Un nuevo episodio de inseguridad se conoció recientemente en la provincia de Buenos Aires. Esta vez, el escenario volvió a ser el partido de San Isidro, donde una jubilada influencer fue asaltada y reducida por un grupo de ladrones que ingresó a su vivienda con fines de robo. En paralelo, un hombre de 32 años sufrió una violenta entradera en Martínez.
Ambos casos reavivaron dos cuestiones sensibles dentro de la agenda pública. De acuerdo con la reconstrucción realizada por el fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari, los ataques habrían sido perpetrados por menores de edad y organizados desde la cárcel por integrantes de la denominada Banda del Millón, quienes impartían instrucciones mediante teléfonos celulares.
Según determinó la Fiscalía, los robos se desarrollaban bajo una modalidad precisa: eran dirigidos en tiempo real a través de videollamadas y redes sociales. Para ello, los delincuentes aprovechaban información personal de las víctimas que obtenían en internet.
El primero de los hechos ocurrió el 9 de enero, cuando tres personas irrumpieron en la casa de Mónica Eugenia Mancini, de 82 años. La mujer, jubilada y con perfil público en Instagram, es conocida en la red social por su contenido vinculado a “Cocina y Sabiduría de Abuela”. De acuerdo con la denuncia, los asaltantes forzaron el acceso a la propiedad, golpearon a la víctima, la maniataron y la amenazaron con un cuchillo que tomaron de la cocina.
Durante el ataque, Mancini fue intimidada con amenazas de tortura y secuestro mientras los ladrones exigían dinero. La investigación reveló que el asalto era monitoreado en todo momento por uno de los cabecillas, quien seguía cada movimiento mediante una videollamada.
Siempre según la información recolectada por la fiscalía, los delincuentes lograron llevarse dinero en efectivo en pesos y euros, joyas, dispositivos electrónicos y documentación personal. Además, obligaron a la mujer a proporcionar claves bancarias para concretar transferencias hacia cuentas asociadas a otros miembros de la organización, también detenidos. Antes de escapar, dejaron a la víctima atada de pies y manos.
Además del robo a Mancini, los investigadores analizaron un segundo episodio ocurrido en una vivienda ubicada en Puerto Rico 921, en Martínez. Allí, los delincuentes ingresaron tras violentar una reja con un criquet y sustrajeron objetos de valor, efectivo en pesos y dólares, electrodomésticos, una notebook y artículos de alta gama.
Los autores del hecho huyeron en un Ford Fiesta blanco. La patente del vehículo fue captada por cámaras de seguridad, lo que permitió identificar a uno de los presuntos cabecillas: Ortiz Lautaro Gabriel, quien ya se encuentra detenido.
La pesquisa estuvo a cargo de detectives de la DDI San Isidro junto al Ministerio Público Fiscal de Martínez. En ese marco, se analizaron comunicaciones telefónicas, movimientos bancarios y registros de videovigilancia. Así se estableció que los robos respondían a una estructura organizada desde unidades penitenciarias, donde los internos utilizaban celulares para dirigir cada etapa de los ataques.
Ferrari explicó que la organización reclutaba a menores de edad para concretar los asaltos, mientras que los líderes aportaban datos sobre las rutinas de las víctimas obtenidos a través de redes sociales.
En este contexto, la Justicia ordenó una serie de allanamientos. Como resultado, la policía detuvo a Brandon Imanol Brites y Lucas Ezequiel Merelles, señalados como líderes de la banda y alojados en la Unidad 45 de Melchor Romero y la Unidad 9 de La Plata. Durante los operativos se incautaron varios teléfonos celulares, que habrían sido utilizados para coordinar los delitos.
Fuentes vinculadas a la causa indicaron que, al momento de los hechos, los dos principales acusados compartían celda y comandaban las maniobras delictivas desde prisión, una modalidad que, según los investigadores, se repite con frecuencia entre reclusos que acceden a telefonía móvil.
Por último, la fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil de San Isidro dispuso nuevos allanamientos en domicilios donde podrían ocultarse otros integrantes de la banda. La mayoría serían menores de edad que permanecen prófugos.
