Soledad celebró 30 años en Cosquín con un show épico bajo la lluvia

La cantante de Arequito brindó un concierto histórico en la Plaza Próspero Molina, con invitados como Cazzu, Pedro Capó y Teresa Parodi, y un público que resistió hasta el amanecer.

Bautista, un bebé de siete meses, que sostuvo en brazos mientras la multitud coreaba la canción. El poncho empapado, el agua cayendo, la plaza cantando. (Prensa Cosquín)

La lluvia empezó a caer antes, pero nadie imaginó que iba a quedarse. Y mucho menos que se convertiría en protagonista. Cuando el reloj ya había pasado la una de la madrugada y la Plaza Próspero Molina estaba empapada, Soledad Pastorutti salió a escena para celebrar sus 30 años de carrera y terminó regalando una de las noches más intensas, emotivas y épicas que se recuerden en la historia del Festival Nacional de Folklore de Cosquín.

No fue un show más. Fue una resistencia compartida entre artista y público. Fue un acto de amor colectivo bajo el agua. Fue Cosquín siendo Cosquín.

Una luna sobre el público y una canción que lo dijo todo

El show comenzó cerca de la 1:30 de la madrugada con una imagen que ya quedó grabada: Soledad descendiendo desde una enorme esfera suspendida en el aire, una suerte de luna que se desplazó por encima del público hasta detenerse sobre el escenario. Mojada por la lluvia, iluminada por los reflectores, La Sole arrancó con “Sigo siendo yo”, una elección que funcionó como declaración de principios. Treinta años después, la identidad seguía intacta.

Sin pausa, siguió “Vivir es hoy”, ya acompañada por bailarines y músicos, mientras la lluvia marcaba el ritmo sobre la plaza. Entonces llegó la primera interacción con el público, que sería una constante durante toda la madrugada:
“¿Se la aguantan?”, preguntó.
“¡Sí!”, respondió la multitud al unísono, empapada pero firme.
“La noche es larga, les anticipo”, advirtió Soledad, casi como una promesa.

Y lo fue.

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Chacareras, clásicos y la lluvia como aliada

El show avanzó con una selección de chacareras, que encendieron la plaza pese al clima. Luego llegó “Quien dijo”, la canción compuesta junto a Kany García, y una seguidilla de temas populares que cruzaron generaciones: “Tu cárcel”, “Yo no te pido la luna”, y “La Valeria”, con su pulso latino, que aportó movimiento a una plaza que ya estaba empapada de emoción.

Lejos de quejarse por el clima, Soledad lo abrazó:
“Esta lluvia nos está dando lo mejor”, dijo, mientras cantaba y bailaba “Cómo me voy a olvidar”. No era una frase hecha. Era una lectura fina del momento. La lluvia había dejado de ser un obstáculo para transformarse en atmósfera.

Un homenaje al idioma y el primer invitado internacional

A los 45 minutos, llegó el primer cambio de vestuario y un nuevo capítulo del show. Soledad interpretó la luminosa “Hispano”, de Jorge Fandermole, en un homenaje explícito a la lengua, a la identidad y a la palabra como territorio común.

Luego presentó al primer invitado de la noche: Pedro Capó. “Vino de muy lejos”, dijo al anunciarlo. Juntos interpretaron “Piel canela”, una canción con historia propia: había sido un éxito en la voz de Bobby Capó, abuelo del artista puertorriqueño. El cruce no fue casual: tradición, herencia y continuidad, todo condensado en una sola escena.

Teresa Parodi y el respeto a la raíz

“Fuerte ese aplauso para una mujer con todas las letras, enorme autora, de ella es la primera canción que aprendí”, dijo Soledad antes de recibir a Teresa Parodi. El aplauso fue tan fuerte como sostenido. En una noche de celebración, el reconocimiento a quienes abrieron camino ocupó un lugar central.

Cosquín, incluso bajo la lluvia, seguía siendo ese espacio donde el folklore no solo se canta: se honra.

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Nahuel Pennisi, Cazzu y el diálogo generacional

Los invitados siguieron sucediéndose. Con Nahuel Pennisi, Soledad interpretó “Como un cisne”, de Luis Landriscina, sumando emoción y sensibilidad a una madrugada que ya era larga pero no pesada.

Y entonces llegó uno de los momentos más comentados de la noche. Soledad habló de las nuevas generaciones, de la visibilidad, de la importancia de mirar hacia adentro del país. Y presentó a Cazzu.

El tema elegido fue “Cómo será”. La cantante jujeña, visiblemente emocionada, agradeció el gesto de ser parte del show aniversario y dedicó la canción a su hermana, gran admiradora de Soledad desde la infancia. Bajo una lluvia que no daba tregua, el dueto fue respetuoso, profundo, sin imposturas. Dos mundos dialogando sin necesidad de explicarse.

La plaza escuchó en silencio. Después, aplaudió largo.

La lluvia no se detiene y el público tampoco

La lluvia seguía cayendo copiosa sobre la plaza. Nadie se movía. Con Sofía Morales y Lucas Boschiero, las voces que la acompañaron durante el concierto, Soledad interpretó el vallenato “Hoja en blanco”. Luego llegó “Cómo que no”, del uruguayo Gustavo Pena, que grabó junto a La T y La M y que, como destacó la artista, “hoy es tendencia en YouTube”.

El show no aflojaba. Tampoco la lluvia.

La Delio Valdez, folklore y fiesta

A las 2:50, el escenario giró y dejó frente al público a La Delio Valdez. Junto a Ivonne Guzmán, Soledad cantó “Nada tengo de ti”, de Horacio Guarany, sumando cumbia, folklore y una plaza que ya estaba entregada.

Luego llegó una selección de valsecitos, y tras escucharse la emblemática estrofa del Martín Fierro —“los hermanos sean unidos…”—, ingresó al escenario Natalia Pastorutti. Juntas compartieron un set de canciones que reforzó el carácter familiar y emocional de la noche.

Voces jóvenes, familia y aguante

Los hermanos Tobías y Tiago Lucero, de San Luis, irrumpieron con voces admirables para interpretar la zamba “De mi madre”. La emoción siguió creciendo. Natalia continuó acompañando a Soledad en una selección de clásicos, mientras la lluvia se volvía torrencial.

En un momento del show, la propia Soledad definió lo que estaba pasando con una sola palabra: “épico”. Y no exageraba.

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Escenas que quedan para siempre

El concierto dejó postales imborrables: Soledad sentada en el piso con un bebé en brazos; el momento en que la bañaron en espuma loca y siguió cantando con una corona verde con su nombre; la escena íntima de subir a su familia al escenario y dedicarle unas palabras al público.

Cada imagen sumó a una noche desbordada de despliegue, emoción y calor humano.

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Los clásicos y el cierre bajo la lluvia en Cosquín

Pasadas las 4 de la mañana, con el público completamente entregado, llegaron los clásicos que marcaron generaciones: “Bahiano”, “Tren del cielo”, “Entre a mi pago”, y una despedida falsa con “Salteñita de los Valles”, en homenaje a aquella primera vez.

Antes del cierre definitivo, Soledad presentó a sus músicos y llamó al escenario a sus hijas y a su marido, quienes le regalaron un bombo y le colocaron un poncho que no se sacó más.

A las 4:10, bajo la lluvia, cantó la emotiva “Brindis”. Desde el público le acercaron a Bautista, un bebé de siete meses, que sostuvo en brazos mientras la multitud coreaba la canción. El poncho empapado, el agua cayendo, la plaza cantando.

Así cerró Soledad una noche que no fue solo un show. Fue una declaración de amor mutuo entre una artista y su gente. Y una madrugada de Cosquín que, definitivamente, ya es parte de la historia.

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