La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, se impuso en las elecciones legislativas celebradas este martes, pero no logró la mayoría necesaria para gobernar, lo que deja un escenario político fragmentado y obliga a negociar con el partido centrista Moderados, liderado por Lars Løkke Rasmussen, que emerge como el árbitro clave para la conformación del próximo gobierno.
El bloque de centroizquierda encabezado por Frederiksen logró imponerse según los sondeos a pie de urna y los primeros resultados parciales. Sin embargo, ninguno de los dos grandes bloques consiguió los escaños necesarios para formar gobierno por sí solo, lo que abre una etapa de negociaciones para la construcción de una coalición.
Las encuestas de salida difundidas por la televisión pública DR y la cadena TV2 otorgaron al denominado bloque “rojo” —integrado por los socialdemócratas, el Partido Social Liberal, la Izquierda Verde ecosocialista, la Alianza Roja-Verde y Alternativa— entre 83 y 86 escaños de los 179 que componen el Folketing, el parlamento unicameral de Dinamarca.
Por su parte, el bloque “azul”, conformado por Venstre, la Alianza Liberal, los Conservadores y otras formaciones, obtenía entre 75 y 78 bancas. En ese contexto, el Partido Moderado, con una proyección cercana a los 14 escaños, se posicionaba como la fuerza decisiva para inclinar la balanza y definir la futura mayoría.
No obstante, los primeros resultados del escrutinio, con cerca del 30% de los votos contabilizados, modificaron parcialmente ese panorama. El bloque conservador pasó a liderar por un estrecho margen de 82 escaños frente a 80 del bloque rojo, mientras que los Moderados se proyectaban con 13 bancas. El recuento definitivo se esperaba para las primeras horas del miércoles.
Frederiksen, de 48 años y al frente del gobierno desde 2019, había convocado elecciones anticipadas en febrero, varios meses antes de lo previsto. La estrategia buscaba aprovechar el respaldo político obtenido tras su firme postura frente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien había planteado el control de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca.
En enero, la primera ministra advirtió que una eventual anexión forzada de Groenlandia significaría el fin de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La tensión diplomática se redujo posteriormente cuando Washington accedió a iniciar conversaciones técnicas con Copenhague y Nuuk para avanzar en un acuerdo de seguridad en el Ártico.
Sin embargo, el impacto electoral de la crisis groenlandesa fue menor al esperado. Aunque la postura de Frederiksen mejoró su imagen y generó un repunte en las encuestas, el tema no dominó la campaña debido a que existe un consenso político amplio sobre la pertenencia del territorio al Reino de Dinamarca. En cambio, la campaña estuvo marcada por temas internos como la inflación, el costo de vida, las pensiones y la propuesta gubernamental de implementar un impuesto a las grandes fortunas.
Los socialdemócratas obtuvieron alrededor del 21% de los votos, lo que representaría el peor resultado del partido en más de un siglo, muy por debajo del 27,5% logrado en 2022. La coalición saliente —que unía a socialdemócratas, el liberal Venstre y los Moderados— también sufrió un retroceso significativo, ya que Venstre se encaminaba a su peor desempeño electoral en 156 años.
En este escenario, el principal beneficiado fue Lars Løkke Rasmussen, canciller y líder del Partido Moderado, quien se perfila como el articulador de la futura mayoría parlamentaria. Ex primer ministro y figura experimentada de la política danesa, Rasmussen señaló tras emitir su voto que el proceso electoral busca preparar a Dinamarca para “un mundo mucho más incierto que el que conocíamos”.
Desde la derecha, el Partido Popular Danés, de postura antiinmigración, también aparece entre los ganadores de la jornada, con una recuperación importante respecto a las elecciones de 2022.
El sistema proporcional danés suele derivar en gobiernos de coalición tras intensas negociaciones, y en esta ocasión el mapa electoral podría obligar a acuerdos que superen las divisiones tradicionales entre bloques. Si logra un tercer mandato, Frederiksen podría convertirse en la dirigente más longeva en el poder en Dinamarca desde la Segunda Guerra Mundial, aunque las conversaciones que se abren anticipan una negociación compleja para definir el próximo gobierno.
