Las graves inundaciones que afectan al sur y centro de Mozambique ya impactaron a más de medio millón de personas, principalmente en las provincias de Gaza, Maputo y Sofala, de acuerdo con información de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Durante una conferencia de prensa brindada desde la ciudad de Xai-Xai, la jefa de OCHA en Mozambique, Paola Emerson, explicó que las lluvias persistentes, junto con las descargas constantes de agua de las represas para prevenir fallas estructurales, provocaron una situación crítica que se agrava día a día con inundaciones generalizadas.
Emerson detalló que el impacto del fenómeno alcanzó de manera severa a las instalaciones sanitarias, las rutas y otras infraestructuras esenciales. En total, cerca de 5.000 kilómetros de carreteras en nueve provincias resultaron dañados, incluida la principal autopista que une la capital, Maputo, con el resto del país, lo que dificulta el acceso a las zonas afectadas y altera las cadenas de suministro.
A este panorama se suma la pérdida de más de 27.000 cabezas de ganado, según informaron autoridades locales, un golpe que profundiza la inseguridad alimentaria y afecta directamente los ingresos de miles de familias.
Ante la emergencia, el Gobierno de Mozambique continúa con tareas de búsqueda, rescate y traslado de personas hacia áreas más seguras, con el respaldo de organizaciones humanitarias.
Actualmente, funcionan 51 centros de refugio temporal que alojan a más de 50.000 personas desplazadas en todo el país, de las cuales alrededor de 38.000 se encuentran únicamente en la provincia de Gaza.
El avance de las aguas también provocó la anegación de la ciudad de Xai-Xai, ubicada en cercanías del río Limpopo, lo que obligó a realizar evacuaciones preventivas y a emitir alertas de seguridad pública, incluyendo advertencias por la posible presencia de cocodrilos en las zonas inundadas.
En este contexto, el jefe de Comunicaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Guy Taylor, advirtió que el desastre representa una amenaza directa para la vida de los niños y que la situación podría empeorar con la llegada inminente de la temporada de ciclones.
Taylor precisó que, de los aproximadamente 513.000 damnificados, más de la mitad son niños, muchos de los cuales se encuentran viviendo en refugios temporales, expuestos a múltiples riesgos sanitarios y sociales.
