Elecciones presidenciales en Portugal: António José Seguro se impone en la primera vuelta y enfrentará a André Ventura en el balotaje

La participación rompió todos los récords históricos y confirmó un escenario de alta polarización política rumbo a la segunda vuelta del 8 de febrero.

António José Seguro, encabeza la primera vuelta, pero deberá enfrentarse a una segunda cita electoral contra André Ventura.Foto Montaje Portal Ciudad.

El socialista António José Seguro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Portugal y deberá enfrentarse en la segunda instancia al candidato de ultraderecha André Ventura. Los comicios estuvieron marcados por una afluencia inédita de votantes, que superó todos los registros históricos de participación en el país.

Más de 11 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas para elegir al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de la República desde 2016. De ese total, alrededor de 1,7 millones residen en el extranjero. Con más del 99% de los colegios electorales escrutados, Seguro, exlíder del Partido Socialista, encabezó el recuento con el 31% de los votos, mientras que Ventura, líder del partido Chega, se consolidó en el segundo lugar con el 23%, asegurando su pase a la segunda y definitiva ronda electoral.

Las elecciones presidenciales registraron niveles de participación sin precedentes. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría General del Ministerio de Administración Interna, el 45,51% del electorado ya había votado antes de las 16.00 horas. Esta cifra no solo superó el total de participación alcanzado en las presidenciales de 2021, que fue del 39,24%, sino que además representó un incremento de diez puntos porcentuales respecto del mismo tramo horario de aquella elección, celebrada en plena pandemia.

Un proceso electoral que desemboca en segunda vuelta

Desde la Revolución de los Claveles, en 1974, Portugal no había atravesado unas elecciones presidenciales con un nivel de incertidumbre tan elevado. Los sondeos previos coincidían en que ningún aspirante lograría superar el 50% de los votos en la primera vuelta. La confirmación de una segunda ronda era, por tanto, un escenario altamente probable, aunque solo se había producido una vez desde el restablecimiento de la democracia, en 1986.

La actual convocatoria se desarrolla en un contexto de fuerte fragmentación política. El Parlamento portugués presenta hoy una polarización mucho mayor que hace una década, con la derecha controlando cerca del 70% de los escaños y una extrema derecha consolidada como segunda fuerza política.

Los centros de votación abrieron a las ocho de la mañana, hora local, en el territorio continental y en Madeira, y permanecieron abiertos hasta las 19.00 horas. En el archipiélago de las Azores, debido a la diferencia horaria, el cierre se produjo una hora más tarde, convirtiéndose en la última región en finalizar la jornada electoral. El voto de los portugueses residentes en el exterior, repartidos por Europa, América y otras regiones del mundo, adquiere un peso especial ante la previsión de un resultado ajustado y sin mayorías claras.

Cinco candidaturas y el debilitamiento del bipartidismo

Entre los principales aspirantes a pasar a la segunda vuelta figuraban representantes de los partidos que se han alternado el poder en Portugal desde 1974. Luís Marques Mendes, respaldado por el Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha) y por el primer ministro Luís Montenegro, partía como favorito. Sin embargo, el desgaste generado por su actividad privada y su rol como consultor afectaron sus posibilidades en el tramo final de la campaña, una tendencia reflejada en las encuestas.

António José Seguro protagonizó una remontada inesperada. Tras varios años en un segundo plano dentro del socialismo portugués y cuestionado durante el período de la troika por su perfil moderado, centró su campaña en la defensa de la sanidad pública y en un discurso institucional orientado al electorado centrista. Los sondeos lo ubicaban en un empate técnico con Mendes dentro del espacio progresista.

Por fuera de los grandes partidos, tres candidatos buscaron romper el equilibrio tradicional. André Ventura, líder de Chega, alcanzó una intención de voto cercana al 24%. Definido por él mismo como un “radical”, Ventura basó su campaña en un rechazo explícito al sistema democrático surgido en 1974, con mensajes xenófobos y racistas —algunos de ellos retirados por orden judicial— y una reivindicación del régimen anterior. No obstante, en los últimos días intentó moderar su discurso para proyectar una imagen más institucional de cara a la segunda vuelta, una estrategia que, según analistas, podría fortalecer su rol como principal referente opositor incluso en caso de derrota.

También ganaron visibilidad el almirante retirado Henrique Gouveia e Melo, exjefe del Estado Mayor de la Defensa y figura destacada durante la campaña de vacunación contra el covid, quien se presentó como independiente, y el liberal João Cotrim Figueiredo, vinculado a Iniciativa Liberal. Ambos vieron debilitadas sus opciones: el primero por el endurecimiento del clima electoral y el segundo por una denuncia de acoso sexual y por su posicionamiento frente a la candidatura de Ventura.

Polarización y debate institucional

El sistema político portugués, de carácter semipresidencialista, confiere al presidente atribuciones relevantes, como la facultad de disolver la Asamblea, vetar leyes o forzar la dimisión del Gobierno. Sin embargo, en las últimas décadas, la figura presidencial ha actuado con cautela y como elemento moderador. La posibilidad de que un candidato populista alcance la presidencia reavivó el debate sobre el alcance de esos poderes y su impacto en el equilibrio institucional.

Dirigentes políticos y analistas coinciden en que la presencia de Ventura en la segunda vuelta podría movilizar el voto democrático en torno a su principal adversario, aunque también subrayan la fortaleza y lealtad del electorado de Chega, considerado uno de los más movilizados del escenario político portugués.

El resultado de la jornada no despeja todas las incógnitas, pero consolida un panorama de fuerte polarización y deja planteada una segunda vuelta, prevista para el 8 de febrero, en la que se definirá el rumbo político e institucional de Portugal.

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