El brutal crimen que ocurrió en Villa Crespo, donde una mujer asesinó a su familia y luego se suicidó, vuelve a poner el foco en el impacto de los trastornos mentales no tratados. La principal hipótesis del caso es que Laura Leguizamón fue responsable del hecho, y podría haber sufrido un episodio de síndrome de Amok, una rara y extrema expresión de violencia vinculada a la psicopatología grave.
🔍 ¿Qué es el síndrome de Amok?
El síndrome de Amok, cuyo nombre proviene del sudeste asiático y significa “atacar con furia sin control”, es una forma de violencia repentina y descontrolada que, aunque no está listada como diagnóstico autónomo en el DSM-5, es reconocido como un síndrome cultural por la psiquiatría.
Se manifiesta comúnmente en personas que atraviesan periodos de depresión profunda, aislamiento o psicosis, y suele culminar con agresiones fatales a personas del entorno íntimo y el suicidio del agresor.
💊 Tratamiento interrumpido y señales previas
Según fuentes judiciales citadas por Noticias Argentinas, Leguizamón estaba bajo tratamiento psiquiátrico y en su casa se hallaron cajas vacías de sertralina, midax y olanzapina, lo que sugiere que podría haber abandonado su medicación.
Además, una carta escrita de forma confusa y con trazo tembloroso fue hallada en la escena, con frases como “Fue mucho. Los amo. Lo siento”, que dan indicios de una crisis emocional intensa y desorganización del pensamiento.
🆘 Salud mental: una deuda pendiente
El crimen en Villa Crespo genera conmoción y deja una pregunta urgente: ¿estamos prestando suficiente atención a los signos de alarma en salud mental?
En un contexto de crisis económica y social, los casos de trastornos psiquiátricos descompensados pueden aumentar, especialmente si no hay acceso continuo a tratamientos, contención y seguimiento profesional.
