Análisis. Más de lo mismo en este 2026: Boca ganó, pero sigue debiendo juego

Por
Daniel Sonaglioni
Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar

Boca jugó en San Nicolás frente a Olimpia de Paraguay y dejó una sensación conocida, casi repetida como un estribillo gastado: ganó, sí; convenció, no. El resultado final del amistoso—2 a 1— sirve para la estadística y poco más. En el análisis fino, el equipo volvió a mostrar una versión que ya no sorprende: escasa creatividad inicial, reacción individual para destrabar el partido y un segundo tiempo dedicado casi exclusivamente a aguantar.

El arranque fue flojo. Boca entró a la cancha sin ideas claras, con circulación lenta y sin profundidad. Olimpia, sin hacer demasiado, encontró espacios y entendió rápido por dónde lastimar. Y cuando el equipo local empezaba tímidamente a acomodarse, llegó el golpe: un gol paraguayo tras un rebote desafortunado, que terminó colándose por detrás de Marchesín. Uno a cero y desconcierto.

A partir de ese momento apareció el único factor realmente diferencial de la noche: el español Herrera. Con criterio, pausa y lectura, empezó a ordenar lo que antes era confusión. Con la pelota en los pies, Boca encontró algo parecido al sentido del juego. Y cuando Herrera se enchufó, también cambió Zeballos, que pasó de la intrascendencia a ser una amenaza real.

El empate llegó tras una buena jugada colectiva. Zeballos se metió hacia adentro, Velasco remató y, en una jugada espejo a la del gol de Olimpia, apareció el doble rebote para sellar el 1 a 1. Justicia poética, si se quiere. Desde ahí, Boca tomó el control del partido, aunque sin deslumbrar.

En el medio de todo eso, hubo un cambio que generó dudas: la salida de Merentiel. No quedó claro si fue por una molestia en los gemelos o simplemente un golpe. Lo concreto es que el delantero dejó la cancha temprano y eso alteró un poco el panorama.

En su lugar ingresó Janson, que hacía tiempo no sumaba tantos minutos. Mostró cosas interesantes, movilidad y atrevimiento. No fue determinante, pero dejó la sensación de que puede ser una carta a revisar más adelante.

El segundo gol de Boca fue lo mejor del partido. Una salida limpia desde el fondo, Herrera otra vez como eje, pase exacto a Zeballos y, a partir de ahí, una secuencia hermosa: desborde, picnic por izquierda, centro perfecto y Belmonte entrando solo para meter un cabezazo letal. Dos a uno y partido dado vuelta.

En el cierre del primer tiempo, Boca tuvo incluso chances de liquidarlo. Janson estuvo cerca del tercero y Olimpia parecía sentido. Pero ahí se terminó el Boca que quiso jugar.

Flojo segundo tiempo de Boca

El segundo tiempo fue otra historia. O mejor dicho, la misma historia de siempre. Boca no pateó al arco en los casi 49 minutos finales. Ni una. Se dedicó a sostener el resultado, a refugiarse en el orden y a esperar que el reloj corra. Úbeda movió el banco, entraron varios jugadores —Di Lollo incluido—, pero el equipo no cambió su postura ni su funcionamiento.

Olimpia, sin ser brillante, tuvo dos chances clarísimas para empatar. En la última, Marchesín —ya de vuelta en escena— respondió de gran manera y evitó el 2 a 2. Boca respiró. Final del partido.

El balance deja más preguntas que certezas. Boca ganó, sí. Pero sigue sin mostrar una idea sostenida, un plan reconocible. Depende demasiado de chispazos individuales y se queda sin respuestas cuando decide retroceder. El equipo necesita rodaje, funcionamiento y, sobre todo, otra actitud para jugar los segundos tiempos.

Lo que viene es Riestra, en una semana, y ahí empieza lo serio. En cuanto a refuerzos, el presidente dejó todo en un terreno hipotético, casi etéreo. Puede llegar alguien… o no. Mientras tanto, esto es lo que hay.

En lo personal, queda claro que Boca todavía está lejos de la imagen que necesita construir. Ganar alcanza para hoy. Para mañana, no.

Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar
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