Cada 16 de noviembre se celebra el Día Internacional para la Tolerancia, una fecha proclamada en 1995 por la UNESCO con el objetivo de promover el respeto, el diálogo y la convivencia pacífica entre personas y comunidades. Lejos de ser una efeméride simbólica, esta jornada se vuelve cada vez más relevante en un mundo atravesado por discursos polarizados, desigualdades persistentes y tensiones sociales que ponen a prueba la capacidad colectiva de convivir en la diversidad. La tolerancia, entendida como un valor activo y no como una simple aceptación pasiva del otro, se presenta hoy como un pilar indispensable para fortalecer las democracias, proteger los derechos humanos y construir sociedades más justas.
La creación del Día Internacional para la Tolerancia se enmarca en un contexto histórico clave. A mediados de los años noventa, tras el fin de la Guerra Fría, el mundo parecía ingresar en una etapa de mayor cooperación global. Sin embargo, al mismo tiempo surgían nuevos conflictos étnicos, religiosos y políticos que afectaban a distintos países. Frente a ese escenario, la UNESCO impulsó la Declaración de Principios sobre la Tolerancia, aprobada por sus Estados Miembros el 16 de noviembre de 1995.
Este documento establece que la tolerancia no significa renunciar a las propias convicciones, sino respetar la diversidad, garantizar la libertad individual y reconocer que todas las personas tienen el derecho de vivir de acuerdo con sus creencias siempre que no vulneren los derechos de los demás.
En la actualidad, la efeméride cobra aún más fuerza. La globalización, las redes sociales, las crisis económicas y los procesos migratorios acelerados han generado sociedades cada vez más heterogéneas, donde conviven culturas, lenguas y tradiciones diversas. Esto, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en una enorme riqueza si existen herramientas de diálogo y políticas públicas que acompañen.
Pero cuando no hay contención, el resultado suele ser la expansión de discursos de odio, la discriminación y la profundización de brechas sociales. Por eso la tolerancia se vincula directamente con la paz social y con la capacidad de cada comunidad de transformar la convivencia en un espacio de crecimiento colectivo.
Una de las dimensiones más importantes de este día es su relación con los derechos humanos. La tolerancia es la base para garantizar la igualdad ante la ley, la libertad de expresión, la libertad religiosa y la no discriminación por motivos de origen, género, orientación sexual, capacidades o creencias.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos ya advertía que el desconocimiento y el menosprecio de estos derechos habían llevado a actos de barbarie que ultrajaron a la humanidad, y que solo mediante el reconocimiento mutuo es posible evitar que se repitan esos episodios. En ese sentido, el Día Internacional para la Tolerancia no busca instalar una idea abstracta, sino recordar que el respeto a la diversidad es esencial para sostener los valores democráticos.
Las instituciones educativas cumplen un rol central en la construcción de sociedades más tolerantes. Desde la infancia, los espacios de aprendizaje deberían funcionar como ámbitos donde se enseñe a convivir con el otro, a debatir sin violencia, a escuchar opiniones diversas y a valorar la pluralidad cultural. La educación para la paz, la alfabetización mediática y la educación emocional son herramientas fundamentales para evitar prejuicios, desmontar estereotipos y fortalecer la empatía.
En una era marcada por la sobreinformación y las noticias falsas, aprender a identificar discursos manipuladores y comprender cómo circula la información es una defensa clave frente a los mensajes de odio que proliferan en redes sociales.
La tolerancia también implica reconocer que existen desigualdades estructurales que deben ser abordadas para garantizar una convivencia real y no meramente declarativa. No alcanza con promover mensajes positivos si no se trabaja sobre el acceso equitativo a la educación, la salud, la vivienda y el empleo.
La discriminación, en muchos casos, se sostiene en la exclusión económica y en la falta de oportunidades. Por eso, el Día Internacional para la Tolerancia invita a reflexionar sobre políticas públicas que permitan reducir las brechas sociales, generar inclusión y promover entornos donde todas las personas puedan desarrollarse plenamente.
Diálogo intercultural, fundamental para la tolerancia
En numerosas ciudades del mundo, la diversidad se refleja en la vida cotidiana y en la convivencia entre personas provenientes de distintos países, con costumbres, idiomas y tradiciones diferentes. La tolerancia facilita ese encuentro y lo transforma en una oportunidad de intercambio. A través del arte, la música, la gastronomía y la participación comunitaria pueden generarse espacios donde las identidades se expresen de manera libre, sin temor al rechazo ni a la violencia simbólica. En este sentido, la cultura funciona como un puente que acerca mundos distintos y derriba prejuicios.
Las redes sociales y las plataformas digitales representan un desafío particular para la tolerancia. Si bien permiten conectarse con personas de todo el mundo, también se han convertido en escenarios donde circulan agresiones, desinformación y contenidos discriminatorios que pueden amplificarse rápidamente.
La UNESCO y otros organismos internacionales sostienen que las empresas tecnológicas tienen responsabilidad en la moderación de contenidos dañinos, pero también enfatizan que los usuarios deben actuar con conciencia crítica, respeto y responsabilidad. En un espacio digital saludable, la libertad de expresión no se contrapone con el cuidado mutuo, sino que lo sostiene.
El Día Internacional para la Tolerancia recuerda además que este valor no debe confundirse con la indiferencia. Tolerar no implica aceptar injusticias o naturalizar violencias. Por el contrario, requiere actuar frente a situaciones de discriminación, denunciar prácticas excluyentes y acompañar a quienes son vulnerados en sus derechos. Es un compromiso activo con la igualdad, la dignidad humana y la convivencia pacífica. La tolerancia exige coraje, voluntad de diálogo y la capacidad de revisar prejuicios personales, incluso aquellos que se manifiestan de manera inconsciente.
En sociedades como la argentina, con una fuerte construcción histórica basada en la inmigración y la diversidad cultural, la tolerancia es un pilar esencial que atraviesa el desarrollo social. Sin embargo, esto no significa que estén ausentes los conflictos o los discursos discriminatorios.
La celebración del 16 de noviembre se convierte así en una oportunidad para reafirmar el rechazo a todo tipo de violencia simbólica, racismo, xenofobia, misoginia, homofobia u otras formas de exclusión, y para promover un diálogo social que contemple la pluralidad como una riqueza compartida.
El Día Internacional para la Tolerancia es, en definitiva, una invitación a construir sociedades más respetuosas y solidarias. Implica comprender que la diversidad no debe ser una fuente de conflicto, sino un motor que enriquece a las comunidades.
La tolerancia no se limita a una fecha en el calendario: es una práctica cotidiana que se sostiene con educación, empatía, participación ciudadana y políticas públicas que promuevan igualdad de oportunidades. En un mundo donde la polarización parece crecer, este valor resulta imprescindible para garantizar la convivencia democrática y el respeto a la dignidad humana.
