El mundo del rock nacional amaneció con una noticia que golpea directo a la memoria emotiva de los años 90: murió Daniel “Dani” Buira, histórico baterista y uno de los fundadores de Los Piojos. El músico tenía 54 años.
Según las primeras informaciones, Buira se encontraba en la madrugada del sábado en La Chilinga, la escuela de percusión que él mismo había creado en el conurbano bonaerense. Allí comenzó a sentirse mal, con dificultades para respirar, y pidió ayuda. Minutos después se descompensó y perdió el conocimiento. A pesar de las maniobras de reanimación, falleció en el lugar.
Fuentes cercanas indicaron que padecía asma, mientras que la Justicia inició actuaciones para determinar con precisión las causas de su muerte, que en principio serían de origen natural.

Daniel Buira y su rol clave en el sonido de Los Piojos
Daniel Buira fue parte fundamental del nacimiento de Los Piojos en 1988 y participó en la primera etapa del grupo, hasta fines de los años noventa. Su impronta rítmica resultó decisiva en la construcción del “sonido piojoso”, una identidad que combinó rock con ritmos rioplatenses como la murga y el candombe.
Además de su paso por la banda, desarrolló una intensa actividad vinculada a la percusión. Fue el creador de La Chilinga, espacio dedicado a la enseñanza y difusión de ritmos afro-latinoamericanos, que se convirtió en referencia dentro de la escena.
En los últimos años, Buira había vuelto a compartir escenario con sus excompañeros tras el regreso de la banda, participando de shows multitudinarios que reactivaron el ritual piojoso.

El mensaje de Andrés Ciro Martínez
La noticia generó una inmediata repercusión en el ambiente musical. Andrés Ciro Martínez, líder de la banda, lo despidió con un mensaje cargado de emoción en redes sociales:
“Adiós Dani. Qué dolor despertar con esta noticia. Te fuiste tempranito…”, escribió, evocando los reencuentros recientes y el vínculo que los unió durante décadas.
Dolor y despedidas en el rock nacional
La muerte de Daniel Buira provocó una ola de mensajes de despedida de músicos, colegas y fanáticos, que destacaron su talento, su creatividad y su aporte a una de las bandas más influyentes del rock argentino.
Su legado queda marcado en el pulso de Los Piojos y en una generación que convirtió cada recital en un ritual. Porque si algo dejó claro Buira es que el ritmo, cuando es verdadero, no se apaga: queda resonando.

La Chilinga: el proyecto que marcó su legado
Más allá de su paso por Los Piojos, Daniel Buira desarrolló una intensa actividad en La Chilinga, la escuela de percusión que fundó y dirigió durante años en el conurbano bonaerense.
El espacio no fue solo un ámbito de enseñanza musical: se convirtió en un verdadero semillero cultural. Allí, Buira impulsó la difusión de ritmos afro-latinoamericanos como el candombe, la murga y la percusión brasilera, con una mirada colectiva y popular de la música.
La Chilinga funcionó también como una comunidad. Cientos de alumnos pasaron por sus talleres, donde el aprendizaje iba más allá de lo técnico: se promovía el trabajo en grupo, la conexión con el cuerpo y el pulso, y el valor del ritmo como lenguaje compartido.
Bajo su dirección, el proyecto creció hasta convertirse en un referente de la percusión en Argentina, con presentaciones en vivo, intervenciones urbanas y formaciones abiertas a personas de todas las edades y niveles.
Incluso en sus últimos años, Buira mantuvo un vínculo activo con el espacio, participando de clases, ensayos y actividades, consolidando una iniciativa que trascendió lo musical para transformarse en una experiencia cultural y social.


