La frase fue una señal de alarma. “Acelerá, ahí viene mi ex”, dijo Morena cuando vio aproximarse a gran velocidad a Abiel Salazar a bordo de un Fiat Mobi. La joven, de 17 años, iba como acompañante en una moto CG 150 cc y le hablaba al conductor. No era una exageración: el miedo tenía fundamento.
La persecución resultó extrema y se prolongó durante unas 20 cuadras. Durante ese trayecto, el auto que los seguía llegó a rozarlos, incluso a la altura de las piernas, aunque no consiguió tirarlos. Hasta que llegó el impacto definitivo.
El hecho ocurrió el 20 de enero en la esquina de Pedro Goyena y Almeida, en la ciudad entrerriana de Villaguay. Pero la secuencia no terminó en ese punto.
Como consecuencia del choque, los dos jóvenes salieron despedidos de la moto. Morena sufrió una contusión en el pulmón derecho, una pierna con lesiones importantes, múltiples hematomas y raspones en distintas partes del cuerpo. Además, un golpe en la cabeza le generó amnesia temporal. El amigo que la acompañaba terminó con fracturas en la cadera y en la tibia.
Sin embargo, la peor parte la padecieron los ocupantes de un Renault 12 contra el que Salazar impactó de lleno mientras, según la reconstrucción, intentaba alcanzar a su ex pareja, madre de su hija. En ese vehículo viajaban cinco personas: cuatro resultaron gravemente heridas y una murió.
La víctima fatal fue Garay Roque Elesio, de 74 años. Por este hecho, Salazar fue arrestado e imputado por homicidio culposo —es decir, sin intención— y permanece en prisión preventiva.
Ahora, Belén y su madre, Mariana González, piden que la acusación se amplíe y se lo investigue también por intento de femicidio. Temen que pueda recuperar la libertad.
“Todo empezó hace dos años. Él tenía 25 cuando la conoció y ella 15. Yo me opuse desde el inicio, hice denuncias. Fui varias veces a la Comisaría de Familia y Minoridad de Villaguay, pero solo me decían que llevara a mi hija al psicólogo, que no podían intervenir”, relató Mariana.
A pesar de los intentos por separarlos, la relación siguió y, al año, nació la hija de ambos. Morena se mudó a vivir con Salazar. “Me di cuenta de que era violento cuando pasé dos días sin saber nada de ella. No venía a casa, solo mandaba mensajes por WhatsApp. Fui a buscarla y encontré todo cerrado. Mi hija salió llorando: la había golpeado, insultado y escupido. También la amenazaba con quitarle a la beba, por eso no se iba. Me la llevé”, contó.
Según su testimonio, una semana después él volvió a acercarse, a pesar de tener una restricción de contacto y un botón antipánico. “La manipuló para que regresara. Le llenó la cabeza. Volví a denunciar que había violado la orden. Esa vez, la policía la trajo a mi casa”, agregó.
Con el tiempo, Morena empezó terapia y logró tomar distancia. Sin embargo, el hostigamiento no cesó. “Pasaba por la puerta de casa y se quedaba en la esquina. Las restricciones no sirven”, sostuvo la mujer.
Luego describió lo ocurrido la noche de la persecución: “El día que intentó matarla, Morena salió a dar una vuelta con un amigo. Él la vio, gritó su nombre y, como ella siguió, se subió al auto y empezó a seguirlos. Se descontroló. Nunca la había visto con otra persona”.
Mariana también denunció amenazas posteriores. “Recibimos mensajes de él y de su familia. Tenemos audios y los vamos a presentar en la Justicia. Pero hay que esperar que termine la feria judicial para que nos den audiencia y pedir que lo imputen por haber intentado asesinarla”, explicó con preocupación.
De acuerdo con su madre, la adolescente continúa muy afectada y “habla todo el tiempo del accidente”. En su entorno están convencidos de que la intención de Salazar no era solo perseguirla, sino matarla.
