A tan solo cuatro horas del despegue de Artemis II, el segundo vuelo tripulado del programa lunar de la NASA, el Gobierno argentino confirmó la recepción exitosa de señales y datos de telemetría del microsatélite ATENEA, desarrollado en el país e incorporado a la histórica misión espacial.
La Oficina del Presidente informó que las estaciones terrestres de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego, lograron captar la información enviada por el satélite. El hecho marcó un paso clave para la Argentina, que participa activamente en una de las iniciativas más ambiciosas de exploración lunar de la era moderna.
“Hoy, la historia nos encuentra siendo parte en primera persona del programa Artemis de la NASA, con un microsatélite que integra una de las misiones lunares más ambiciosas”, destacaron desde el Gobierno nacional a través de un comunicado oficial.
El presidente Javier Milei calificó el acontecimiento como “un hito en materia espacial de la República Argentina” y subrayó el cambio de rol del país en la exploración espacial. Según expresó, mientras que en la llegada del hombre a la Luna los argentinos fueron espectadores, hoy el país participa directamente con tecnología propia.
Además, el mandatario señaló que la operación representa “un salto cualitativo en capacidades de diseño, procesamiento y control de misiones espaciales” y sostuvo que este avance responde a “un cambio de paradigma” que posiciona nuevamente a la Argentina entre las naciones protagonistas del desarrollo científico y tecnológico.
El comunicado oficial también destacó el trabajo conjunto entre organismos científicos y académicos nacionales. En el desarrollo del microsatélite participaron la CONAE, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG S.A.
El microsatélite ATENEA, de tipo CubeSat 12U, tiene como objetivo medir niveles de radiación desde la órbita baja terrestre hasta el espacio profundo. Además, evaluará el comportamiento de componentes electrónicos en entornos con alta energía solar y analizará señales de navegación global, incluyendo los sistemas GPS, GLONASS y Galileo, en regiones donde el acceso a estos servicios resulta limitado.
Este desarrollo forma parte del programa SARE, impulsado por la CONAE y la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que busca promover la creación de satélites pequeños, de bajo costo y alta eficiencia para aplicaciones de observación terrestre y exploración espacial.
Según especialistas del proyecto, esta iniciativa permitirá aumentar la madurez tecnológica de subsistemas espaciales y facilitar la producción de satélites nacionales más complejos y competitivos. También se espera que genere empleo calificado, atraiga inversiones y fortalezca la participación argentina en la nueva economía espacial.
La participación de ATENEA en Artemis II también implicó un proceso de selección exigente. Aunque 61 países firmaron acuerdos con la NASA en 2023, solo cuatro propuestas fueron elegidas para ocupar los 14 espacios disponibles en el cohete, tras cumplir estrictos estándares de seguridad debido a la naturaleza tripulada de la misión.
El despliegue del microsatélite está previsto para cuando la nave Orión alcance aproximadamente 70.000 kilómetros de distancia de la Tierra, una marca inédita para un desarrollo tecnológico argentino. Luego de su liberación, el dispositivo iniciará su activación autónoma y la verificación de sus subsistemas, habilitando la transmisión de telemetría a estaciones terrestres y el procesamiento de datos en tiempo real.
ATENEA operará a unos 72.000 kilómetros de altura, una órbita en la que actualmente no existen otros satélites. Para dimensionar el desafío, los satélites más lejanos actualmente se ubican en órbitas geoestacionarias a unos 36.000 kilómetros. Esto permitirá realizar mediciones inéditas de radiación y navegación, además de validar tecnologías que podrían aplicarse en futuras misiones espaciales y en desarrollos terrestres.
Durante el viaje, que se extenderá por aproximadamente diez días, el satélite ganará impulso en distintas etapas hasta abandonar la atracción gravitatoria terrestre y continuar su trayectoria hacia la Luna, en lo que representa uno de los hitos más importantes de la ciencia y la tecnología argentina en los últimos años.
