Estados Unidos y Rusia acordaron reactivar el diálogo militar de alto nivel luego de que este jueves 5 de febrero de 2026 expirara el tratado New START, el último pacto que imponía límites verificables a los arsenales nucleares de ambas potencias. La falta de un nuevo marco legal que sustituya al acuerdo encendió alertas en el escenario internacional y empujó a Washington y Moscú a restablecer canales de comunicación directa.
El Pentágono confirmó la reanudación de estos contactos poco después de que el START III —vigente desde 2010 y prorrogado en 2021— alcanzara su fecha límite sin que se lograra una extensión o tratado alternativo. Con su vencimiento, se pone fin a más de cinco décadas de arquitectura de desarme nuclear verificable entre ambas naciones y desaparecen los límites jurídicos que regulaban la cantidad de armas estratégicas desplegadas.
En paralelo, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky reiteró ante sus aliados que el armamento ruso contiene “miles de componentes” de fabricación extranjera, en un contexto de tensiones persistentes por la guerra en Ucrania.
Desde Moscú, la Federación Rusa afirmó que ya no se encuentra restringida en el número de ojivas nucleares que puede desplegar tras la extinción del tratado. Por su parte, el Comando Europeo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos subrayó en un comunicado que mantener abiertos los canales entre fuerzas militares “es un factor importante para la estabilidad y la paz globales, que solo pueden lograrse mediante la fuerza”, además de constituir una vía para reforzar la transparencia y reducir riesgos de escalada.
El entendimiento para retomar el diálogo se produjo luego de “avances productivos y constructivos” en recientes conversaciones de paz sobre Ucrania celebradas en Abu Dabi, en las que participaron el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente.

El tratado New START había sido firmado el 8 de abril de 2010 en el Castillo de Praga por el entonces presidente estadounidense Barack Obama y su par ruso Dmitri Medvédev. Su desaparición genera inquietud entre gobiernos y organizaciones dedicadas al desarme, que advierten que la ausencia de límites verificables podría abrir la puerta a una nueva carrera nuclear. La OTAN, en ese marco, pidió públicamente “responsabilidad y moderación” a las potencias atómicas ante la falta de un marco jurídico que regule el tamaño y despliegue de los arsenales.
Mientras tanto, concluyó sin resultados concretos una ronda de negociaciones en Ginebra entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos, lo que profundiza la incertidumbre en torno a la estabilidad internacional.
Hasta su vencimiento, el START III establecía un tope de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas y un máximo de 700 sistemas balísticos intercontinentales, submarinos y bombarderos operativos para cada país. Sin embargo, según los datos más recientes, Estados Unidos cuenta con 1.770 ojivas desplegadas y Rusia con 1.718. Si se incluyen las armas almacenadas o retiradas, el inventario total asciende a 5.177 ojivas en el caso estadounidense y a 5.459 en el ruso.
En conjunto, ambas potencias concentran el 87 % del arsenal nuclear mundial. Además de Estados Unidos y Rusia, poseen armas nucleares Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. Entre los nueve países suman aproximadamente 12.241 armas nucleares, de las cuales 9.614 se consideran potencialmente operativas. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), más de 3.900 cabezas están desplegadas y unas 2.100 permanecen en estado de alerta inmediata sobre misiles balísticos.

Estados Unidos, además de sus 1.770 ojivas desplegadas, mantiene 1.930 almacenadas. Desde 1945 ha realizado más de 1.000 pruebas nucleares y es el único país que utilizó armas atómicas contra población civil, en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que provocaron más de 200.000 muertes.
Rusia dispone de 1.718 ojivas desplegadas y 2.591 almacenadas, lo que la convierte en el país con mayor número total de ojivas. Desde 1957 ha efectuado más de 200 ensayos nucleares.
El Reino Unido posee 120 ojivas desplegadas y 105 almacenadas, con un total de 225 armas nucleares, sustentadas principalmente en submarinos de las clases Trident y Vanguard. Fue el tercer país en realizar pruebas nucleares, con 45 ensayos desde 1952. Su primera detonación atómica ocurrió en las islas Monte Bello, en Australia, el 3 de octubre de 1952, y su primer ensayo de bomba de hidrógeno tuvo lugar en las Islas Christmas en 1957.
Francia cuenta con 280 ojivas desplegadas y 10 almacenadas. Entre 1960 y 1996 realizó 210 pruebas nucleares y ese último año firmó el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBT). Su primer ensayo, denominado “Jerbo Azul”, se llevó a cabo en el desierto del Sáhara cuando Argelia aún era colonia francesa.

China posee 600 armas nucleares, de las cuales 24 están desplegadas y el resto almacenadas. En la década de 1990 fue acusada por Estados Unidos de transferir tecnología nuclear a Pakistán y a países de Oriente Medio como Libia, Irán y Siria. Desde 1964 ha efectuado 45 pruebas nucleares.
El arsenal nuclear global alcanza así 12.241 armas distribuidas entre nueve países, con Estados Unidos y Rusia como principales poseedores.
En Asia meridional y Oriente Medio, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel disponen únicamente de ojivas almacenadas o de un número reducido desplegado. India cuenta con 180 ojivas almacenadas; Pakistán, con 170; Corea del Norte, con 50; e Israel, con 90, según datos del SIPRI. Ni India, ni Pakistán ni Israel han suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que prevé inspecciones voluntarias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Corea del Norte, en cambio, se adhirió al TNP en 1985, pero se retiró en 2003.
Ante la ausencia de un marco regulatorio, expertos y activistas advierten que el vacío legal podría incentivar a China y a otras potencias a ampliar sus arsenales, generando una nueva escalada global. En este contexto, la evolución del diálogo militar entre Estados Unidos y Rusia y la reacción de la comunidad internacional serán claves para definir el futuro del control de armas nucleares y la estabilidad estratégica mundial.


