Estados Unidos avanzó con una nueva escalada militar contra el régimen de Irán al confirmar la destrucción total del cuartel general de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés), en el marco de la operación denominada “Furia Épica”.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que el ataque dejó a la organización sin su principal centro de mando y control, y lo definió como un impacto estratégico directo sobre la estructura militar iraní.
De acuerdo con Washington, la Guardia Revolucionaria —considerada un pilar clave del régimen— ha sido responsable de la muerte de más de mil ciudadanos estadounidenses en las últimas décadas. Tras la ofensiva, el organismo quedó, según fuentes oficiales, completamente “sin cuartel general”.
“Ayer, un ataque de gran escala cortó la cabeza de la serpiente. Estados Unidos tiene el ejército más poderoso del mundo y el IRGC ya no dispone de un centro operativo”, señalaron desde el comando a través de redes sociales.
La sede central del IRGC, identificada como el núcleo desde donde se coordinaban operaciones militares, tareas de inteligencia y acciones en el exterior, fue reducida a escombros tras el bombardeo, según registros audiovisuales difundidos por las autoridades estadounidenses.

En respuesta, voceros del régimen iraní advirtieron sobre posibles represalias “contundentes” y elevaron el nivel de alerta en instalaciones estratégicas y dependencias gubernamentales.
Por su parte, presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró los resultados de la operación desde Florida. En declaraciones públicas y publicaciones, destacó no solo la destrucción del cuartel central, sino también la eliminación de nueve embarcaciones militares iraníes, varias de ellas de gran porte, y del cuartel general de la Marina.
El mandatario sostuvo que la ofensiva continuará hasta neutralizar por completo la capacidad naval de Irán y remarcó que el objetivo es desarticular el poder militar del régimen islámico.
La operación conjunta entre Estados Unidos e Israel, iniciada el sábado, elevó la tensión regional a niveles inéditos y desencadenó una serie de represalias por parte de Teherán. En ese contexto, Irán lanzó misiles contra territorio israelí y contra bases estadounidenses en Medio Oriente, además de impactar en países aliados de Washington como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait.
Como respuesta, Estados Unidos desplegó una ofensiva aérea y naval de gran escala. El CENTCOM detalló el uso de bombarderos B-2 equipados con armamento de 2.000 libras para destruir instalaciones de misiles balísticos fortificadas. Además, confirmó el hundimiento de buques de guerra iraníes —entre ellos una corbeta de la clase Jamaran— en el golfo de Omán.

El comando también informó la muerte de tres militares estadounidenses y al menos cinco heridos graves desde el inicio de la operación. El Pentágono evitó precisar la ubicación de las bajas, aunque advirtió que las operaciones continúan y que se brindarán más detalles una vez notificadas las familias.
La administración Trump sostiene una política de máxima presión sobre el régimen iraní, argumentando que la ofensiva busca eliminar amenazas futuras contra intereses estadounidenses y de sus aliados.
En ese sentido, el presidente afirmó que la situación “evoluciona favorablemente” y no descartó retomar negociaciones con Teherán en el futuro, aunque dejó en claro que las acciones militares seguirán hasta alcanzar los objetivos fijados.
El conflicto, que ha dejado a Irán sin su principal liderazgo militar y sin capacidad de comando en la Guardia Revolucionaria, generó reacciones internacionales con llamados a la moderación.
Mientras tanto, el régimen iraní prometió venganza y avanzó en la conformación de un triunvirato para conducir la transición interna, en un escenario marcado por una fuerte inestabilidad y creciente incertidumbre en toda la región.


