Tras dos días de relativa calma en la capital iraní, los manifestantes volvieron a salir este viernes a las calles de los barrios orientales y occidentales de Teherán. De acuerdo con imágenes difundidas por activistas en redes sociales, los participantes corearon consignas contra el líder supremo del país, Ali Khamenei, entre ellas “Muerte al dictador”, en una nueva muestra del creciente malestar social.
Las protestas, que comenzaron el domingo pasado, tienen su origen en una profunda crisis económica. Irán atraviesa una inflación anual del 42%, mientras que entre noviembre y diciembre el aumento interanual alcanzó el 52%. A esto se suma la fuerte depreciación del rial, presionado por las sanciones impuestas por Estados Unidos y por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el marco del programa nuclear iraní.
Este contexto económico desató manifestaciones en más de 30 ciudades del país, incluida Teherán, configurando la mayor ola de protestas desde las revueltas de 2022. Las movilizaciones han reunido a distintos sectores de la sociedad y se expandieron con rapidez, reflejando un descontento que combina reclamos económicos con demandas políticas de mayor alcance.
Imágenes difundidas en redes sociales evidenciaron la magnitud de las protestas. Además de la capital, se registraron movilizaciones en ciudades como Marvdasht, Kuhdasht y Fuladshahr, donde cientos de personas participaron en los funerales de tres manifestantes fallecidos, expresando su rechazo a la República Islámica. También se reportaron protestas nocturnas en Mashhad, Shiraz y Zahedán.
Según datos de la organización no gubernamental iraní Hrana, con sede en Estados Unidos, durante los primeros cinco días de manifestaciones al menos siete personas murieron, 33 resultaron heridas y 119 fueron detenidas. En reiteradas ocasiones, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, lo que refleja el aumento de la tensión y la respuesta represiva de las autoridades ante la persistencia de las protestas.
Durante las movilizaciones, los participantes expresaron reclamos tanto económicos como políticos. Además de las consignas contra el régimen y el liderazgo de Khamenei, en ciudades como Marvdasht, Kuhdasht y Fuladshahr se escucharon gritos a favor del restablecimiento de la monarquía y de la dinastía Pahlaví. El príncipe heredero Reza Pahlaví reside en Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979. La diversidad de consignas expone el descontento de una parte de la población con el actual sistema político y el deseo de cambios profundos en el país.
La crisis también generó reacciones en el plano internacional. El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, instó a las autoridades iraníes a respetar la libertad de expresión y a garantizar el derecho de asociación y de reunión pacífica. El funcionario expresó su preocupación por las protestas en curso y por los informes de violencia registrados durante las movilizaciones.
“Estamos siguiendo con preocupación las protestas en curso y los informes de violencia”, señaló la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH) a través de su cuenta en la red social X, subrayando que todas las personas deben poder manifestarse pacíficamente y expresar sus reclamos.
En el plano político, el presidente estadounidense Donald Trump advirtió en la red Truth Social que Estados Unidos intervendría si las autoridades iraníes disparan contra los manifestantes, y aseguró que el país está preparado para actuar. Las autoridades iraníes rechazaron de manera unánime estas declaraciones. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, respondió también en X que cualquier interferencia de Estados Unidos provocaría una mayor desestabilización regional y advirtió sobre posibles consecuencias para los intereses estadounidenses, responsabilizando a Trump por agravar la situación.
