Boca empató con San Lorenzo en La Bombonera y crece la preocupación: el equipo sigue sin ganar clásicos

Por
Daniel Sonaglioni
Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar

El empate 1-1 entre Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro en La Bombonera dejó una sensación que empieza a repetirse demasiado en el mundo xeneize: la frustración. El equipo volvió a mostrar dificultades para sostener un resultado y, una vez más, dejó pasar una oportunidad importante en un partido grande. La ilusión que había generado la victoria anterior ante Lanús se desvaneció rápidamente y el equipo dirigido por Claudio Úbeda volvió a quedar en el centro de las críticas.

En Boca empieza a instalarse una idea incómoda: el equipo parece haberse vuelto alérgico a ganar clásicos. Cada vez que aparece un pequeño gesto de mejora, la ilusión renace. Pero en el partido siguiente, la realidad vuelve a imponerse con crudeza. El triunfo reciente había generado esperanza entre los hinchas, pero el empate ante San Lorenzo confirmó que aquel buen rendimiento fue apenas una ilusión momentánea.

El partido comenzó con cierta expectativa. Durante el primer tiempo, Boca intentó mostrar orden y manejar el balón en el mediocampo. Hubo momentos interesantes, sobre todo con la participación de Leandro Paredes, quien logró conectar algunos pases filtrados que insinuaron peligro. También se destacó el trabajo de Santiago Ascacíbar, que mostró intención de participar en la elaboración y de darle dinámica al juego.

En el equilibrio del equipo volvió a ser importante Milton Delgado. El juvenil se encargó de recuperar pelotas y distribuir rápido para intentar acelerar los ataques. Su presencia en el mediocampo volvió a ser una de las pocas garantías futbolísticas de Boca en una noche donde el funcionamiento colectivo volvió a quedar en deuda.

Del otro lado, el equipo dirigido por Damián Ayude apostó a un planteo ordenado. Los centrales del Ciclón trabajaron con solidez y lograron neutralizar a los delanteros xeneizes, que lucharon constantemente pero no lograron generar situaciones claras frente al arco defendido por Orlando Gill.

Con el correr de los minutos, el dominio inicial de Boca comenzó a diluirse. El equipo perdió precisión en los pases y las conexiones en ataque se volvieron cada vez más aisladas. San Lorenzo, sin brillar, empezó a encontrar espacios y terminó el primer tiempo generando la jugada más peligrosa, con un cabezazo que pegó en el travesaño del arco defendido por Agustín Marchesín.

Así se fueron al descanso con un 0-0 que reflejaba un partido parejo, aunque con sensaciones distintas: Boca había empezado mejor, pero San Lorenzo terminó el primer tiempo dejando una señal de alerta.

El complemento comenzó con un Boca desconcertado. El equipo parecía no saber bien a qué jugar y el partido entró en un terreno de incertidumbre. Incluso San Lorenzo tuvo una oportunidad clara tras un error en el mediocampo, pero no logró resolverla correctamente.

Y cuando el partido parecía trabado, llegó la jugada que encendió la ilusión en La Bombonera. El ataque comenzó por la izquierda con Miguel Merentiel, que logró enviar la pelota al centro del área. Allí apareció Milton Delgado con un toque inteligente hacia atrás que dejó de frente a Ascacíbar, quien definió con potencia de zurda para marcar el 1-0.

El estadio explotó. Parecía que el partido se encaminaba hacia una fiesta para Boca. El equipo había conseguido lo más difícil: romper el cero y ponerse en ventaja en un partido cerrado.

Pero esa alegría duró muy poco.

En cuestión de minutos, Boca volvió a desordenarse y perdió la intensidad que había mostrado en la jugada del gol. El equipo se fue diluyendo nuevamente, como si la ventaja lo hubiera desconectado del partido.

Por el sector derecho de la defensa, donde Marcelo Weigandt tuvo un segundo tiempo muy flojo, San Lorenzo encontró el camino para lastimar. Un centro al área terminó encontrando solo a Rodríguez, que aprovechó la desatención defensiva para marcar el empate.

En la jugada quedaron expuestos varios errores: ni Marchesín, ni los centrales, ni Lautaro Blanco lograron cerrar a tiempo. El 1-1 volvió a dejar al descubierto uno de los problemas recurrentes del equipo: la fragilidad defensiva en momentos clave.

A partir de ese momento, el partido entró en un terreno caótico. Boca perdió completamente la estructura y comenzó a atacar sin demasiada claridad. Pelotazos, centros y empuje, pero pocas ideas.

El equipo cayó en el clásico “vamos a la carga”, intentando resolver el partido a pura voluntad. Pero ese no es el estilo histórico de Boca, ni tampoco una fórmula efectiva cuando no hay un plan claro desde el banco.

Las críticas hacia el entrenador volvieron a aparecer con fuerza cuando llegó una de las decisiones más discutidas de la noche. En medio del intento desesperado por ganar el partido, Úbeda decidió sacar al centrodelantero Bareiro para darle ingreso al juvenil Iker Zufiaurre.

El cambio generó la reacción inmediata de los hinchas. Desde las tribunas comenzaron los silbidos y los gestos de desaprobación. Para muchos, la decisión recordó aquel polémico cambio ante Racing Club en las semifinales del campeonato anterior, cuando el técnico decidió sacar al jugador que mejor estaba rindiendo como Zeballos.

El final del partido estuvo marcado por el nerviosismo y la frustración. Boca intentó con centros constantes, pero nunca logró generar una situación realmente clara para quedarse con el triunfo.

Los números no cierran en Boca, sobre todo en los clásicos

Los números también reflejan el momento preocupante del equipo. Boca volvió a empatar por cuarta vez consecutiva como local en La Bombonera, algo que no ocurría desde hace 35 años. Además, el equipo apenas ganó uno de los últimos 11 clásicos, una estadística que expone la dificultad que tiene para imponerse en este tipo de partidos.

En paralelo, otro dato alimenta el debate entre los hinchas: en la llamada era dirigencial encabezada por Juan Román Riquelme, Boca acumula 20 empates en 49 clásicos disputados, una cifra que refleja la gran cantidad de puntos que el equipo dejó escapar en encuentros de alta trascendencia.

El pitazo final dejó un clima pesado en La Bombonera. Los silbidos dominaron el ambiente y la salida rápida del técnico del campo de juego alimentó aún más las críticas.

El futuro del entrenador vuelve a estar en discusión. La continuidad de Úbeda parece pender de un hilo cada vez más fino, mientras el equipo sigue sin encontrar una identidad clara dentro del campo.

En uno de los palcos del estadio, las cámaras mostraron la reacción de la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme. El presidente estaba acompañado por Walter Pico y Mariano Herrón, entre otros. Y los gestos evidenciaban preocupación por el presente del equipo.

Mientras tanto, el calendario no da tregua. Boca deberá viajar a Santa Fe para enfrentar a Unión de Santa Fe, el equipo que dirige Leonardo Madelón. Un partido que podría resultar determinante para el futuro inmediato del cuerpo técnico.

Por estas horas, en el mundo Boca la pregunta se repite en cada rincón: ¿seguirá Úbeda en el banco el próximo domingo?

La respuesta todavía no está clara. Pero lo que sí quedó claro después de este empate es que Boca volvió a tropezar en un clásico… y la paciencia de los hinchas se agota cada vez más rápido.

Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar
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