Boca volvió a fallar como visitante y encendió otra vez las alarmas. En el Amalfitani, el equipo dirigido por Claudio Úbeda mostró un arranque intenso, con ganas y actitud, pero esa chispa duró poco. Con el correr de los minutos, el equipo se fue desdibujando hasta quedar completamente a merced de Vélez, que dominó el partido de principio a fin y se quedó con un triunfo que pudo haber sido mucho más amplio que el 2-1 final.
El inicio parecía prometedor para Boca. Presión alta, energía y una intención clara de disputar el partido. Sin embargo, esa intensidad inicial no se tradujo en juego ni en control. De a poco, Boca empezó a caerse, perdió la pelota y nunca logró conectar sus líneas. Merentiel prácticamente no recibió balones claros, y cuando eso pasa, el equipo queda partido y sin peso ofensivo.
Los laterales fueron un problema constante. Barinaga volvió a mostrar una actuación muy floja, con errores reiterados y sin aportar soluciones, mientras que Blanco ayudó poco y nada por su sector. Boca no tuvo control del mediocampo ni profundidad por las bandas, y el primer tiempo se consumió casi sin remates al arco, una estadística que explica gran parte de lo ocurrido.
En el complemento, el panorama no cambió demasiado. El descuento de Zufiaurre fue casi una excepción en medio del dominio total de Vélez. El equipo de Guillermo Barros Schelotto manejó los tiempos, los espacios y el resultado con absoluta tranquilidad. Pellegrini, asistido en dos ocasiones por Valdez, marcó la diferencia: primero por arriba y luego por abajo, aprovechando desajustes defensivos evidentes. En ambas jugadas, Blanco no cerró correctamente, y en la primera también quedó expuesto Zenón.
El resultado terminó siendo corto. Vélez convirtió dos goles entre los 18 y los 21 minutos y pudo haber ampliado la diferencia sin demasiada resistencia. Boca nunca logró meterse de lleno en el partido ni generar una reacción sostenida que pusiera en riesgo al rival.
La pregunta inevitable es cómo sigue esto. Porque Boca necesita ganar, necesita respuestas, y hoy no las encuentra. El equipo no está dando la talla y cada salida de visitante se convierte en una prueba que no supera. La sensación es que el resultado fue exiguo para lo que se vio en la cancha y que el partido pudo haber terminado en goleada.
¿Quién se salva de este incendio en Boca?
Para muchos, Delgado fue el único que estuvo a la altura, mostrando compromiso y regularidad cuando le tocó ser titular. El resto del plantel tuvo una actuación muy por debajo de lo esperado. Paredes todavía no logra ser el jugador que llegó el año pasado, aunque es cierto que recién vuelve a tomar ritmo. A Ascacibar no se le puede reprochar demasiado: acaba de llegar. Pero Merentiel y Romero evidenciaron falta de fútbol, turnándose para pasar desapercibidos durante todo el encuentro.
Gelini mostró apenas su condición de jugador eléctrico, sin lograr gravitar. En contrapartida, el joven Aranda dejó una buena imagen, con personalidad y decisión, mientras que Zufiaurre aprovechó la única pelota clara que tuvo y sacó un remate notable al ángulo, en una acción que maquilló el resultado.
Boca se fue del Fortín con una derrota 2-1 que pudo haber sido catastrófica y no lo fue. No será el hazmerreír del fin de semana, pero el mensaje es claro: jugando así, el equipo no alcanza. Las dudas crecen, las respuestas no aparecen y el margen de error, para un club como Boca, cada vez es más chico.
