La Policía de la Ciudad desbarató una organización dedicada a comercializar y distribuir productos alimenticios impregnados con cocaína.
Todo comenzó durante una recorrida preventiva por el barrio porteño de Once. Allí, agentes de la fuerza observaron un auto mal estacionado y a varias personas descargando bultos desde una camioneta mientras obstruían la vía pública. Cuando los oficiales les señalaron la infracción, el conductor explicó que se trataba de mercadería destinada al Hotel Buey, ubicado sobre la avenida Rivadavia al 2900, y que había sido trasladada desde Liniers.
Sin embargo, algo llamó la atención de los policías. Al pedir que abrieran las cajas, detectaron una sustancia con aspecto similar al grafito. Al realizar los primeros controles, confirmaron que se trataba de cocaína.
“Sacaban una papa disecada, le hacían la prueba de coca y daba azul”, explicaron fuentes del caso sobre el color que adquiere el test cuando el resultado es positivo. Tras esa primera comprobación, los agentes repitieron el procedimiento con las 11 cajas que contenían chizitos, pistachos, fideos, carne enlatada y leche en polvo, entre otros productos. En todos los casos el resultado fue el mismo.
Ese vehículo mal estacionado terminó siendo la puerta de entrada a una investigación mucho mayor. A partir de ese hallazgo se realizaron allanamientos y se abrió una causa en la que ya hay ocho detenidos y más de 15 toneladas de alimentos impregnados con cocaína secuestrados. El expediente se tramita por infracción a la Ley de Drogas 23.737 y quedó a cargo de la División Investigaciones Comunales 3 (DIC3) y del Juzgado Criminal y Correccional Federal N°9, conducido por el juez Sebastián Ramos, con intervención de la Secretaría Nº18.
La investigación se inició formalmente este martes, cuando la Policía de la Ciudad detectó en la esquina de las avenidas Rivadavia y Catamarca una camioneta Renault Kangoo mal estacionada mientras descargaba mercadería. Dentro de los 11 bultos encontrados había 62 kilogramos de alimentos contaminados con droga, a pocos metros de la plaza Miserere.
El chofer del vehículo, un hombre oriundo de Isidro Casanova sin antecedentes penales, fue el primero en quedar detenido e imputado en la causa.
De acuerdo con el testimonio de los trabajadores que realizaban la descarga, la mercadería iba a ser trasladada más tarde a un micro de larga distancia que partiría esa misma noche. Esa información encendió las alarmas de los investigadores.
A partir de ese dato y por orden del juez Ramos, esa misma noche se llevó a cabo un allanamiento en un predio situado en la calle Palmar al 7200, en el barrio de Liniers. En ese lugar funcionaba un complejo integrado por dos locales al frente, cinco depósitos y seis viviendas en la parte trasera.
Dentro del lugar se hallaron numerosos bultos similares a los detectados en las cercanías de la plaza Miserere. Por disposición del magistrado se realizaron pruebas aleatorias sobre la mercadería y todos los resultados dieron positivo para clorhidrato de cocaína.
Durante el operativo, los investigadores de la DIC3 encontraron 301 bultos de productos alimenticios impregnados con droga. Entre ellos había snacks, papas disecadas, carne envasada y otros alimentos, que en conjunto alcanzaban un peso total de 15.200 kilogramos. Entre los elementos hallados incluso apareció una caja con queso tipo casero también contaminado con la sustancia.
En el lugar fueron detenidos los otros siete sospechosos: cuatro hombres y tres mujeres, todos de nacionalidad boliviana, domiciliados en el predio allanado y sin antecedentes penales. Además, los efectivos secuestraron siete teléfonos celulares, una máquina contadora de dinero, 120.000 pesos en efectivo y diversa documentación relevante para la investigación.
Según determinaron los investigadores, los alimentos llegaban desde Bolivia ya impregnados con cocaína hasta el predio de Liniers. Allí eran almacenados, empaquetados y posteriormente trasladados al barrio de Once. Desde ese punto eran cargados en micros de larga distancia con destino al sur del país, específicamente a la ciudad rionegrina de Cipolletti.
Fuentes del caso indicaron que las pericias posteriores permitirán establecer con precisión la cantidad de droga contenida en los bultos incautados. Por orden del juez, los ocho detenidos permanecen incomunicados y el predio utilizado en Liniers fue clausurado.
