Las amenazas del régimen iraní escalaron este miércoles a un nuevo nivel. El general Abolfazl Shekarchi, vocero de las Fuerzas Armadas de Irán, advirtió que si Israel ataca la embajada iraní en Líbano, Teherán considerará como blancos militares a todas las sedes diplomáticas israelíes en el mundo y responderá con acciones directas.
La declaración, difundida por la agencia oficialista Tasnim, fue planteada en términos amplios y sin limitaciones geográficas: según el portavoz, ninguna región quedaría excluida de una eventual represalia.
Shekarchi explicó que hasta ahora Irán ha actuado con contención por “consideraciones internacionales y respeto por las relaciones con países de todo el mundo”. No obstante, subrayó que esa postura tiene un límite. “La República Islámica de Irán no tiene ningún conflicto ni hostilidad con otros países”, afirmó, aunque acusó a Israel de actuar reiteradamente sin reconocer “límites ni fronteras”.
El mensaje combina una advertencia directa a Tel Aviv con una señal hacia los países que albergan sedes diplomáticas israelíes: en caso de un ataque, la respuesta —según Teherán— estaría dirigida exclusivamente contra el Estado hebreo y no contra las naciones anfitrionas.
La amenaza se produce en el quinto día de la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra objetivos militares, nucleares y de liderazgo en Irán. La Media Luna Roja Iraní confirmó al menos 787 muertos hasta el martes, mientras que la cadena CNN elevó la cifra a más de mil víctimas. Según datos citados por AFP, los bombardeos impactaron en más de 150 ciudades distribuidas en al menos 24 de las 31 provincias iraníes.
El punto de inflexión del conflicto fue la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Khamenei, durante los primeros ataques del sábado contra su complejo en el centro de Teherán. En la misma ofensiva murieron el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria y el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, entre otros altos cargos, según informaron Israel y Washington.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificó la operación en defensa de “intereses centrales de seguridad nacional” e instó a la población iraní a “tomar las riendas de su destino”.
En respuesta, Irán lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en Jordania, Kuwait, Baréin, Qatar, Irak, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. El impacto regional fue inmediato: el Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— registró un tránsito casi nulo el lunes, de acuerdo con S&P Global Commodities at Sea, lo que repercutió en los precios internacionales del crudo.
El frente libanés también se activó cuando el grupo chiita Hezbolá lanzó cohetes hacia el norte de Israel. La respuesta israelí incluyó bombardeos sobre Beirut que dejaron 52 muertos.
En este contexto, la advertencia del portavoz iraní sobre posibles ataques a embajadas israelíes se enmarca en la lógica de represalias simétricas aplicada hasta ahora durante el conflicto. Sin embargo, introduce un elemento inédito: es la primera vez que Teherán menciona de forma explícita la posibilidad de actuar contra instalaciones diplomáticas israelíes en cualquier parte del mundo.
Mientras la comunidad internacional debate la legalidad de las operaciones militares y la Unión Europea llama a reducir la escalada, la amenaza añade una dimensión global a una guerra que, en apenas cinco días, alteró el equilibrio estratégico en Medio Oriente.


