permanecían refugiados en su interior.
Zelensky denunció en Telegram que Rusia atacó instalaciones clave para la población civil. “Tres misiles rusos contra una instalación de abastecimiento de agua, un mercado incendiado, decenas de edificios residenciales dañados y varias escuelas”, expresó el mandatario, quien además calificó la ofensiva como una muestra de que “la locura rusa no conoce límites”.
El mandatario ya había advertido el sábado sobre la posibilidad de un ataque ruso de gran escala y mencionó la eventual utilización del misil Oreshnik, desplegado previamente por Moscú en Bielorrusia. “Refugiaros y salvad vuestras vidas”, había alertado antes de que comenzara el bombardeo.

El misil de alcance medio ya había sido utilizado en otras dos oportunidades desde el comienzo de la guerra: en noviembre de 2024 contra una fábrica militar y en enero de 2026 contra una planta aeronáutica ubicada en el oeste de Ucrania, cerca de las fronteras de la OTAN.
Además de Kiev, varias comunidades de la región cercana a la capital también sufrieron daños. El gobernador regional, Mykola Kalashnyk, informó sobre destrucción en supermercados, depósitos y viviendas, mientras equipos de emergencia trabajaban para controlar incendios y asistir a los heridos.
Los ataques ocurrieron días después de que Moscú prometiera represalias por un hecho ocurrido en una residencia universitaria ubicada en una zona ocupada por Rusia en el este de Ucrania, donde murieron 18 personas en un episodio atribuido por el Kremlin a fuerzas ucranianas.
En paralelo, Estados Unidos había advertido sobre la posibilidad de un ataque aéreo ruso de gran magnitud en las siguientes 24 horas. La embajada estadounidense en Kiev recomendó a sus ciudadanos mantenerse preparados para buscar refugio ante cualquier alerta aérea.

Mientras la capital ucraniana enfrentaba la ofensiva, Zelensky también informó sobre un operativo militar realizado por las Fuerzas Armadas de Ucrania contra instalaciones del complejo militar-industrial ruso en la región de Perm, a casi 2.200 kilómetros de Kiev. Según indicó, el objetivo alcanzado fue una planta química vinculada a la producción de componentes para drones, explosivos y misiles.
“Estamos reforzando nuestras defensas aéreas y responderemos a cada ataque ruso. Esta guerra debe terminar. Lo que hace falta es paz, no misiles para satisfacer las ambiciones enfermizas de una persona”, afirmó Zelensky.
