Este sábado al mediodía, en Asunción, Paraguay, se concretó uno de los acuerdos de asociación más relevantes a nivel global. Los cancilleres del Mercosur y representantes de la Unión Europea (UE) firmaron el documento final que habilitó una alianza estratégica que concentra aproximadamente el 25% del Producto Bruto Interno mundial y configura un mercado común de alrededor de 780 millones de personas, con potencial para redefinir los vínculos políticos y económicos entre ambos bloques.
La rúbrica del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE tuvo lugar a las 13.50 en el Gran Teatro “José Asunción Flores” del Banco Central de Paraguay. Salvo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, participaron todos los jefes de Estado de los países latinoamericanos firmantes: Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Yamandú Orsi (Uruguay), José Raúl Muliño (Panamá) y Santiago Peña (Paraguay), anfitrión del encuentro en su carácter de presidente pro tempore del Mercosur. En representación de la Unión Europea estuvieron presentes la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.
Si bien los mandatarios asistieron a la ceremonia, la firma formal fue realizada por los cancilleres del Mercosur: Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay), Pablo Quirno (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Fernando Aramayo (Bolivia), Mario Lubetkin (Uruguay) y Javier Martínez-Acha. Por el lado europeo, el acuerdo fue suscripto por el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič. Esta modalidad había sido definida semanas atrás por Paraguay, dado que en el esquema institucional de la UE los firmantes oficiales son los ministros.
Lula da Silva se excusó de asistir a Asunción al argumentar que no estaba prevista la presencia de presidentes en la firma. En el contexto de las tensiones políticas con Milei, el mandatario brasileño aprovechó un encuentro previamente agendado en Río de Janeiro con Costa y von der Leyen para evitar coincidir con el presidente argentino y, a la vez, capitalizar en un acto separado las gestiones que impulsó en los últimos meses para destrabar el tratado.
Milei arribó a la capital paraguaya a las 11 de la mañana, acompañado por el canciller Pablo Quirno; el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Fernando Brun; y el embajador argentino en Paraguay, Guillermo Nielsen.
Durante su discurso, el presidente argentino definió al acuerdo como el más importante en la historia del Mercosur y exhortó a profundizar este tipo de iniciativas dentro del bloque. Además, sostuvo que, independientemente de la postura de los demás socios, su gobierno continuará impulsando negociaciones bilaterales con países como Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes Unidos. “La Argentina no se detiene en este acuerdo. Debemos ser más dinámicos y acelerar en una economía global. Vamos a seguir promoviendo nuevas iniciativas comerciales con todos aquellos socios que compartan una visión de apertura de mercados y libertad”, expresó.
Aunque saludó a la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, Milei cuestionó a algunos dirigentes europeos por intentar introducir salvaguardas que, a su entender, desnaturalizan el espíritu del acuerdo al generar excepciones a las condiciones pactadas en el documento birregional.
En su intervención, también adelantó que enviará el acuerdo Mercosur-UE al Congreso durante las sesiones extraordinarias de febrero para lograr su aprobación lo antes posible. Desde el Gobierno señalaron que, una vez en vigencia, la Secretaría de Coordinación de Producción, encabezada por Pablo Lavigne, deberá adaptar los reglamentos técnicos a lo acordado en materia de reconocimiento mutuo y equivalencias, ajustar los procedimientos de evaluación de conformidad, establecer normas de origen que habiliten la autocertificación e implementar resoluciones anticipadas de origen.
Por su parte, el presidente paraguayo Santiago Peña resaltó la consolidación del acuerdo y sostuvo que Europa y Sudamérica “deben unirse para mostrar un camino diferente en un mundo complejo, inestable y peligroso”. En ese sentido, planteó la necesidad de construir un futuro que combine lo mejor de la cultura europea y sudamericana, con más integración, cooperación y humanidad. Si bien es uno de los principales aliados regionales de Milei, Peña buscó equilibrio político y mencionó en reiteradas oportunidades el rol de Lula en la concreción del tratado, momentos en los que el mandatario argentino optó por no aplaudir, en una de las escenas destacadas de la jornada.
Ursula von der Leyen, en tanto, subrayó que el acuerdo consolida a Europa como principal inversor extranjero en la región y beneficia a unas 60.000 empresas europeas. Además, remarcó la dimensión geopolítica del pacto y afirmó que la asociación permitirá coordinar acciones en temas globales, desde la protección ambiental hasta el fortalecimiento de la competitividad y la reforma de las instituciones internacionales.
Tras la firma, la Cancillería argentina difundió un comunicado en el que destacó que el acuerdo “abre nuevas oportunidades para la inserción internacional del Mercosur” y permitirá diversificar y ampliar la canasta exportadora, incorporando nuevos productos y servicios al comercio bilateral.
El acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea se presenta como una oportunidad estratégica para ambos bloques, con capacidad de modificar el escenario económico y geopolítico global. Incluye dimensiones comerciales, políticas y de cooperación, y da origen a uno de los espacios económicos integrados más relevantes, con entre 745 y 780 millones de habitantes y cerca del 25% del PIB mundial.
Entre sus principales lineamientos, el tratado contempla la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales, la reducción de barreras no arancelarias y la armonización de regulaciones en áreas como inversiones, propiedad intelectual y estándares sanitarios y técnicos.
Para el Mercosur, el acuerdo abre el acceso preferencial a uno de los mercados con mayor poder adquisitivo del mundo, con beneficios clave para el sector agroindustrial y para la exportación de minerales, alimentos procesados y manufacturas de origen agropecuario. Para la Unión Europea, en cambio, implica reforzar su presencia en América del Sur y diversificar proveedores estratégicos en un contexto de creciente competencia global. Según estimaciones, las empresas europeas podrían ahorrar hasta 4.000 millones de euros anuales en derechos aduaneros, mientras que los flujos de inversión directa desde Europa hacia el Mercosur podrían duplicarse.
En el caso argentino, la Cancillería proyectó que las exportaciones a la UE crecerán un 76% en los primeros cinco años de vigencia del acuerdo y hasta un 122% en un horizonte de diez años. De acuerdo con las estimaciones oficiales, las ventas pasarían de unos USD 8.641 millones en 2025 a USD 15.166 millones en cinco años y a USD 19.165 millones en una década. Los sectores con mayor dinamismo esperado son la energía y la minería, en especial los proyectos vinculados al litio, el cobre y los hidrocarburos.
Actualmente, el intercambio comercial entre ambos bloques supera los 111.000 millones de euros. Europa es un mercado clave para los productos agrícolas sudamericanos, mientras que el Mercosur representa un destino relevante para maquinaria, automóviles y productos químicos y farmacéuticos europeos. Sin embargo, la relación presenta asimetrías y desafíos: algunas manufacturas del Mercosur, como textiles, calzado y metalmecánica, enfrentarán una mayor competencia europea, mientras que sectores agrícolas del viejo continente expresan preocupación por la entrada de productos sudamericanos.
El acuerdo involucra a entre 745 y 780 millones de personas y cerca de una cuarta parte del PIB global. Entre los principales desafíos figuran la superación de obstáculos políticos y regulatorios, la implementación de políticas compensatorias y la adaptación de sectores sensibles y pymes. También será clave cumplir con las exigencias ambientales europeas en materia de deforestación, trazabilidad y derechos laborales, lo que demandará inversiones y cambios productivos en el Mercosur.
Un informe de la consultora ABECEB destacó la fuerte dimensión geopolítica del tratado: para la Unión Europea, representa una herramienta para reducir la dependencia de Asia y reforzar su influencia en América del Sur; para el Mercosur, implica diversificar alianzas, disminuir la dependencia de China y reposicionarse como actor relevante en el comercio internacional.
La viabilidad final del acuerdo dependerá de la capacidad de ambos bloques para sostener el proceso en contextos de volatilidad política y presiones internas. En Europa, la oposición de algunos países mantiene en suspenso la ratificación plena, mientras que en el Mercosur la falta de una institucionalidad supranacional obliga a que cada Estado miembro lo apruebe de manera individual. Como alternativa, se evalúa un Acuerdo Interino que permitiría aplicar de forma inmediata la parte comercial, aunque su entrada en vigor también requerirá la aprobación del Parlamento Europeo y la ratificación de todos los países del Mercosur.
