Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha impulsada por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este día tiene como propósito central visibilizar los trastornos mentales y promover acciones que garanticen una atención integral, empática y accesible para todas las personas.
Más allá de ser una jornada de concientización, la efeméride busca derribar los estigmas sociales que aún pesan sobre quienes padecen problemas de salud mental, y fomentar una conversación global sobre el derecho a recibir apoyo psicológico con la misma legitimidad con la que se aborda cualquier otra condición de salud.
El propósito del Día Mundial de la Salud Mental
El objetivo principal de esta conmemoración es poner en primer plano los desafíos que enfrentan las personas con trastornos mentales, considerados una de las problemáticas más graves y extendidas de la sociedad contemporánea.
De acuerdo con la OMS, más de 970 millones de personas en el mundo viven con algún tipo de trastorno mental. Entre ellos, la depresión y los trastornos de ansiedad son los más frecuentes. En muchos casos, las consecuencias derivan en aislamiento, pérdida de vínculos, consumo problemático o incluso suicidio, que representa hoy una de las principales causas de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años.
Por ello, se insiste en la detección temprana y en el acceso a tratamientos adecuados, ya que intervenir a tiempo no solo mejora la calidad de vida, sino que también reduce costos sociales y económicos a largo plazo.

Simone Biles y el valor de priorizar la salud mental
Uno de los ejemplos más recientes de visibilización positiva fue el caso de la gimnasta Simone Biles, quien decidió retirarse temporalmente de la competencia durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 para priorizar su salud mental. Su regreso posterior a la competencia internacional demostró que “parar no es un viaje sin retorno”, sino un acto de valentía y cuidado personal.
El mensaje que transmitió Biles, junto a otras figuras públicas, marcó un cambio cultural: poner la salud mental en el centro no es debilidad, sino fortaleza. Su historia inspiró a millones de personas a reconocer sus límites, pedir ayuda y comprender que el bienestar emocional es tan importante como el físico.

El suicidio: una de las consecuencias más graves de los trastornos mentales
El suicidio no surge de un hecho aislado, sino como resultado de una serie de trastornos psicoafectivos y sociales que afectan progresivamente la estabilidad emocional de una persona. En la mayoría de los casos, está asociado a cuadros de depresión, ansiedad severa o consumo problemático de sustancias.
Los signos previos, muchas veces, no son evidentes. Algunas personas incluso muestran una aparente mejoría antes de tomar decisiones extremas, lo que subraya la importancia de mantener una escucha atenta, sin juicios y con empatía.
Hablar del suicidio de forma abierta y responsable es una herramienta clave de prevención. Reconocer los pensamientos suicidas, conversarlos con alguien de confianza y acudir a líneas de prevención o profesionales de la salud mental puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El 10 de septiembre, un mes antes de esta efeméride, se conmemora el Día Internacional para la Prevención del Suicidio, con el objetivo de concienciar al mundo de que el suicidio puede prevenirse si se detectan y acompañan a tiempo las señales de sufrimiento emocional.
Romper el silencio para desestigmatizar
Según explica la psicóloga Sol Buscio, hablar abiertamente sobre salud mental “ayuda a desestigmatizar las afecciones psicológicas y a fomentar una conversación más abierta y comprensiva sobre el tema”.
La especialista señala que muchas personas que atraviesan situaciones similares “se sienten aisladas o avergonzadas”, y que escuchar a otros compartir sus experiencias puede generar un efecto de acompañamiento y motivación para buscar ayuda.
“Cuanto más se habla del tema y más se involucra al entorno, mayor probabilidad hay de que una persona pueda salir adelante”, sostiene Buscio.
La psicóloga resalta además que visibilizar la salud mental como parte de la vida cotidiana permite derribar mitos, reducir prejuicios y promover espacios más empáticos tanto en el ámbito familiar como laboral y educativo.
El panorama en Argentina: una problemática que creció tras la pandemia
En Argentina, la salud mental también se ha convertido en un eje de preocupación creciente. Según un estudio del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), realizado luego de la pandemia, la presencia de trastornos mentales comunes osciló entre el 53% y el 71% de la población.
Entre jóvenes universitarios, los trastornos depresivos y de ansiedad alcanzaron cifras alarmantes, entre el 68% y el 84%, reflejando el impacto prolongado del aislamiento, la incertidumbre económica y el estrés social.
Estos datos ponen en evidencia la necesidad de políticas públicas sostenidas, con foco en la prevención, la atención primaria, la capacitación profesional y la creación de redes comunitarias que acompañen el bienestar emocional de la población.
Cuidar la mente es cuidar la vida
El Día Mundial de la Salud Mental es una oportunidad para recordar que no hay salud sin salud mental. Hablar, escuchar, acompañar y buscar ayuda son actos de autocuidado y también de solidaridad.
Reconocer el dolor emocional, sin miedo ni vergüenza, es el primer paso para construir sociedades más sanas, empáticas y humanas. La salud mental no es un lujo ni un privilegio: es un derecho fundamental que debemos proteger cada día.








