El argentino Rafael Grossi planteó la necesidad de encarar una reforma profunda en la Organización de las Naciones Unidas, al sostener que el organismo requiere “menos grasa y más músculo” para recuperar eficacia y relevancia en el escenario global. Además, reconoció que le resulta “muy doloroso” que Brasil haya optado por respaldar a otra candidata en lugar de apoyar su postulación.
El actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica se refirió a este tema durante una entrevista con el diario Folha de São Paulo, en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí dejó abierta la posibilidad de que, con el avance del proceso, Brasil pueda reconsiderar su postura y acompañar su candidatura.
El país vecino decidió apoyar a la expresidenta chilena Michelle Bachelet, en sintonía con otros gobiernos de la región, mientras que el presidente argentino Javier Milei respalda a Grossi. Esta situación expone diferencias políticas en América Latina, aunque el diplomático insistió en que su candidatura no responde a una orientación ideológica.
“Soy un funcionario internacional independiente”, afirmó, al tiempo que remarcó su trayectoria de cuatro décadas en la diplomacia, gran parte de ella vinculada a Brasil.
A sus 63 años, Grossi aspira a reemplazar al actual secretario general de la ONU, António Guterres, en un contexto complejo para la organización. El organismo enfrenta cuestionamientos sobre su rol y atraviesa dificultades financieras, en parte por la reducción de aportes de Estados Unidos.
En ese sentido, el candidato subrayó que la elección del próximo líder será determinante en un escenario internacional atravesado por conflictos, fragmentación e incertidumbre. Según indicó, existe un creciente escepticismo sobre la capacidad de la ONU para aportar soluciones concretas.
Frente a este panorama, Grossi propuso una reestructuración que no se limite a recortes, sino que apunte a fortalecer el funcionamiento del organismo. “No se trata de una ONU débil o temerosa, sino de una institución más activa y eficiente”, explicó.
También advirtió sobre la superposición de funciones dentro del sistema internacional, al señalar que existen múltiples organismos abordando los mismos temas, lo que genera burocracia y reduce la efectividad.
Otro de los ejes de su propuesta es reconstruir el vínculo con las principales potencias, en especial con Estados Unidos, que aporta más del 22% del presupuesto del organismo. Según indicó, la reducción de fondos refleja un malestar más amplio que también comparten otros países, aunque no lo expresen abiertamente.
Consultado sobre un eventual respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó afirmaciones categóricas y aseguró que aspira a contar con el apoyo de todos los países clave.
En relación con la reforma del Consejo de Seguridad, consideró legítima la aspiración de Brasil a ocupar un asiento permanente, aunque aclaró que cualquier cambio deberá contemplar un equilibrio aceptable para todas las regiones.
El diplomático también se refirió a la cuestión de género en la conducción de la ONU y destacó la importancia de la igualdad. Señaló que la existencia de candidaturas femeninas garantiza ese principio y recordó que, durante su gestión en el OIEA, logró incrementar significativamente la presencia de mujeres en cargos jerárquicos.
Grossi defendió además su perfil equilibrado frente a críticas de distintos sectores, al mencionar que tanto Rusia como Ucrania lo acusan de parcialidad en sentidos opuestos, lo que —según sugirió— evidencia su posición independiente.
El proceso de elección del próximo secretario general requiere al menos nueve votos en el Consejo de Seguridad, donde las principales potencias —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— tienen poder de veto.
Por el momento, Grossi y Bachelet son los únicos candidatos formalmente presentados, aunque también circulan otros nombres como posibles aspirantes, entre ellos Rebeca Grynspan, María Fernanda Espinosa, Mia Mottley, Alicia Bárcena y Jacinda Ardern.
De acuerdo con una práctica informal de rotación regional, el próximo titular del organismo debería ser latinoamericano. El mandato de Guterres finaliza en enero de 2027 y el plazo para la presentación oficial de candidaturas se extiende hasta el 1 de abril.
