Una jubilada de 85 años fue víctima de una millonaria estafa bajo la modalidad conocida como “cuento del tío” en la provincia de Santa Fe, luego de que un grupo de delincuentes la engañara simulando ser empleados de la ANSES. El dinero sustraído equivale a unos 90.000 dólares.
El hecho se produjo en una vivienda ubicada sobre calle Eva Perón al 2400, en la capital provincial.
El episodio ocurrió el viernes pasado en la capital santafesina, aunque la información se conoció públicamente en las últimas horas. La mujer fue atrapada en un ardid telefónico que se prolongó durante cerca de una hora. Tras esa conversación, los estafadores lograron llevarse 43.000 dólares y 40.000 euros.
De acuerdo con la reconstrucción de medios locales, el llamado se produjo después del mediodía. Una mujer que se identificó como Graciela Rodríguez aseguró ser trabajadora de la ANSES y le advirtió que los dólares antiguos, conocidos como “cara chica”, dejarían de tener validez. Con ese argumento, le indicó que debía realizar un trámite para cambiarlos por billetes nuevos.
Para reforzar la credibilidad del relato, la impostora mencionó datos personales, como la dirección de la vivienda y los nombres de los hijos de la jubilada. Luego le adelantó que un contador pasaría por su casa a retirar el dinero. El domicilio señalado era el de Eva Perón al 2400, en pleno centro de la ciudad.
Poco después se presentó un hombre en el lugar. Vestía jean, remera blanca y gorra del mismo color, y llevaba un bolso negro.
Sin sospechar que se trataba de una estafa, la mujer dejó entrar al supuesto contador. Ya dentro de la vivienda, le entregó 30.000 dólares y 40.000 euros que guardaba en un escondite en el baño, además de otros 13.000 dólares que estaban en una habitación pequeña.
Antes de irse, el hombre preguntó si había joyas en la casa. Tras recibir una respuesta negativa, se retiró.
Minutos más tarde, la jubilada tomó conciencia de que había sido engañada. La causa es investigada por el fiscal Erik Fernández.
El hijo de la víctima, que pidió reserva de identidad, brindó más precisiones sobre la maniobra. Contó que la llamada inicial —clave para generar confianza— duró casi una hora.
“Fue una charla extensa, muy bien llevada. En ese tiempo la envuelven, le sacan datos y después los usan”, señaló.
También relató que los delincuentes hicieron creer a su madre que el contador era amigo suyo: “Simulaba hablar por teléfono conmigo. Le decía que yo estaba de acuerdo, que entregara todo”.
Parte del dinero robado correspondía a ahorros de la mujer y otra parte a su hijo. “Está muy mal, no quedó bien. Se siente responsable, cuando en realidad no tiene la culpa”, lamentó.


