Luego de 25 años de negociaciones, el Consejo Europeo dio luz verde al Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un paso decisivo que permitirá avanzar hacia la firma definitiva del tratado. La confirmación llegó tras una reunión del Consejo de Representantes, donde los embajadores de los 27 países del bloque comunitario adelantaron sus posiciones y ratificaron que se habían alcanzado las adhesiones necesarias para aprobar la iniciativa.
La decisión volvió a quedar ratificada en el encuentro general del Consejo Europeo realizado este viernes en Bruselas. En esa instancia, 21 países votaron a favor, entre ellos Alemania, España e Italia, mientras que Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría se pronunciaron en contra. Bélgica, en tanto, optó por la abstención.
Con este aval, los Estados miembro del Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— aguardaban esta definición para comunicar el siguiente paso del proceso: la firma del acuerdo por parte de las autoridades del bloque sudamericano, formalizando el compromiso de todas las partes de avanzar con la implementación del tratado.
En ese marco, el canciller argentino Pablo Quirno confirmó a través de su cuenta oficial en la red social X que “luego de más de 30 años de negociaciones, firmaremos el 17 de enero en Paraguay un acuerdo histórico y el más ambicioso entre ambos bloques”.
Por el momento, no se difundieron detalles oficiales sobre cómo será la ceremonia. Sin embargo, una fuente relevante del Mercosur señaló que el acto en Asunción “podría realizarse a nivel ministerial”, lo que implicaría que los firmantes sean únicamente los cancilleres Pablo Quirno (Argentina), Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay), Mauro Vieira (Brasil) y Mario Lubetkin (Uruguay).
El Acuerdo Mercosur–Unión Europea se perfila como el mayor tratado comercial del mundo, al crear un mercado integrado de más de 700 millones de personas, concentrar cerca del 35% del comercio internacional y eliminar o reducir aranceles en más del 90% del intercambio bilateral.
En ese contexto, se descuenta que viajará a Paraguay la principal referente del bloque europeo, la presidenta del Consejo Europeo, Ursula von der Leyen, quien ya había participado en diciembre de 2024 de la Cumbre de Presidentes del Mercosur celebrada en Uruguay.
El presidente argentino Javier Milei mantiene su agenda despejada para esa fecha y crecen las expectativas de que también asistan los jefes de Estado de los países involucrados. “Siguen las buenas noticias”, publicó el mandatario en X. El primero en pronunciarse tras la aprobación fue el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien sostuvo que el acuerdo “implica el respaldo al comercio internacional como motor del crecimiento económico, beneficiando a ambos bloques”.
A su vez, el embajador de la Unión Europea en Argentina, Erik Høeg, celebró la decisión del Consejo y destacó que “estamos muy cerca de concretar un acuerdo histórico que abrirá nuevas oportunidades para la UE, Argentina y el Mercosur, y fortalecerá una asociación de beneficio mutuo y valores compartidos”.
Los avances informados por la Unión Europea en los últimos días impulsaron a las cancillerías del Mercosur a debatir la fecha de la firma y la foto final que simbolizará el cierre de las negociaciones. De hecho, durante la mañana, distintas agencias internacionales confirmaron que los embajadores europeos ya habían comunicado formalmente sus votos en el Consejo de Representantes.
Días atrás, Paraguay, en su rol de presidente pro tempore del Mercosur, había enviado una carta a los coordinadores de las negociaciones en Argentina, Brasil y Uruguay para advertirles sobre la inminente llegada de los textos finales, como señal concreta para comenzar a organizar la eventual ceremonia de firma.
Las diferencias internas dentro de Europa habían impedido que el acuerdo se firmara en diciembre, como pretendían Lula da Silva y Ursula von der Leyen. En ese entonces, se había evaluado postergar la rúbrica para el 12 de enero, aunque sin certezas claras.
Uno de los primeros líderes en expresar públicamente su rechazo fue el presidente francés Emmanuel Macron, quien anticipó su voto negativo a través de X. Allí argumentó que, si bien la diversificación comercial es necesaria, los beneficios económicos del acuerdo serían limitados para Francia y Europa, y no justificarían exponer sectores agrícolas sensibles.
Pese a las alarmas iniciales, en el ámbito diplomático se interpretó la postura de Macron como una estrategia para contener el malestar de los agricultores franceses, ya que puertas adentro se consideraba que el acuerdo contaba con los votos suficientes y no tenía marcha atrás.
Las posibilidades de aprobación se consolidaron cuando la Comisión Europea prometió un acceso anticipado a 45.000 millones de euros a partir de 2028 para el próximo presupuesto de la Política Agrícola Común (PAC), una concesión impulsada por la primera ministra italiana Giorgia Meloni para compensar los recortes previstos inicialmente.
El tratado se aprueba bajo la normativa europea con el respaldo de al menos el 55% de los países que representen como mínimo el 65% de la población de la UE. En ese esquema, Italia era el actor clave que mantenía la incertidumbre, aunque finalmente acompañó la iniciativa.
Otro factor que aceleró la decisión de von der Leyen fue el contexto geopolítico, marcado por las advertencias del presidente estadounidense Donald Trump sobre la soberanía de Groenlandia. Según fuentes diplomáticas, este escenario reforzó la necesidad estratégica de la UE de cerrar el acuerdo con el Mercosur.
“Es un incentivo estratégico clave para terminar de sellar el acuerdo”, afirmó una fuente del bloque sudamericano, mientras que un diplomático argentino remarcó que Europa “se está quedando sola en el nuevo escenario mundial”.
En línea con esa lectura, el embajador Høeg subrayó que, en un contexto internacional atravesado por crecientes tensiones, la UE y el Mercosur optan por “una integración inteligente basada en reglas, confianza mutua y complementariedad”.
El Acuerdo Mercosur–Unión Europea es un tratado político y comercial que busca fortalecer los vínculos entre ambas regiones mediante la apertura de mercados y la cooperación. Se estructura sobre tres pilares: el diálogo político y la promoción de los derechos humanos, la cooperación económica, social y ambiental, y la liberalización del comercio de bienes, servicios e inversiones.
Una vez ratificado, será el mayor acuerdo de libre comercio firmado por el Mercosur, al conformar un mercado de más de 700 millones de personas, concentrar cerca del 35% del comercio global y más del 30% del PBI mundial.
En el plano comercial, prevé la eliminación de la mayoría de los aranceles, facilita el acceso de productos agroindustriales del Mercosur a Europa, incorpora cuotas para carne, maíz y etanol, y regula el acceso a servicios y compras públicas. También reconoce indicaciones geográficas, lo que permite valorizar productos regionales.
El proceso de ratificación deberá pasar por el Parlamento Europeo y los congresos de los países del Mercosur. Si no surgen nuevos contratiempos, se estima que el acuerdo podría entrar en vigencia hacia finales de 2026, con beneficios que incluyen el aumento de exportaciones, la reducción de costos industriales, el impulso a las pymes y el acceso a programas y fondos europeos, tras un camino de negociación que se extendió por más de dos décadas debido a diferencias estructurales, crisis económicas y preocupaciones ambientales.


