Día del Bailarín de Tango: por qué se celebra cada 7 de febrero en homenaje a “El Cachafaz”

Ovidio José Bianquet, Cachafaz.

Cada 7 de febrero se celebra en Argentina el Día del Bailarín de Tango, una fecha cargada de historia y sentido cultural. No es una elección al azar ni una efeméride decorativa: recuerda el fallecimiento de José Ovidio Bianquet, más conocido como “El Cachafaz”, una de las figuras más influyentes y fundacionales del tango bailado.

Hablar del bailarín de tango es hablar de identidad, de barrio, de códigos no escritos y de un lenguaje corporal que atraviesa generaciones. Y si hay un nombre que sintetiza ese ADN tanguero, es el de El Cachafaz.

¿Por qué el 7 de febrero es el Día del Bailarín de Tango?

La fecha remite al 7 de febrero de 1942, día en que falleció José Ovidio Bianquet. Su figura marcó un antes y un después en la forma de bailar tango. No fue solo un bailarín destacado: fue un creador de estilo, un referente que ayudó a definir la estética, la técnica y el espíritu del tango porteño.

Por eso, cada 7 de febrero se honra a quienes, como él, expresan el tango desde el cuerpo, el abrazo y la caminata. El homenaje no es nostálgico: es un reconocimiento vivo a quienes mantienen la tradición en movimiento.

Quién fue José Ovidio Bianquet, “El Cachafaz”

Nacido en Buenos Aires a fines del siglo XIX, El Cachafaz fue uno de los primeros grandes bailarines de tango profesional. Su apodo, que en lunfardo remite a alguien pícaro y atrevido, le calzaba justo: tenía presencia, estilo y una manera de bailar que llamaba la atención sin necesidad de exagerar.

Bailó en:

  • Teatros
  • Cafés
  • Cabarets
  • Escenarios internacionales

Fue uno de los primeros en llevar el tango fuera del ámbito estrictamente popular y hacerlo visible como expresión artística. Junto a su compañera Carmencita Calderón, formó una dupla histórica que ayudó a consolidar el tango danza como espectáculo.

El bailarín de tango: mucho más que pasos

El tango no se baila de memoria, se baila de escucha. Por eso el bailarín no es un ejecutor automático, sino un intérprete emocional. Cada movimiento responde a la música, al espacio y al otro cuerpo que abraza.

Algunas claves que definen al bailarín:

  • Improvisación constante
  • Conexión profunda con la pareja
  • Dominio del equilibrio y la pausa
  • Capacidad de diálogo corporal

La técnica sirve si no se nota. Y eso lo entendió El Cachafaz mucho antes de que existieran academias formales.

De los barrios porteños al mundo

Nació en los márgenes: patios, conventillos, arrabales y puertos. Durante años fue mal visto, resistido y hasta censurado. Sin embargo, gracias a bailarines como El Cachafaz, el género cruzó fronteras y ganó legitimidad cultural.

Hoy es:

  • Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
  • Parte de la identidad argentina
  • Lenguaje universal en milongas de todo el mundo

Y en ese recorrido, el bailarín fue y sigue siendo el gran embajador.

Tango de pista y tango escenario: dos expresiones, una raíz

Se divide, a grandes rasgos, en dos estilos principales:

Tango de pista (o social)
Es el que se baila en la milonga. Respeta códigos, prioriza la circulación y el abrazo. No busca el aplauso, busca la conexión.

Tango escenario
Pensado para el espectáculo. Más amplio, coreográfico y visual. Exige entrenamiento técnico y presencia escénica.

El Cachafaz fue pionero en tender puentes entre ambos mundos, demostrando que el podía ser íntimo y teatral sin perder autenticidad.

El rol actual del bailarín y la bailarina

Hoy se transforma. Las nuevas generaciones cuestionan roles rígidos, incorporan el cambio de roles, amplían miradas y actualizan el lenguaje sin romperlo.

Las bailarinas y disidencias:

  • Reescriben la narrativa tradicional
  • Lideran procesos creativos
  • Enseñan, investigan y producen

El tango sigue vivo porque quienes lo bailan no lo congelan en el pasado.

Ser bailarín hoy: vocación y resistencia

Detrás del brillo del escenario hay una realidad compleja:

  • Trabajo inestable
  • Autogestión constante
  • Lesiones físicas
  • Falta de reconocimiento económico

Aun así, el bailarín persiste. Porque no se trata solo de un trabajo: es una forma de estar en el mundo.

Celebrar el Día del Bailarín también es reconocer esa entrega silenciosa.

Conclusión: el legado de El Cachafaz sigue bailando

Cada 7 de febrero, se recuerda a José Ovidio Bianquet, El Cachafaz, pero sobre todo celebra a quienes hoy siguen poniendo el cuerpo para que el género no se convierta en museo.

Mientras haya alguien que abrace, camine y escuche la música con respeto, seguirá vivo.
Y mientras exista un bailarín dispuesto a contar una historia sin decir una palabra, el legado de El Cachafaz seguirá girando en cada pista.

El tango no se explica.
Se baila.

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