La Corte Suprema de Justicia rechazó un recurso extraordinario y dejó firme la condena a ocho años de prisión contra un hombre hallado responsable de haber abusado sexualmente de forma continua de una joven con discapacidad mental leve en Córdoba. La víctima se encontraba sometida a un régimen de explotación por una mujer que le había ofrecido alojamiento y que la obligaba a tolerar los abusos a cambio de comida.
Previamente, la Sala 1 de la Cámara Federal de Casación Penal había confirmado la sentencia. Sin embargo, la defensa oficial de Carlos Rubén Ledesma, conocido como “Cospel”, interpuso un recurso en el que alegó supuestas violaciones al derecho de defensa y al principio de inocencia. Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti consideraron inadmisibles esos planteos y desestimaron la presentación.
Los hechos de abuso se extendieron entre 2013 y agosto de 2019 en la vivienda de Irma Magdalena Ponce, quien fue condenada por facilitar el acceso de los agresores a la joven. En el expediente se acreditó que la mujer la mantenía en condiciones de extrema vulnerabilidad y que la sometía a vejámenes cuando no aceptaba los pactos de abuso, entre ellos la privación de alimentos.
De acuerdo con lo determinado por la Justicia, la casa de la acusada estaba ubicada en las inmediaciones de un cortadero de ladrillos, situado a unos ocho kilómetros de la ciudad de Córdoba. En ese lugar trabajaban Ledesma, junto a otros imputados identificados como Sergio Daniel Carranza y Carlos Gabriel Balicki.
La Justicia provincial ya había dictado condenas contra los acusados, aunque uno de ellos apeló la sentencia en todas las instancias. Durante el período investigado, se estableció que los condenados mantuvieron relaciones sexuales forzadas de manera reiterada con la joven, recurriendo a violencia física y psicológica. Además, se comprobó que aprovecharon la situación de desamparo de la víctima y que se turnaban para abusarla, según quedó reflejado en el fallo.
Al declarar durante el juicio, la joven describió la dinámica de los hechos y afirmó que “la tenían como esclava”, que “iban llegando uno, después otro”. Incluso relató que “los que abusaban de mí hacían fila, sacaban turno, como un dispensario”.
Antes de estos episodios, la víctima había sido abandonada por su madre, por lo que no contaba con una red familiar ni un hogar estable. También se constató que carecía de formación escolar, habilidades de lectoescritura y recursos propios, circunstancias que, según la investigación, fueron aprovechadas por los responsables.


