Marco Lavagna, economista, presentó este lunes su renuncia al frente del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), según confirmaron fuentes del organismo oficial.
La dimisión se conoció en un contexto marcado por cambios técnicos recientes, entre ellos la incorporación de una nueva canasta para medir el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Ese esquema comenzó a aplicarse este mes y su impacto empezará a verse cuando se difunda el dato de inflación correspondiente a enero.
“Marco Lavagna presentó hoy su renuncia al Indec y lo comunicó dentro del Instituto”, señalaron voceros de la entidad estadística.
Lavagna ocupaba la dirección del Indec desde diciembre de 2019, cuando se inició la presidencia de Alberto Fernández. Previamente se había desempeñado como legislador por UNA y luego por el Frente Renovador, espacio liderado por Sergio Massa. Su perfil técnico había sido un factor clave para su continuidad incluso tras la asunción de Javier Milei y el cambio de orientación política del Gobierno.
Su salida se sumó a la de otros funcionarios en un escenario atravesado por salarios congelados dentro de la administración pública. En agosto de 2025 había renunciado Georgina Giglio, directora de Índices de Precios de Consumo (IPC), quien fue reemplazada por Josefina Rim desde el 1 de septiembre de ese año. También dejó su puesto Guillermo Manzano, director de Estadísticas de Condiciones de Vida y responsable de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Durante los últimos meses, Lavagna y su equipo habían trabajado en la actualización de la canasta utilizada para calcular el IPC. El objetivo de esos cambios fue acercar la medición a los patrones de consumo actuales de las familias argentinas, de modo de reflejar con mayor precisión el efecto de las variaciones de precios en la economía doméstica.
El cambio central en la metodología radicó en que comenzó a utilizarse la canasta surgida de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018, en reemplazo de la que se basaba en datos de 2004. La falta de actualización previa había implicado subestimar el peso de consumos que crecieron con el tiempo, como los servicios de internet y telefonía celular.
Entre las modificaciones más relevantes se encontraron los rubros Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles, cuya ponderación pasó de 9,4% a 14,5%. Esto implicó que las tarifas de servicios públicos tuvieran mayor incidencia en el índice general. Con la nueva fórmula, cada aumento en electricidad o gas tendría un impacto más alto que con la canasta anterior.
En Transporte también se registró un ajuste importante: la ponderación subió de 11% a 14,3%. En este apartado ganaron peso los combustibles y los boletos de pasajeros. Algo similar ocurrió en Comunicaciones, que pasó de 2,8% a 5,1%, duplicando la influencia de internet y celulares; y en Educación, de 2,3% a 3,1%, con mayor incidencia de cuotas y servicios educativos.
Otros capítulos, como Salud, variaron de 8,0% a 9,1%, manteniéndose relativamente estables en su impacto. Entre los que redujeron su participación se destacó Alimentos y Bebidas, que bajó de 26,9% a 22,7%, en un contexto donde el agro y la industria alimenticia perdieron peso relativo. Este rubro había sido clave en la aceleración inflacionaria del último cuatrimestre de 2025.
La nueva canasta también capturó un consumo de alimentos con mayor presencia de productos procesados, donde el componente industrial, logístico y comercial —junto con los servicios asociados— tiene mayor influencia que la materia prima.
Prendas de Vestir y Calzado redujo su ponderación de 9% a 6,8%, perdiendo relevancia en el gasto total. En cambio, Recreación y Cultura pasó de 7,3% a 8,6%, ajustando el peso del gasto en esparcimiento.
En términos generales, analistas señalaron que si los precios de los servicios crecieran por encima de los bienes, la nueva metodología podría arrojar una inflación más elevada que la medida con la canasta anterior. En cambio, si los bienes aumentaran más que los servicios, el esquema actualizado podría mostrar una dinámica inflacionaria más moderada. Como ejemplo, estimaron que si el precio de la carne subiera 10% en enero de 2026, el IPC anterior habría trepado 1,07 puntos por ese rubro, mientras que con la nueva canasta el alza sería de 1,03 puntos.


