El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, felicitó este domingo a los gobiernos de Tailandia y Camboya por el acuerdo de alto el fuego alcanzado el sábado, que puso fin a tres semanas de intensos enfrentamientos en la frontera común. El conflicto dejó más de 40 muertos y cerca de un millón de personas desplazadas, según cifras oficiales.
A través de un mensaje publicado en su red social Truth Social, el líder republicano celebró la rapidez del entendimiento y destacó la intervención estadounidense. “Quiero felicitar a ambos grandes líderes por su brillantez al llegar a esta rápida y muy justa conclusión. ¡Fue rápido y decisivo, como deberían ser todas estas situaciones!”, escribió Trump, quien agregó que Washington se siente “orgulloso de ayudar” en la resolución del conflicto.
Antes de mantener este domingo una reunión con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, Trump volvió a subrayar su autoproclamado rol como mediador internacional y lanzó una dura crítica a las Naciones Unidas. “Quizás Estados Unidos se haya convertido en la verdadera Organización de las Naciones Unidas, que ha sido de muy poca ayuda en ninguno de ellos, incluido el desastre que ocurre actualmente entre Rusia y Ucrania”, afirmó.
El acuerdo entre los dos países del sudeste asiático fue anunciado oficialmente el sábado e incluye un “alto el fuego inmediato” tras semanas de hostilidades que reavivaron una antigua disputa por la delimitación de una frontera de unos 800 kilómetros y la soberanía sobre varios templos históricos. Según una declaración conjunta obtenida por la AFP del lado camboyano, la tregua entró en vigor a las 05:00 GMT y permitirá que los civiles desplazados regresen a sus hogares “lo antes posible, sin obstáculos y con total seguridad y dignidad”.
El alto el fuego contempla, además, la devolución segura de los desplazados y el desminado de las zonas fronterizas afectadas por los combates. La escalada del conflicto se había iniciado el 7 de diciembre con el uso de artillería pesada, tanques, drones y aviones de combate, lo que rompió una tregua previa cuya obtención también había sido atribuida por Trump. Los balances oficiales indican 47 fallecidos: 26 del lado tailandés y 21 en Camboya, en medio de acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad inicial de los enfrentamientos.
El acuerdo fue firmado por los ministros de Defensa de ambos países y establece la congelación de posiciones militares, el desminado de áreas sensibles y la cooperación policial para combatir la ciberdelincuencia. Bangkok, además, se comprometió a liberar a 18 soldados detenidos tras 72 horas de alto el fuego efectivo, un período que el ministro de Defensa tailandés, Nattaphon Narkphanit, definió como “de observación para confirmar que el alto el fuego es real”. En un discurso pronunciado el sábado, Narkphanit describió la tregua como “una puerta hacia una resolución pacífica”.
La iniciativa fue bien recibida por la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, consideró el acuerdo un paso positivo para “aliviar el sufrimiento de civiles, poner fin a las hostilidades actuales y crear un ambiente propicio para alcanzar una paz duradera”. En la misma línea, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, saludó el entendimiento y llamó a ambas partes a respetarlo “de inmediato”.
El trasfondo del conflicto se remonta a una disputa histórica sobre el trazado fronterizo impuesto durante el período colonial francés y la soberanía sobre templos como Preah Vihear, declarado Patrimonio de la Humanidad. A pesar del cese de hostilidades, la durabilidad de la tregua sigue siendo incierta, ya que la cuestión limítrofe de fondo permanece sin una solución definitiva.
Durante los últimos meses, la mediación internacional resultó clave. Tras varios intentos fallidos y la suspensión de un alto el fuego firmado en octubre en Kuala Lumpur, Tailandia y Camboya aceptaron retomar el diálogo directo bajo la presión de China y Malasia, y en el marco de una reunión de emergencia de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).
El primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, sostuvo el viernes: “Pueden confiar en Tailandia. Siempre respetamos nuestros acuerdos y compromisos. Que esta firma sea la última, para que se restablezca la paz y nuestro pueblo pueda volver a casa”. En ese contexto, el país se prepara además para elecciones legislativas previstas para el 8 de febrero.
Tras la entrada en vigor de la tregua, autoridades de ambos países confirmaron que los primeros desplazados comenzaron a regresar a sus hogares, en lo que representa el primer gesto concreto de alivio humanitario luego de semanas de violencia.
