Cada 28 de enero se conmemora el Día Internacional de la Coexistencia Pacífica, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con un objetivo tan ambicioso como urgente: promover la convivencia pacífica entre personas, pueblos y culturas, incluso —y sobre todo— cuando existen diferencias profundas.
En un mundo atravesado por conflictos armados, discursos de odio, polarización política, intolerancia social y violencia simbólica cotidiana, la coexistencia pacífica dejó de ser un ideal abstracto para convertirse en una necesidad concreta de supervivencia social.
¿Qué es la coexistencia pacífica?
La coexistencia pacífica no significa pensar igual, ni resignar identidades, ni vivir en una burbuja de armonía ficticia. Significa algo mucho más complejo y realista:
- Aceptar la diversidad de ideas, culturas, religiones y formas de vida
- Resolver conflictos sin violencia
- Respetar los derechos humanos
- Practicar el diálogo como herramienta central
- Construir sociedades inclusivas, donde nadie quede excluido por ser diferente
Dicho sin vueltas: no se trata de estar de acuerdo, sino de aprender a convivir sin destruirnos.
Origen del Día Internacional de la Coexistencia Pacífica
El Día Internacional de la Coexistencia Pacífica fue proclamado oficialmente por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 2017, estableciendo el 28 de enero como fecha anual de conmemoración.
La iniciativa surgió ante la creciente preocupación por:
- el aumento de conflictos internacionales,
- la radicalización ideológica,
- el racismo y la xenofobia,
- la discriminación religiosa,
- y la violencia social en distintas regiones del mundo.
La ONU entendió que no alcanza con intervenir cuando los conflictos ya estallaron: es imprescindible educar, prevenir y generar conciencia desde lo cultural, lo educativo y lo político.
¿Por qué es importante hoy más que nunca?
Porque el contexto global no da margen para mirar para otro lado.
1. Un mundo cada vez más polarizado
Las redes sociales, los medios y la política amplificaron la lógica del “nosotros contra ellos”. La coexistencia pacífica propone desactivar esa narrativa y volver a poner el foco en la convivencia democrática.
2. Conflictos armados y crisis humanitarias
Guerras, desplazamientos forzados y crisis migratorias muestran las consecuencias extremas de la incapacidad para convivir. La paz no se construye solo con acuerdos diplomáticos, sino con valores compartidos.
3. Violencia cotidiana normalizada
Insultos, agresiones verbales, cancelaciones, estigmatización: muchas formas de violencia hoy se naturalizan. La coexistencia pacífica empieza en lo cotidiano, no solo en los grandes discursos.
4. Diversidad cultural en expansión
Las sociedades son cada vez más diversas. Aprender a convivir con esa diversidad no es opcional: es inevitable.
Coexistencia pacífica no es debilidad
Uno de los errores más comunes es asociar la coexistencia pacífica con pasividad o resignación. Nada más lejos.
Convivir pacíficamente implica:
- firmeza ética,
- límites claros,
- rechazo explícito a la violencia,
- y compromiso activo con el respeto mutuo.
No es “todo vale”.
Es defender la dignidad humana sin recurrir al odio.
Ejemplos concretos de coexistencia pacífica
En la educación
- Escuelas que trabajan la diversidad cultural y religiosa
- Programas de mediación escolar para resolver conflictos
- Educación emocional y en derechos humanos
En el ámbito laboral
- Políticas de inclusión y no discriminación
- Equipos diversos que aprenden a trabajar con miradas distintas
- Liderazgos que fomentan el diálogo y no el enfrentamiento
En la comunidad
- Espacios de diálogo intercultural
- Proyectos barriales que integran distintas generaciones y orígenes
- Resolución comunitaria de conflictos sin violencia
En la vida cotidiana
- Escuchar antes de reaccionar
- Disentir sin agredir
- Poner límites sin deshumanizar al otro
Ahí, en esas pequeñas decisiones diarias, la coexistencia pacífica deja de ser una consigna y se vuelve práctica real.
El rol de los Estados y las instituciones
Los gobiernos, organismos internacionales y entidades civiles tienen un rol central:
- Garantizar derechos
- Promover políticas inclusivas
- Combatir la discriminación
- Sostener sistemas democráticos fuertes
- Apostar a la educación como base de la convivencia
Sin instituciones comprometidas, la coexistencia pacífica queda reducida a un deseo individual.
Un desafío colectivo
El Día Internacional de la Coexistencia Pacífica, cada 28 de enero, no es solo una fecha para recordar: es una invitación a revisar prácticas, discursos y comportamientos.
Porque la pregunta de fondo no es abstracta:
¿Podemos vivir juntos siendo diferentes sin destruirnos en el intento?
La respuesta no está en los discursos grandilocuentes, sino en cómo elegimos convivir todos los días.
