Boca necesitaba aire. Y fue a buscarlo lejos de casa. En el estadio Padre Ernesto Martearena de Salta, el equipo de Claudio Úbeda venció 2-0 (doblete del debutante Adam Bareiro) a Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy por la Copa Argentina y avanzó de ronda (16 avos) en una noche que, sin sobrarle nada, le sirvió para cortar la racha de frustraciones que arrastraba en las últimas semanas.
El triunfo era una obligación. Boca venía golpeado por la derrota frente a Vélez Sarsfield y por los empates consecutivos en la Bombonera que habían dejado un sabor muy amargo. El equipo no encontraba respuestas ni confianza. Por eso, el viaje a Salta tenía un único objetivo: ganar. Y lo logró.
Con siete cambios en la formación, el Xeneize enfrentó a un rival recién ascendido al Federal A, que llevaba casi cuatro meses sin competencia oficial —su último partido había sido en noviembre—. En la previa la diferencia era clara, pero en la cancha hubo que trabajar el partido.
Boca fue, insistió y generó situaciones desde el arranque. A los cinco minutos, Bareiro ya avisaba con un intento de emboquillada sobre el arquero. Esa jugada anticipó lo que sería su noche. Porque la gran figura fue, sin discusión, Adam Bareiro, que tuvo un debut soñado: un gol en el primer tiempo y otro en el segundo para sellar el 2-0. Mostró oportunismo y contundencia, algo que el equipo venía necesitando. El dato no pasa inadvertido: en sus 16 partidos anteriores con la camiseta de River no había convertido; en su estreno con Boca hizo dos y se metió de lleno en la consideración.
Entre los rendimientos individuales también se destacó Marcelo Weigandt, que jugó un muy buen partido y sigue afianzándose. Firme en la marca y con criterio para proyectarse, el lateral derecho empieza a consolidarse en un puesto que hoy tiene competencia interna. En ese escenario, Dylan Gorosito aparece como el segundo lateral por derecha, mientras que Barinaga quedaría como tercera opción. La pelea por el lugar está abierta y el nivel empieza a marcar diferencias.
En cuanto a los juveniles, Delgado volvió a mostrar personalidad y orden. Tomás Aranda estuvo activo, dinámico y siempre participativo. Dylan, más allá de su ubicación en la consideración del puesto, tuvo poca intervención en el juego, aunque dejó en claro que su proyección sigue siendo importante.
No todas fueron positivas. Romero evidenció que está lejos de su mejor forma y fue reemplazado al finalizar el primer tiempo. En su lugar ingresó Miguel Merentiel, que intentó por todos los medios pero no pudo convertir. Sabe que la competencia será intensa: Edinson Cavani aguarda su momento y ahora Bareiro se ganó un lugar relevante con su doblete.
Gimnasia apostó a la fricción. Pegó mucho y terminó con seis amonestados, reflejo de un planteo físico para intentar compensar la diferencia de jerarquía. La inactividad pesó con el correr de los minutos y Boca terminó imponiendo su lógica.
El dato extrafutbolístico también sumó: Leandro Paredes viajó junto a los jugadores que no iban a sumar minutos y los lesionados para acompañar al plantel en el chárter, un gesto de unión en un momento sensible. Cavani, en cambio, se quedó en Buenos Aires.
Boca avanzó en la Copa Argentina y consiguió algo vital: tranquilidad. No despejó todas las dudas ni solucionó todos los problemas, pero ganó. Y en este contexto, ganar era imprescindible. Ahora deberá confirmar el sábado que este triunfo en Salta no fue apenas un respiro, sino el comienzo de una recuperación que todavía está en construcción.
