Aranda cambió todo y Boca goleó en la Fortaleza granate

Por
Daniel Sonaglioni
Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar

En una noche que podía marcar un antes y un después, Boca dio el golpe en el sur y se impuso con autoridad por 3-0 ante Lanús en la Fortaleza granate. El partido pendiente de la séptima fecha del Apertura 2026, que enfrentaba al campeón de la Supercopa con un Xeneize golpeado por su irregular presente, terminó siendo el escenario perfecto para una reacción futbolística y anímica que hacía tiempo no se veía. Hubo un cambio que cambió todo. Y ese cambio tuvo nombre propio: Aranda.

El juvenil, que ya había sumado minutos en seis encuentros ingresando desde el banco en los peores momentos del equipo, fue titular por primera vez y respondió con una actuación consagratoria. Mostró toda su calidad, personalidad y lectura de juego, pero además contagió a sus compañeros. Boca fue otro desde el inicio, con una actitud distinta, más agresiva, más concentrada y, sobre todo, más convencida.

Si se repasa la era de Claudio Úbeda, este encuentro entra sin discusión entre los mejores, y para muchos directamente fue el más completo. Tal vez el único que se le acerca es el disputado ante River, pero aquel tuvo pasajes desparejos. Esta vez, en cambio, el rendimiento fue sólido de principio a fin, con una estructura que no se resquebrajó nunca y con puntos altos en todas las líneas.

Aranda, genio y figura en el Sur

La figura excluyente fue Aranda. Participó en la generación de juego, se movió con inteligencia entre líneas y fue decisivo para romper el orden defensivo de Lanús. Siempre ofreció una opción de pase, siempre pidió la pelota y, cuando la tuvo, la usó con criterio. Boca necesitaba frescura y atrevimiento. Lo encontró en él.

En el mediocampo también brilló Leandro Paredes. Con su estilete habitual, manejó los tiempos y filtró pases que lastimaron constantemente a la defensa granate. Cuando tiene compañía y un equipo que se mueve, Paredes eleva su nivel. Y anoche lo demostró. Fue eje, fue pausa y fue profundidad.

A su lado, Santiago Ascacíbar volvió a ser ese volante combativo y con llegada que supo destacarse en Estudiantes de La Plata. Cortó, relevó y, para coronar su gran noche, volvió al gol después de siete meses. Un premio al esfuerzo y una señal de recuperación futbolística.

En defensa, Boca mostró una solidez que había perdido. Firme, ordenada y atenta en cada cruce. Delgado cumplió como siempre, sin estridencias pero sin fallas. Y tanto Weigandt como Blanco, sin proyectarse de manera desmedida por sus andariveles, ofrecieron equilibrio y seguridad. El Chelo, que venía de un paso por el fútbol de Estados Unidos que parecía haberle quitado esa intensidad característica, recuperó su energía y jugó uno de sus mejores partidos recientes.

Arriba, la dupla de doble nueve funcionó a la perfección. Miguel Merentiel fue letal: marcó dos goles con definiciones precisas, de esas que muestran confianza y jerarquía. Pero tan importante como sus tantos fue el trabajo de Adam Bareiro. Se fajó con los centrales, peleó cada pelota, chocó con Izquierdoz y con quien se le pusiera enfrente. Supo aguantar de espaldas y permitió que el equipo avanzara en bloque. Esa capacidad de sostener el balón fue clave para que Boca recuperara algo que había perdido en los últimos tiempos: la presión tras pérdida.

Porque si algo cambió en esta versión fue la recuperación inmediata. En los partidos anteriores, cuando Boca perdía la pelota, le costaba horrores volver a tenerla. Anoche fue distinto. El equipo se mostró compacto, solidario y rápido para cerrar espacios. Lanús, que venía en alza tras consagrarse internacionalmente y con un buen andar en el campeonato, nunca pudo imponer condiciones.

También fue significativo el manejo del banco por parte de Úbeda. Recién a los 38 minutos del segundo tiempo realizó dos modificaciones. Algo poco habitual en este ciclo, en el que los cambios solían llegar apenas comenzaba el complemento por bajo rendimiento. Esta vez no hizo falta. Salieron Paredes, tras una labor destacada, y Bareiro, exhausto por el desgaste. Ingresó el juvenil Zufiaurre y volvió Belmonte para reforzar la mitad de la cancha, en decisiones que parecieron más de administración que de urgencia.

El 3-0 no dejó margen para discusiones. Fue una diferencia clara ante un rival de jerarquía y en un contexto adverso. Boca jugó 90 minutos completos, sin baches pronunciados, sin desconcentraciones y con una identidad que parecía extraviada.

Ante San Lorenzo, otra prueba de fuego para Boca

Ahora el desafío será sostenerlo. Dentro de siete días, el miércoles próximo, el Xeneize tendrá otra prueba exigente ante San Lorenzo de Almagro. Si repite este nivel, no solo habrá encontrado un equipo titular, sino también una base futbolística sobre la cual reconstruir la confianza.

La noche en la Fortaleza puede haber sido el punto de inflexión. Un cambio que cambió todo. El ingreso de Aranda como titular no solo modificó un nombre en la planilla, sino la energía de un equipo que necesitaba creer de nuevo. Y, por primera vez en mucho tiempo, Boca se fue del sur con algo más que tres puntos: se fue con una certeza.

Periodista deportivo. Especialista en F1. Jefe de Deportes de PortalCiudad.com.ar
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