El femicidio de María Amanda Chazarreta, de 30 años, generó una profunda conmoción en la provincia de Santiago del Estero y sumó un elemento estremecedor a la investigación: uno de sus hijos fue testigo directo del crimen.
El hecho se registró en una vivienda de El Aibe, en el departamento Banda, donde la mujer fue hallada sin vida en su dormitorio con múltiples heridas de arma blanca.
De acuerdo con fuentes policiales, el menor fue quien dio la primera señal de alarma al contarles a familiares que “papi le hizo daño a mami”, una frase que resultó clave para comenzar a reconstruir lo ocurrido dentro de la casa.
Según avanzó la pesquisa, tras el ataque el principal sospechoso, el pastor evangélico Ramón César Jiménez, apodado “Picadillo”, se retiró del domicilio. El niño intentó solicitar ayuda en una vivienda cercana, aunque en ese momento no obtuvo respuesta.
Tiempo después, al cruzarse con allegados, pudo explicar que su madre permanecía recostada en la cama y no respondía. Ese testimonio pasó a ser una pieza central para los investigadores.
El fiscal Álvaro Yagüe confirmó que la declaración del menor será recibida mediante el sistema de Cámara Gesell, un procedimiento diseñado para proteger a niños que atravesaron experiencias traumáticas.
La víctima era madre de tres hijos —dos en común con el acusado y una adolescente fruto de una relación anterior—, quienes actualmente están al cuidado de su abuela materna y reciben acompañamiento psicológico.
La autopsia determinó que Chazarreta sufrió al menos 13 puñaladas y presentaba heridas defensivas en los brazos, lo que indicaría que intentó resistirse al ataque. En el dormitorio se observaron señales de un fuerte forcejeo. Horas después del crimen, efectivos policiales encontraron al sospechoso sin vida, colgado de un árbol en una zona rural cercana; la principal hipótesis sostiene que se quitó la vida tras el homicidio.
Mientras la fiscalía continúa profundizando las medidas para reconstruir el contexto previo —que, según allegados, estuvo atravesado por episodios de violencia y una reciente separación—, el testimonio del niño se perfila como determinante para cerrar la secuencia de lo ocurrido.


