El Gobierno de Pakistán informó que alrededor de 200 personas murieron en las últimas 48 horas como consecuencia de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la guerrilla separatista del Ejército de Liberación de Baluchistán (ELB) en la provincia de Baluchistán, ubicada en el suroeste del país. Según el balance oficial, las víctimas fatales incluyen 145 milicianos, 17 miembros de las fuerzas de seguridad y 18 civiles. Sin embargo, el grupo insurgente sostiene que la cifra real de policías y militares muertos se acerca a los 85.
Los combates se intensificaron luego de que el ELB lanzara en la madrugada del jueves al viernes la denominada Operación Herof, también conocida como Tormenta Negra, contra posiciones de seguridad paquistaníes. La ofensiva se caracterizó por una serie de ataques casi simultáneos en la capital provincial, Quetta, y en al menos otras 15 poblaciones de Baluchistán.
En este contexto, se difundieron imágenes de vehículos dañados en una comisaría de policía tras los ataques de militantes en Quetta, ocurridos el 1 de febrero de 2026, que reflejan la magnitud de los enfrentamientos registrados en la zona.
Mientras el país enfrenta otros focos de tensión internacional, como la crisis energética agravada por la ola de frío en Ucrania y los apagones que alcanzan a Moldavia, la situación en Baluchistán se consolida como uno de los principales desafíos de seguridad para Islamabad.
El líder del ELB, Bashir Zeb Baloch, anunció el inicio del denominado “día del sacrificio” y convocó a la movilización del pueblo baluche con el objetivo de concretar antiguas reivindicaciones soberanas en una de las provincias más pobres y postergadas de Pakistán. De acuerdo con el balance difundido por el grupo armado este domingo y recogido por medios de la India, más de 80 efectivos de seguridad paquistaníes habrían muerto durante los asaltos.
En paralelo a otras noticias internacionales destacadas, como celebraciones culturales de origen celta en Europa, el conflicto en Baluchistán continúa dejando postales de violencia. Entre ellas, imágenes de carreteras acordonadas tras ataques militantes en Quetta, tomadas el 1 de febrero de 2026, que muestran el despliegue de seguridad en distintos puntos estratégicos de la ciudad.
Desde el Gobierno paquistaní rechazan de plano las motivaciones del ELB y sostienen que el grupo actúa como parte de una ofensiva encubierta impulsada por India. Islamabad acusa a Nueva Delhi de brindar apoyo tanto a esta organización separatista como a los denominados “talibanes paquistaníes”, algunos de los cuales, según las autoridades, habrían participado en los enfrentamientos recientes.
En una conferencia de prensa ofrecida este domingo en Quetta, el ministro principal de Baluchistán, Sarfraz Bugti, presentó el balance oficial de víctimas y cuestionó duramente el discurso del grupo insurgente. Afirmó que las reivindicaciones identitarias del ELB son solo un pretexto y los acusó de utilizar a mujeres y niños como “combustible de guerra”. “Un terrorista no es más que un terrorista”, sentenció el funcionario, en declaraciones reproducidas por medios locales.
Mientras en Medio Oriente se registran avances puntuales como la reapertura parcial del cruce de Rafah entre Gaza y Egipto, la violencia en Pakistán continúa sin señales inmediatas de distensión.
Por su parte, el ELB difundió un comunicado firmado por su portavoz, Jeeyand Baloch, en el que eleva a 84 la cifra de efectivos de seguridad muertos durante los ataques. Según su versión, decenas de personas resultaron heridas y al menos 18 fueron capturadas. Además, el grupo asegura haber tomado control de unas 30 propiedades estatales, entre ellas cárceles y puestos de control.
Otras imágenes difundidas muestran puertas acribilladas a balazos en comisarías de policía de Quetta, evidencia del impacto directo de los ataques ocurridos el 1 de febrero de 2026.
En su mensaje, el ELB sostuvo que su política establece que la policía o las fuerzas locales que no se enfrenten a los combatientes no sufrirán daños. No obstante, justificaron los asesinatos al señalar que, según su criterio, allí donde la policía fue atacada fue porque colaboró con el Ejército paquistaní e intentó frenar el avance de los insurgentes.
El comunicado concluye con una advertencia explícita: cualquier persona, incluso de origen baluche, que colabore con el Ejército o intente obstruir a los combatientes será tratada como enemigo. Además, el grupo afirma que el Ejército paquistaní ha fracasado en varios puntos, incluidas zonas urbanas centrales de Quetta, y sostiene que sus combatientes continúan presentes y mantienen posiciones en distintos sectores.
