Maximiliano Delewski, un delincuente con un extenso historial delictivo, fue condenado esta semana a cinco años de prisión tras reconocer su culpabilidad por un brutal ataque cometido en un lavadero del barrio porteño de Almagro. El hombre, de 37 años, apuñaló al sereno del lugar para robarle un botín mínimo: $10 mil y dos paquetes de galletitas de chocolate.
Vecino del mismo barrio donde ocurrió el hecho y ex empleado de un supermercado, Delewski se encontraba detenido en el penal de Marcos Paz. Su prontuario acumulaba causas desde hacía al menos once años. Antes de este caso ya había sido condenado en dos oportunidades, incluida una pena de más de dos años dictada en 2023 por delitos como encubrimiento agravado. Había recuperado la libertad condicional hasta cumplir su última condena en mayo de 2025.
El nuevo fallo se dictó tras su declaración ante el Tribunal N°3. La condena está vinculada con un robo ocurrido el 21 de septiembre de 2025, poco antes de la medianoche, en un lavadero situado en la esquina de Díaz Vélez y Billinghurst, a escasos metros de su domicilio. La víctima fue el sereno que trabajaba en el lugar.
Según la acusación impulsada por el fiscal Andrés Madrea, el agresor ingresó armado con un palo y un cuchillo de unos 15 centímetros de hoja. Su intención era reducir al sereno para concretar el robo, pero el trabajador intentó resistirse. En medio de la agresión, Delewski lo apuñaló entre las costillas.
Antes de escapar, el ladrón tomó la mochila de la víctima. En su interior encontró apenas $10 mil y dos paquetes de galletitas sabor chocolate.
La huida duró poco. Minutos después, agentes de la Policía de la Ciudad lo detuvieron sobre la avenida Rivadavia. En su poder tenía el palo, el cuchillo utilizado en el ataque y la mochila robada. Incluso las galletitas seguían dentro.
El sereno sufrió una herida de gravedad y debió ser operado de urgencia. De acuerdo con la sentencia firmada por el juez Gustavo Rofrano, el trabajador fue intervenido quirúrgicamente debido a un “avenamiento pleural izquierdo por hemoneumotórax”. Además, presentó hipoventilación en el pulmón izquierdo y debió permanecer con un tubo de drenaje, aunque finalmente quedó fuera de peligro.
La investigación reunió numerosas pruebas que terminaron por comprometer al acusado. El magistrado valoró elementos testimoniales, periciales y documentales que llevaron a Delewski a admitir su responsabilidad. Entre ellas se incluyeron las declaraciones de los policías que participaron del procedimiento y lo identificaron sin dudas.
El cuchillo utilizado en el ataque también fue sometido a peritajes y en su hoja se detectaron rastros de sangre humana. A esto se sumaron las imágenes de las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano y del propio lavadero, que permitieron reconstruir con precisión la secuencia del ataque.
En una de las filmaciones de la Policía de la Ciudad, el juez detalló que a las 22:39 se observa a Delewski caminando hacia Billinghurst mientras agitaba un bastón. Tres minutos más tarde, a las 22:42, ingresó al lavadero y golpeó de un puñetazo al sereno que se encontraba en el exterior, tras lo cual ambos entraron al local.
Las cámaras internas registraron parte de la violencia del episodio. Allí se escucha al asaltante amenazar al trabajador con la frase: “¿Querés que te dé una puñalada?”.
La tensión escaló cuando el ladrón comenzó a exigirle dinero y también su celular. Sin embargo, el sereno no tenía teléfono en ese momento. “Sentate ahí… donde vos fuiste a gritar, ya sabés”, le ordenó el agresor mientras lo intimidaba.
En medio de la situación, la víctima tomó un fierro para intentar defenderse. Durante el forcejeo, Delewski lanzó otra amenaza: “Te la re doy”.
Finalmente cumplió su advertencia. El fallo detalla que el acusado ignoró los pedidos del sereno para que detuviera la agresión y, a las 22:49, le asestó una puñalada en el costado izquierdo del torso con el cuchillo que llevaba.
Tras el ataque, el delincuente huyó del lugar. Sin embargo, las cámaras de seguridad del sistema de monitoreo del Gobierno porteño registraron su recorrido, lo que facilitó su rápida localización y posterior detención por parte de la Policía.
